T. S. Eliot, la verdad y la comunicación

(…) ¿Y debería entonces presumir?

¿Y cómo debería empezar?

 

¿Diré, que he ido en el crepúsculo a través de estrechas calles

Y observado el humo que se alza de las pipas

De hombres solitarios en mangas de camisa, asomándose por las ventanas?

 

Yo debí haber sido un par de garras rotas

Barrenando el suelo de mares silenciosos.

 

Y la tarde, la noche, ¡duerme tan apacible!

Suavizada por largos dedos,

Dormida… cansada… o finge,

Estirada en el suelo, aquí entre tú y yo.

¿Debería, después del té, los bizcochos y los helados,

Tener la fuerza de forzar el momento hasta su crisis?

Pero aunque he llorado y apresurado, llorado y orado,

Aunque he visto mi cabeza (haciéndose ligeramente calva) traída en una bandeja,

No soy profeta, y aquí no hay gran asunto;

He visto el momento de mi grandeza vacilar,

Y he visto el eterno Lacayo agarrar mi abrigo, y reír disimuladamente,

Y en pocas palabras, tuve miedo.

 

Y hubiese valido la pena, después de todo,

Después de las tasas, la mermelada, el té, entre porcelana,

Entre alguna conversación entre tú y yo,

Hubiese valido la pena,

haber penetrado el asunto con una sonrisa,

Haber comprimido el universo en una bola

Y hacerla rodar hacia alguna pregunta abrumadora,

y decir: “Soy Lázaro, vengo de los muertos,

Vengo a decírtelo todo, todo te lo diré”.

Si uno poniéndose una almohada en su cabeza,

Dijese: “Eso no es lo que quise decir del todo.

No es esto de ninguna manera.”

T. S. Eliot. en La canción de amor de Alfred Prufrock.

Eliot, T. S. (1989). Poesía completa. Traducción: Fernando Vargas. Santo Domingo, República Dominicana: Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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El discurso sobre la cultura: aproximación a un marco gnoseológico para el estudio del campo cultural

Redes 2017

Casillo, F. (2017). El discurso sobre la cultura: aproximación a un marco gnoseológico para el estudio del campo cultural. En Tusa Jumbo, F.: Redes 2017. Periodismo, un oficio con múltiples miradas. Machala, Ecuador: Editorial  Utmach.

Sobre todo a partir de la influencia de la Teoría Crítica, el estudio de la cultura mantuvo variables casi exclusivamente referidas a los sistemas de producción. Para la cosmovisión marxista, la superestructura simbólica perpetraba el statu quo, condicionado a su vez por la base productiva (Wiggershaus, 1994). La crítica sobre que la cultura de las sociedades capitalistas consolida las relaciones económicas de poder es válida en tanto crítica, aunque parcial como definición de cultura.

Más tarde, la evolución del pensamiento marxiano, con autores como Antonio Gramsci, tendió, a partir de la lectura de Marx desde Hegel, a la valoración de los productos simbólicos como formas en que el espíritu influía sobre las conciencias y las relaciones productivas. Al decir de Gramsci (2017: 279): “No ha sido la siembra regular del trigo lo que ha terminado con el nomadismo, sino que, al contrario, han sido las condiciones que surgieron contra el nomadismo las que movieron a la siembra regular.” Aunque con consecuencias sociales y políticas totalmente cuestionadas, se intentaba así revitalizar la importancia de la superestructura.

Tanto la visión marxista ortodoxa, como esta segunda visión, cristalizaron en un discurso – léxico, actores y valores – exclusivamente económico sobre los productos culturales. Los sistemas capitalistas y las democracias liberales de la segunda mitad del siglo XX se limitaron a considerar la industria cultural como expresión de libertad, mientras que, actualmente, la cultura vuelve a ser, a menudo, exclusivo producto de mediciones, ya sean de alcance, audiencias, costos o ganancias.

Comprender, entonces, los discursos sobre la cultura significa analizar el lenguaje referido a la cultura, donde se halla la herencia de valoraciones recién mencionada. Hoy día, la naturaleza de los soportes cambia de forma vertiginosa; la oralidad tracciona sobre la escritura con nuevos usos y la transforma; internet sintetiza al menos parte de los discursos de casi todas las expresiones culturales.

Nunca en la historia, el discurso sobre la cultura ha sido un fenómeno tan dilatado como en nuestros días. Intentar estudiar ese discurso con marcos valorativos marxistas o positivistas no alcanza para comprender la forma en que hoy día conversamos sobre la cultura, y por ende, para comprender finalmente qué es y qué significa la cultura.

Abuelo cántabro, de Leopoldo Marechal

1

Abuelo, ayer las riendas

poderosas del agua entre tus manos.

Y la guerra del mar en tus oídos:

¡Oh metales crueles,

oh ejército animoso de la espuma!

Hoy, al sur, y más dulce que un castigo, la tierra

pesando en tus rodillas.

 

(Y, nauta o labrador, tu gesto es puro

como un revuelo de palomas a mediodía.

Y envidiable tu ciencia como una fruta de oro

bajo una red de plata.)

 

2

En el día más bello del año lo contemplo

sentado en los umbrales

del más hermoso día:

 

su corazón, abeja rumorosa

prendida en los estambres de la mañana,

¡oh mieles!

 

Y acaso repartiendo como el agua

su voz entre los hombres y las pintadas bestias;

y el Idilio que duerme

recostado en su pecho…

Así lo miro, y su alabanza pesa

como un racimo de uvas moradas en el día

más alegre del año.

 

3

Saber el fruto amado de la tierra,

según el sol y animales celestes;

adivinar el ritmo

futuro de los vientos

por el semblante de la luna nueva;

pedir el agua en tiempos de sequía

y agradecer al Cielo las mareas del cielo;

dejar caer el peso de la mano

sobre los no rendidos animales,

o acariciar las testas que se inclinan

al solo peso de la voz;

tal es tu ciencia y tu ademán, abuelo,

dirigidos al fruto

y a su ronda perenne.

No por el fruto, sino por el gesto

de afianzar un antiguo

principado en la tierra.

(Un cetro reverdece y un castigo perdura

en la mano del hombre

que levanta los frutos.)

 

4

Tu ciencia es envidiable, tal una poma de oro

bajo una red de plata:

Ciencia de Segador (la plenitud

de la miel y del signo

redondea los frutos.

Y en el mar o en la tierra Segador es tu nombre

y es un nombre difícil

de llevar con altura.

Porque, si el pez brotó de la mar  en tu anzuelo

fue grosura de amor

de las aguas, abuelo;

y cuando el arma rinde

su vuelo montaraz

peso de amor del aire se llama la torcaz;

y si la fruta colma tu mano y tu sudor

nunca será en tu mano

sino un peso de amor.

 

Tanto el idioma de los frutos habla.

Y el segador que lleva

su nombre con altura

debe acabar en fruto, porque sabe

la ciencia de los pesos amorosos:

debe rendir su peso de amor el que ha gustado

la miel y el signo de la fruta.

 

5

Y en el día sin hiel tu riqueza no sabe

de cuños ni graneros,

poderoso mendigo:

tu riqueza es un agua que se va de las manos

por la virtud antigua de tu mano.

Y es justo que se vaya, y conveniente,

porque al brazo del hombre

se dio forma de puente;

y cuando el brazo niega su oficio y maestría

se llama Puente Roto,

según la ingeniería.

(Tu corazón maduro y ofrecido

como un racimo de uvas pesadas en el día

más alegre del año.

Tu elogio, como el vino de la tarde.)

 

6

Sentado con honor en la balanza

de la justicia,

centro de un mundo firme

su vertical de hombre,

así lo he visto, y crece su figura

en las mañanas de oros y de platas.

 

Abriendo y cerrando el día

con la señal de la cruz

y perdurable como

las maderas antiguas

o los antiguos bronces castigados

en la mañana de oros y de platas

así lo miro y su estatura crece.

 

El sol está en su barba que no ha mesado nadie

sino el viento.

 

Marechal, L. (2005). Largo día de cólera. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Colihue.

Edith Stein sobre la obra de arte

Este fragmento de la santa me recordó a la definición aurática de arte de Walter Benjamin. Ambos eran de origen judío, y trataron el tema en la misma época, aunque por motivos diversos: a mediados de la década del treinta, en el caso de Benjamin, en La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica, y en 1942, en el caso de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, año del IV centenario del nacimiento de San Juan de la Cruz y año que coincide con el martirio de Stein en Auschwitz.

Toda obra genuina de arte es además un símbolo, háyalo pretendido o no el artista, tanto si este es naturalista como si es simbolista. Símbolo: es decir, que de la plenitud infinita del sentido con la que tropieza necesariamente todo humano conocimiento, capta algo y lo hace manifiesto y lo expresa: y, por cierto, de tal manera que esa misma plenitud de sentido, inagotable para el conocimiento humano, encontrará en el símbolo una misteriosa resonancia. Así entendido, todo arte  auténtico es una revelación y la creación artística, un servicio santo. A pesar de todo, sigue siendo verdad que en toda creación artística se oculta un peligro y esto no solo cuando el artista no tiene idea de la santidad de su misión. Es el peligro de que se contente con la representación externa de la imagen como si no existieran para él otras exigencias.

Stein, E. (1994). La ciencia de la Cruz. Estudio sobre San Juan de la Cruz. Burgos, España: Editorial Monte Carmelo.

Feliz cumpleaños, …morisqueta

Oh! it is absurd to have a hard and fast rule about what one should read and what one shouldn’t. More than a half of modern culture depends on what one shouldn’t read.

Algernon, en The importance of being Earnest, de Oscar Wilde.

Hace diez años, un 28 de mayo de 2008, nacía este blog. Empezó como parte de los trabajos prácticos de la cátedra de Marita Grillo, que yo cursaba en ese entonces. A partir de ese momento y con periodicidad variable, fui publicando textos, artículos e imágenes. Este sitio retrata mis olvidos y persistencias.

Si tuviera que eligir el carácter de …morisqueta – ese fue siempre su nombre, con los puntos suspensivos imposibles al comienzo- sería el de un gabinete de curiosidades. Los lectores de esta expresión son un puñado de amigos y alumnos, locales en su mayor parte, pero también algunos en Estados Unidos, España e Italia, más los familiares de la Argentina y Austria. Acaso esa lectura amiga sea el mayor valor de esta página.

…morisqueta tuvo sus momentos de brillo: la invitación de Santiago Alonso al ciclo de sitios de interés cultural del CCC-SADE o su aparición, a instancias de Mario Orsini, en una lista de bitácoras culturales de latinoamérica, propiciada por IguAnalista. Casi siempre, el fasto le fue ajeno y mantuvo su carácter de sumidero discursivo: aquí figuran, en enlaces, artículos, entrevistas e imágenes, todo lo que he escrito dentro y fuera de internet, a excepción de algunas notas publicadas en las revistas del Grupo Keep Rolling. Todos esos “juegos del lenguaje” resuenan todavía en el salón.

Muchos de los visitantes esporádicos de este blog han llegado googleando “cómo se prepara la morisqueta” o cosas por el estilo. Morisqueta es el nombre de una comida filipina, pero morisqueta significa también mueca burlona: “ardid o treta propia de moros”, me sugiere el DRAE. Varias veces me contuve de cambiarle el nombre. Supongo que en el fondo me gusta esta afirmación de desenfado. Escribir un blog es también un modo de aprender algo sobre el silencio.

Por más años de expresión y amistad, entonces. Feliz cumpleaños, …morisqueta.

Metáforas sobre la cultura

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Fuente: Clarín.com

Manguel La NaciónAvelluto Manguel Infobae

“Anteayer, durante una charla que dio en ese mismo espacio, el escritor, director de laBiblioteca Nacional Mariano Moreno , dijo: “Pido disculpas en nombre de todos los argentinos por el vergonzoso escenario de un estadio de fútbol montado en una fiesta del libro; celebramos seguramente esos notables futbolistas Borges, Bioy Casares, Alejandra Pizarnik, Cortázar, desde el Martín Fierro en adelante. Pero les pido de nuevo disculpas por ese gesto tan absurdo de populismo”.” Fuente La Nación.com

Con el desacuerdo de Manguel han coincidido otros escritores, como Ivonne Bordelois, que publicó una columna en esta sección: “Como miembro de la delegación que concurrirá a este evento, no sé si contratar un personal trainer que me enseñe acrobacias destinadas a no desmerecer las hazañas futbolísticas de mis colegas, que sin duda deslumbrarán a los espectadores“. Fuente La Nación.com

Poemas sobre Roma, de Rafael Alberti #Italia

“La Roma, en fin, antioficial y antimonumental, la más antigoethiana que pueda imaginarse.” Vittorio Bodini (Bari, 1914 – Roma, 1970).

Sacerdote, Rafael Alberti

Lo que dejé por ti 

Ah! cchi nun vede sta parte de monno

Nun za nnemanco pe cche cossa e nato.

G. G. Belli

Dejé por ti mis bosques, mi perdida

arboleda, mis perros desvelados,

mis capitales años desterrados

hasta casi el invierno de la vida.

 

Dejé un temblor, dejé una sacudida,

un resplandor de fuegos no apagados,

dejé mi sombra en los desesperados

ojos sangrantes de la despedida.

 

Dejé palomas tristes junto a un río,

caballos sobre el sol de las arenas,

dejé de oler la mar, dejé de verte.

 

Dejé por ti todo lo que era mío.

Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,

tanto como dejé para tenerte.

 

Cometa

Me salí antes del alba para ver el cometa.

Desde los puentes contemplé la luna,

buscando por el cielo.

Nadie miraba. Despertaba Roma.

Las hojas del otoño por las calles,

a lo largo del Tíber,  se movían más lentas

que los recién despiertos transeúntes

que sin mirar al cielo caminaban.

Quizás yo fuera el único

que había salido para mirar algo

aquella madrugada, en toda Roma.

 

Lagartija 

Lagartija romana,

al sol por los tejados.

¿Bajo qué humilde teja

escondes tu palacio?

 

Ya eres de bronce verde,

ya de oro azul opaco.

¿De qué orfebre has salido,

en qué cuello has soñado?

 

Fija, miras el cielo,

los árboles lejanos,

las torres y las cúpulas,

los muros agrietados.

Luego, graciosamente,

te alejas, paseando.

 

Nocturno 

Está vacía Roma, de pronto. Está sin nadie.

Solo piedras y grietas. Soledad y silencio.

Hoy la terrible madre de todos los ruidos

yace ante mí callada igual que un camposanto.

Como un borracho, a tumbos, ando no sé por dónde.

Me he quedado sin sombra, porque todo está a oscuras.

La busco y no la encuentro. Es la primera noche

de mi vida en que ha huido la sombra de mi lado.

No adivino las puertas, no adivino los muros.

Todo es como una inmensa catacumba cerrada.

Ha muerto el agua, han muerto las voces y los pasos.

No sé quién soy e ignoro hacia dónde camino.

La sangre se me agolpa en mitad de la lengua.

Roma me sabe a sangre y a borbotó la escupo.

Cruje, salta, se rompe, se derrumba, se cae.

Solo un hoyo vacío me avisa en las tinieblas

lo que me está esperando.

 

Peligro 

De las ventanas vacías,

la voz de los siglos muertos

baja, callada, en la noche.

Pero al lado vive alguien,

algunos que están durmiendo,

tranquilamente en alcobas

que han salvado de la muerte.

Más hay siempre la amenaza

de un esqueleto astillado

que no duerme.

 

1

El agua de las fuentes innumerables. Duermo

oyendo su infinito

resonar. Agua es

aquí en Roma mi sueño.

2

Sigue charlando el agua de las fuentes

completamente ajena

a todo, indiferente.

Lo que dice es tan solo lo que suena.

3

Agua de Roma para mi destierro,

para mi corazón

fuera de sus dominios tantas veces.

4

Agua de Roma para mis insomnios,

esos largos oscuros en que pueblo los techos

de mí, mudas imágenes,

que apenas si conozco.

Agua para los pobres, los mendigos

esos que se abandonan al borde de las fuentes

y se quedan dormidos.

Agua para los perros vagabundos,

para todas las bocas sedientas, de pasada,

agua para las flores y los pájaros,

para los peces silenciosos, agua

para el cielo volcado con sus nubes,

con su luna, su sol y sus estrellas.

Pero sobre todo,

agua solo sonido, repetición constante,

agua sueño sin fin,

agua eterna de Roma.

Agua.

San Pedro, Rafael Alberti

Alberti, R. (1968). Roma, peligro de caminantes. Cádiz, Ediciones del Litoral. 

Hacia una definición de Cultura, de T. S. Eliot

“My aim is to help to define a Word, the word culture.”

“Mi objetivo es ayudar a definir una palabra, la palabra ‘cultura’.”

T. S. Eliot

Este ensayo del poeta T. S. Eliot comienza con la entrada del Oxford English Dictionary sobre la palabra Definición. En traducción propia: “el establecimiento (o configuración) de los límites. Delimitación (raro) – 1483.

 

Eliot 6, Definition of Culture

“La cultura podría incluso ser descrita simplemente como aquello que hace que valga la pena vivir.”

Eliot, T. S. (1948). Notes towords the Definition of Culture. London: Faber and Faber Limited.

 

El sonido de la Resurrección

El 16 de marzo fui al CCK a escuchar la Sinfonía n 2, “Resurrección“, de Gustav Mahler, por la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Gunter Neuhold. En algunas partes, varios músicos salían del escenario y, desde un salón contiguo, tocaban los instrumentos. El efecto es maravilloso: la música suena en diversos planos y aquello oculto que se oye pero no se ve suma dramatismo a la obra. En vano se busca con la mirada dónde está el corno o el platillo que está sonando.

Más tarde busqué información sobre este efecto, usado en más de una obra por Mahler. “Efecto de Antífona, de voces celestiales, nostálgico, misterioso”. Totalmente apropiado al Romanticismo. Hace años, los músicos fuera del escenario veían al director a través del cortinado, hoy día lo ven en una pantalla ubicada en el salón contiguo. La sensación es la de estar frente a un paisaje en el que se trata de adivinar de donde proviene el sonido de alguien que se acerca o de un pájaro que se esconde.

Había dos textos en la Resurrección de Mahler: uno visual y otro sonoro, totalmente dependientes el uno del otro, hasta que, de pronto, aparece la elipsis en el espacio escénico y cobra mayor relevancia el texto sonoro, aunque débil y lejano. Pensé entonces en las ventajas de la música, cuyo soporte es el aire y el tiempo, y en los limitados recursos de la literatura para señalar la simultaneidad de un cuerpo resucitado. El pacto de Mahler con sus oyentes es antiguo: “felices los que creen sin haber visto”.