El muerto del Carnegie Hall

Hace pocos días, durante una graduación, la profesora que dijo unas palabras a los alumnos recordó “la crítica más corta de la historia”. Yo no conocía la anécdota y me divirtió. Horas más tarde la busqué en internet: “Ayer, en el Carnegie Hall, Jack Benny tocó Mendelssohn. Mendelssohn perdió”, se leía en una edición del NYT de los años cincuenta. Firmaba el famoso crítico musical Harold Schonberg. Jack Benny fue un comediante, actor de vodevil, que también tocaba el violín. Todo esto me recordó otra anécdota sobre el Carnegie, adjudicada a Arthur Rubinstein. Al parecer alguien le preguntó en la calle cómo se llegaba al Carnegie Hall y su respuesta fue: “practique, practique, practique”. Evidentemente, Schonberg no pensaba lo mismo.

A propósito de Crítica, acabo de leer La función de la crítica, del inglés Terry Eagleton. El ensayo, de 1999, describe el nacimiento de la crítica a partir del concepto de Habermas sobre la esfera pública y su evolución. Si en una primera fase del Capitalismo, la  dimensión económica y simbólica estuvieron separadas de forma tajante – de ahí quizás, la distinción marxista al respecto (sistema al cual la visión de Eagleton es en parte tributaria)-, el capitalismo tardío “supera esta radical separación entre lo simbólico y lo económico”. Otros autores comparten esa opinión.

En este contexto, Eagleton sugiere que

La función del crítico contemporáneo es oponerse a ese dominio volviendo a conectar lo simbólico con lo político, comprometiéndose a través del discurso y de la práctica con el proceso mediante el cual las necesidades, intereses y deseos reprimidos puedan asumir las formas culturales que podrían unificarlos en una fuerza política colectiva. La del crítico contemporáneo es, pues, una función tradicional (Eagleton, 1999, p. 126).

Yo comparto con Eagleton lo de “volver a conectar” y lo de la “función tradicional”. En el sentido de que si no se define la cultura desde un nivel interpersonal, la cultura se desdefine. Por eso me gusta la cruda “micro-crítica” de Schonberg, porque conecta a su  lector con los dos artistas – Mendelssohn y, mal que le pese, Benny-. Uno de ellos, el que perdió, estaba muerto en ese entonces. La posibilidad de que un muerto gane o pierda es una buena definición de tradición.

Eagelton, T. (1999). La función de la crítica. Barcelona, España: Paidós.

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Fin de clases #Discurso

Hace ya un par de años que en la Cátedra de Análisis del Discurso de la Universidad Austral me toca cerrar el año con A sangre fría, de Truman Capote, el exponente de lo que su autor llamó la non fiction novel. Desde agosto, con Damián, Marité y Sara, recorrimos las unidades introductorias para comprender la comunicación desde los discursos, y luego recorrer, unidad por unidad, enunciados específicos.

La non fiction novel es un género que consiste, básicamente, en narrar de forma literaria hechos reales. Capote escribió esta obra entre los años 1965 y 1966. En la Argentina,  Rodolfo Walsh había publicado Operación masacre en 1957. No se trata de quién fue primero. Es asombroso que en diversas partes del mundo, aquellos que trabajaban con las palabras estuvieran encontrando soluciones semejantes para contar los acontecimientos.

También me asombra por lo que significaron aquellos años en la historia de los estudios del lenguaje: pos giro lingüístico, plena etapa pragmática, los filósofos de Oxford inquietos por la acción de las palabras y no solo por la referencia, y la todavía reciente conversión de Wittgenstein con sus Investigaciones filosóficas. Podría continuarse con los paralelismos y asomarse a otros jardines de las humanidades. Menuda tentación. Los alumnos nos salvan de semejante zozobra.

Con A sangre fría me sucede algo particular: no es una de mis obras preferidas, sin embargo reconozco la maestría de Capote para escribirlo y estructurar el relato. Como pocas obras, al leerla en castellano me parece evidente que fue escrita en inglés. Pienso que no pudo haber sido de otro modo. A riesgo de sonar Sapir – Whorfiana, los campos de trigo de Kansas tiemblan únicamente de ese modo en la lengua de Capote.

Como pocas novelas, A sangre fría funciona discursivamente. No solo por la etapa pretextual antes de la dispositio, las investigaciones de Capote para reunir los testimonios, sino porque la obra se transforma con el tiempo: si en la década de los sesenta fue leída como un texto periodístico sobre un drama reciente, hoy puede leérsela como un texto histórico.

Una de las cosas más interesantes de esta obra es la intersección de tres horizontes: el de la familia Clutter, granjeros adventistas, víctimas puras; el de los dos asesinos, propios de una road movie, residuo pop- folk de una sociedad próspera y víctimas impuras, y el horizonte del propio Capote, que aunque hubiera nacido en Alabama, era un neoyorquino.

Sucede algo hermoso con esto: no aparecen juicios apresurados de Capote a lo largo del relato, ni se morigeran la saña y el espanto. Quizás confió lo suficiente en el lector como para delegarle la reflexión. Cuando se llega al final de la obra, se comprende algo más del complejo corazón humano. Esa es, me parece, la principal virtud de este libro. Si el pacto de lectura del periodismo se relaciona con la credibilidad, el de la non fiction novel gira en torno del sentido.

Los asesinos, de una crueldad inusitada e incomprensible, son sentenciados a la pena capital. Capote sugiere una sola pista, el epígrafe de la Balada de los ahorcados, del poeta maldito francés François Villon, en el siglo XV, que en casi todas las ediciones suele permanecer en francés y que con los alumnos trajimos al castellano:

Hermanos, quienes aún siguen con vida,
no tengan con nosotros el corazón demasiado duro,
porque si muestran piedad con estos pobres,
Dios no lo olvidará y será clemente.

Sobre la Estética de Dietrich von Hildebrand

En este artículo relato algo de Hildebrand Project y su original consideración sobre la cultura.  Pero es simplemente una pista, unas migas de pan, las señas de un camino. Escribir – y comunicar, en general- es una renuncia constante. Alegre renuncia: la verdad. Sería óptimo dar con el enunciado perfecto, que la comprensión sea total. ¿Quién no quisiera hacerse entender del mejor modo sobre algo que considera valioso? En cambio, quien escribe solo propone un acuerdo. En general, espera algo, pero el resultado es otro. Esta posibilidad de imperfección, que nos obliga a la economía, cuando no al silencio, es lo mejor de la escritura. El resultado que tenemos frente a nosotros nos susurra, con el gozo de las calaveras de los escritorios monacales, sic transit gloria mundi.

Ejemplos componentes discursivos de Eliseo Verón

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Ejemplo 2, entidades y componentes en el discurso de Mauricio Macri en la apertura de las sesiones legislativas en marzo de 2017.

El discurso completo de Macri ante el Congreso _ El Cronista

Conceptos en: Verón, E. (1987). El discurso político. Buenos Aires, Argenina: Hachette.

 

Noticias sobre El gran enero

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Desde el mes de julio, El gran enero puede comprarse en McNally Jackson Books de New York, en el 52 de Prince Street. También en los Estados Unidos, se lo encuentra en la biblioteca de la Universidad de Steubenville, a 25 minutos de Pittsburgh.

En la Argentina, El gran enero llegó a la Sede Andina de la Universidad Nacional de Río Negro, en la ciudad de San Carlos de Bariloche, y a la Sede Atlántica de la misma institución, en la ciudad de Viedma.

Siguiendo este enlace, el listado completo de librerías con sus direcciones.

Comparto varios enlaces de amigos, escritores y periodistas, a quienes agradezco  que hayan publicado en sus sitios poemas y referencias. Por orden de aparición: 

En el blog de la poeta y editora Griselda García. 

En la Revista Excéntrica, del Centro Cultural de la Cooperación, en Buenos Aires. 

En Rayos y Truenos, el blog del poeta y traductor español, Enrique García-Máiquez. 

En el blog Otra Iglesia es imposible, del poeta y traductor Jorge Aulicino.

En la Revista ViceVersa, una revista sobre la cultura de los hispanohablantes en Manhattan.

Una reseña de El gran enero en el Diario La Prensa de Buenos Aires, por el escritor y periodista Jorge Martínez.

Entrevista de Augusto Munaro, para Diario Los Andes. 

Selección en el blog de la poeta y traductora Silvia Camerotto.

Reseña en el diario La Voz, de Bahía Blanca, mi ciudad natal. 

La montaña mágica

“En cualquier caso, las autoridades ya no tenían necesidad de vigilar, porque estaban seguras de que en su pecho ya no germinaría ningún deseo de subversión, porque se había convertido en un veterano, un hombre definitivamente aclimatado que, desde hacía tiempo, ya no sabía adónde ir y ni siquiera era capaz de concebir un regreso al mundo de allá abajo. El mero hecho de sentarse a la mesa de los rusos ordinarios ponía de manifiesto una cierta despreocupación por su persona. Conste que con esto no pretendemos, en modo alguno, criticar dicha mesa. No había ninguna diferencia, ninguna ventaja ni desventaja tangible entre las siete. Si se nos permite expresarlo con cierta audacia, diremos que era una «democracia de mesas de honor»: en todas se servían las mismas comidas pantagruélicas; en todas, por turnos, se sentaba el propio Radamante, con las manos juntas sobre el plato; y todos los representantes de las diversas nacionalidades que las ocupaban eran honorables miembros de la comunidad humana, aunque no supiesen latín y aunque sus modales al comer no fuesen los más elegantes. (…)
Entonces estalló…
Pero el pudor y el recelo nos instan a no explayarnos sobre todo lo que estalló y sucedió. ¡Nada de farragosas explicaciones y exageradas hazañas! Nos limitaremos a decir en tono moderado que estalló la tempestad que todos conocemos; esa ensordecedora explosión de la fatídica amalgama entre la anestesia de los sentidos y la hipersensibilidad; una tempestad histórica —dicho con moderado respeto— que hizo tambalearse los cimientos de la tierra y que, para nosotros, sin embargo, es la tempestad que hace saltar por los aires la montaña mágica y despierta de golpe a nuestro bello durmiente. Totalmente desconcertado, se encuentra en el mundo de los despiertos y se frota los ojos como quien, a pesar de las muchas advertencias, ha pasado muchísimo tiempo sin leer los periódicos.”

Fragmento Mann, T. (1924): La montaña mágica. LeLibros. Página 2059.

Traducción de Isabel García Adánez.

 

A Summer Gone

Howard Moss - Página 1

IX

Hay un instante en que el sentimiento sabe dos cosas:
El pájaro que yace muerto y el zumbido de las alas.
Aquellos viajeros que vencieron las alturas,
Certeros hacia el sur en alguna parte,
donde las nubes son más altas y el mar más azul.
Adivinos de los trópicos, deben marcharse
donde el verano todavía se pronuncia.
Alas de otoño miden la distancia entre dos cosas.

Fragmento Gioia, D. (2002): Can Poetry Matter? Essays on Poetry and American Culture. Minneapolis: Graywolf Press.

Continuidad de los parques #Discurso

PF 1

Pasaje de planos de ficción y de enunciado.

Pasaje de planos

Una misma oración entre los dos planos.

PF 2

Segundo plano de ficción y final donde se unen ambos planos en la misma situación enunciativa.

  • Isotopía semántica. 
  • Elementos de lector pasivo. 
  • Indicios de continuidad. 
  • Alusiones metatextuales. 
  • Planos y pasaje de planos. 
  • Cambio de ritmo. De pasividad a tensión. 
  • Pasaje: La puerta del salón. 

Cortázar, J. (1964): “Continuidad de los parques”, en Todos los fuegos el fuego. Buenos Aires: Sudamericana.

Librerías donde encontrar El gran enero

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  • Antígona – Av. Callao 737, Ciudad de Buenos Aires.
  • Arcadia Libros – M. T. de Alvear 1548, Ciudad de Buenos Aires.
  • Biblioteca Nacional – Las Heras 2597, Ciudad de Buenos Aires.
  • Biblioteca Sede Andina, Universidad Nacional de Río Negro – Mitre 630, San Carlos de Bariloche.
  • Biblioteca Sede Atlántica, Universidad Nacional de Río Negro – Av. Don Bosco 500, Ciudad de Viedma.
  • Biblioteca universitaria – 1235 University Blvd, Steubenville, OH 43952, EE. UU.
  • Edipo – Corrientes 1686, Ciudad de Buenos Aires.
  • Eterna Cadencia – Honduras 5574, Ciudad de Buenos Aires.
  • Gambito de alfil – José Bonifacio 1402, Ciudad de Buenos Aires.
  • Hernández – Corrientes 1436 / Corrientes 1311, Ciudad de Buenos Aires.
  • La Masmédula Libros – Alsina 155, local final, Galería Jardín, Ciudad de Bahía Blanca.
  • Librería Alberto Casares – Suipacha 521, Ciudad de Buenos Aires.
  • Librería García Cambeiro – Cochabamba 244, Ciudad de Buenos Aires.
  • Libros del Balcón – Montevideo 846, Ciudad de Buenos Aires.
  • Libros del Pasaje – Thames 1762, Ciudad de Buenos Aires.
  • McNally Jackson Books – 52 Prince Street, New York, EE.UU.
  • Norte – Las Heras 2225, Ciudad de Buenos Aires.
  • Rincón del Anticuario –  Junín 1270, Ciudad de Buenos Aires.
  • Volcán Azul – Achával Rodríguez 244. Galería Barrio. Local 15 y 16, Ciudad de Córdoba.
  • Vórtice Libros – Hipólito Yrigoyen 1970, Ciudad de Buenos Aires.