Mondongo

MondongoSurgieron durante  los años anteriores a 2001, una época tumultuosa en la historia argentina. Un estilo visual impactante, pequeños significados ocultos en las obras y materiales exóticos, desde panes y salames hasta plastilina y vidrios. Mondongo, integrado por Juliana Lafitte, Manuel Mendanha y Agustina Picasso, una receta local con seguidores en todo el mundo. Por Felicitas Casillo. 

Acá el link con parte de la entrevista que le realizamos al colectivo artístico Mondongo, para Revista Mustique. 

Reinar sobre el aire

Por Felicitas Casillo, en Revista Porsche.

Pablo Reinoso es argentino y vive en París. Sus esculturas y diseños rompieron la noción de espacio y la solidez de los materiales. Una nueva mirada sobre realidades cotidianas da por resultado la contemplación de un mundo casi fantástico. A través del material y la técnica, Reinoso lo vuelve posible. Hasta diciembre de este año, podrá disfrutarse de su intervención Enredamaderas en el Malba.

Un objeto que de pronto deja de serlo y se transforma en ramas que crecen, crecen e invaden muros y pasillos. Enredamaderas, la muestra de Pablo Reinoso que se inauguró en marzo de 2009 en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), refleja perfectamente la novedad de lo ya conocido. Aquellos bancos, típico mobiliario de plaza, parecen a punto de brotar hiedras, de conquistar los salones y pasillos del segundo piso del museo.

Su autor los define como bancos “espaguetis”. ¿Pasta o enredaderas? Por título o por referencia del propio Reinoso, Enredamaderas alude la plasticidad de aquellos dos conceptos. En ambos casos, moldeando el hierro o la madera, Reinoso logró conferir a la rigidez de los materiales una maleabilidad sorprendente. “Enredamaderas es probablemente el más intrépido por su tamaño, el más implicado con su lugar de destino, con la arquitectura que lo recibe”, explica el artista sobre su proyecto.

Aquello de Reinoso de ver con nueva mirada – y en su caso, trabajar duramente para hacer visible el resultado- recuerda a Charles Dickens, el escritor de Oliver Twist y de David Copperfield. Dickens solía narrar que, un día, sentado en un bar londinense, leyó la siguiente palabra en la puerta de vidrio: “mooreeffoc”. Aquel misterioso nombre no era otra cosa que la palabra “coffee room” pero leído al revés, ya que el cartel había sido dispuesto sobre el vidrio para que lo leyeran desde afuera y no desde adentro. De esta manera, Dickens invitaba a analizar la realidad con otros ojos, porque creía que recién entonces, sólo cuando existía la mirada original y personal, nacía el arte. Transformar un banco de parque en algo vivo, que crece por uno de sus extremos, sin duda alguna, requiere algo de esa visión mágica que describía el autor inglés.

Pero además del vuelo imaginativo, las obras de Reinoso requieren un rigor técnico llamativo: finos trabajos de herrería, ebanistería y la contextualización de la obra. Esta última etapa consiste en instalar los bancos en diferentes sitios: un parque, junto a una iglesia antigua, en una plaza o dentro de un concurrido museo.

En cualquier sitio donde se encuentren, los bancos transforman el descanso en un tiempo movilizador. Quien se siente en un enredamaderas no podrá simplemente ignorar el entorno, dormir u olvidar. O mejor dicho, podrá hacer lo que quiera, porque el arte siempre invita con libertad, sin embargo, la obra le disparará pistas sobre un mundo posible que hasta aquel momento no había imaginado. “El comentario sobre el diseño, que es constitutivo de la obra, no cierra el campo semántico, al contrario deja las metáforas abiertas a los enlaces y asociaciones que toda obra de arte contiene. Como me decía mi hijo mirando a Enredamaderas: ‘¡pero a quién se le ocurrió regar estos bancos!”, reconoce Reinoso.

La peculiar instalación que se exhibe en el Malba fue construida por tramos en un taller de Colonia del Sacramento, en Uruguay, bajo la dirección y el monitoreo permanente de Reinoso, que desde 1979 vive y trabaja en París. La pieza llevó un año y medio de producción y tiene 600 m2 lineales de madera esculpida.

Los trabajos de Reinoso pueden ser exhibidos en interiores o exteriores según el material en que estén realizados. La mayoría son en madera, por lo tanto, se destinan a espacios cerrados. También experimentó con materiales tradicionales como el metal y la piedra. Algunos de estos últimos, realizados en hierro, son particularmente vistosos: al exhibirse en parques se oxidaron y se tornaron rojos y especialmente vivos.

Además de su gran producción escultórica, Reinoso ha dedicado una gran parte de su carrera artística a obras de gran escala para lugares públicos de Japón. En la ciudad nipona de Fukuroi, donde existe un enorme esfuerzo por incorporar el arte al contexto urbano, Reinoso y sus piezas fueron recibidos con una cálida bienvenida.

Pasión por el asiento

La idea de los bancos espaguetis surge luego de muchos años de investigación personal. El primer esbozo fueron las variaciones escultóricas hechas a partir de las sillas Thonet, a las que llamó Thoneteando. Después, probó con las sillas de vestir, las Prêt à Thonet; luego las Prêt à manger, las sillas para comer. A la par, se realizaban los videos Thoneteando, y las Luthoneterias o sillas musicales que hizo especialmente para el grupo Les Luthiers.

Las sillas de estas colecciones sintetizaban los rasgos esenciales de un banco tradicional. Sin embargo, algunos alcanzan proporciones monumentales, y se erigían como poderosas esculturas de hierro en el espacio público.

Reinoso hizo patente la capacidad para inventar o apropiarse de recursos estéticos y tecnológicos que fueran necesarios para materializar aquello que había imaginado. Con respecto a esto, confiesa que las obras encarnan siempre cierta técnica, pero que luego se debe evolucionar y romper con la chatura. Reinoso habla desde la experiencia: durante sus primeras etapas, trabajó con el peso y la rigidez de la madera, piedra y metal. De esa forma intentó expresar lo que consideró siempre esencial en el arte: las ideas.

Finalmente, alrededor de 1995 afrontó un cambio profundo, tanto en su vida privada como personal. Reinoso concluye que fue un momento de crisis personal, durante el que se sintió agobiado por el peso, las dimensiones y el polvo de sus obras. Asegura que si vivir de las pinturas es complicado, más difícil aún es comercializar las esculturas. Significó este tiempo un periodo de prueba, típico en la vida de cualquier artista. Si esos enclaves se superan, entonces el camino se presenta enriquecido y pleno.

En ese entonces, Pablo se jugó por la el aire y la luz. Comprendiendo que los materiales pesados habían enrarecido el ambiente imaginario con el que convivía, decidió cortar, despedazar, liberar, pulir y finalmente mostrar. “Más allá del aspecto gracioso de mi decisión, descubrí que probablemente todo el interés que siempre tuve por este objeto, al que observé tanto desde la emoción plástica, como bajo la mirada del diseñador; me permitía comentarlo desde el territorio del arte, para sacudirlo como objeto de diseño”, reconoce.

De esta manera, concibió sus tan famosas instalaciones en tela, divididas en tres tipologías: Respirantes, Persistantes o Contractantes. Estas obras envuelven el aire, ese elemento maravilloso que nos rodea y es sin embargo abstracto, amorfo, invisible. Las piezas Respirantes, por ejemplo, cuentan con un ventilador cuya alimentación eléctrica se interrumpe cada tanto y los elementos permanecen en movimiento de forma muy suave. Los dispositivos se inflan y desinflan creando una respiración visual y auditiva sorprendente.

La obra de Reinoso incluye una meditación sobre lo manual y el oficio, que contrasta con el surgimiento arrollador de la virtualidad de los soportes electrónicos. Sin embargo, el balance de Reinoso funciona desde una vanguardia amigable. Su obra demuestra las posibilidades del material y su manejo.

Tensión entre opuestos

Ante la pregunta de cómo describiría sus obras, el artista asegura que le resulta difícil decirlo, porque son creaciones “aparentemente sencillas, con humor, pero que viéndolas profundamente poseen un punto de angustia”. Pocas palabras pero meditadas, los dichos de Pablo se parecen un poco a sus esculturas, concisas pero plenas de significado. “Se trata de la vida misma. Llevo el diseño a la obra como antes un pintor podía llevar una manzana a una naturaleza muerta”, compara.

Como los buenos libros, las piezas de Reinoso requieren que cada uno rellene los caminos que abrió en ellas el autor. “Mi obra es de contenido conceptual. Se desarrolla actualmente por los meandros del barroco. Digamos que tenso opuestos”, describe.

Reconoce que pasa por un momento de muchísima solicitación, de taller en taller, siempre en busca de lotes de material y de herramientas. La infraestructura para que cada pieza luzca pulida no puede fallar en ningún punto de proceso. “Mi proyecto es poder llevar a cabo todas las oportunidades que están surgiendo. Necesito 20 años más, recién ahí las cosas se pondrán como deben”, dice.

Cuando platica sobre la inspiración, también añora tiempo: “Las ideas son inmediatas, pero para realizarlas se tarda toda una vida”, y con respecto a sus referentes, asegura que han sido muchísimos, desde los clásicos hasta la actualidad, pero “nombrar algunos es olvidar tantos. Creo que mirando mis obras se pueden ver perfectamente cuáles son mis amores.”

Volver al arte por medio del amor; colar la imaginación a través de los poros de una realidad ya demasiado conocida, leer los carteles a la inversa y hacer crecer la madera de los bancos. Viendo las obras de Reinoso, pueden descubrirse sus amores.

Bio Reinoso

Nació en Buenos Aires, en 1955, pero vive y trabaja en París desde 1979. Fue alumno y discípulo de Jorge Michel, artista plástico fallecido en 1991. Reinoso practica la escultura desde la adolescencia y confiesa que tiene una relación “visceral” con los materiales de sus obras. Cuando era pequeño pasaba largas horas en el taller de fotografía y carpintería de su abuelo, jugando con maderitas, puliendo superficies, lastimándose con las gubias la mayoría de las veces. Tan marcada era su vocación que a los seis años le obsequiaron un banco de carpintero.

Durante su primera etapa, trabajó especialmente con madera, pizarra, mármol, bronce y acero. Entonces, sus búsquedas estaban orientadas hacia la articulación y la metonimia, el espacio y el tiempo. A partir de 1995, decidió experimentar con otros materiales. De esta manera, las obras de Reinoso perdieron rigidez y ganaron en etéreas y sutiles. Hacia los años noventa, ganó fama como diseñador, creaba muebles y otro tipo de objetos decorativos. Sus ensayos con las sillas Thonet fueron especialmente llamativos. Alrededor de 1997 trabajaba con el grupo LVMH, mientras que en el año 2000 se hizo cargo de la dirección artística de Parfums Givenchy y dos años más tarde, de Parfums Loewe. Reinoso se encargaba de diseñar los frascos de perfume y de distintas líneas de cosméticos.

Muchas fueron las exposiciones individuales y colectivas que realizó. Entre las primeras, se destacan la ya nombrada Thoneteando, en la galería Ruth Benzacar; Nudos de sombras, en el Instituto Cervantes de París; Conspiraciones, en la Galería Pièce Unique de París; Poltrona-Freud, en Designer’s day de París; L’air Reinoso, en Centre d’art André Malraux, en Colmar, Francia; Cocina y comedor, en la Galería de Arte Ruth Benzacar, en Buenos Aires; El Observado, en Galeries Lafayette de París; Ashes to ashes, en la Casa de América, de Madrid; entre muchas otras.

Comezó a estudiar arquitectura y psicología en la UBA, y luego se formó de manera autodidacta

Actualmente, Reinoso vive con su mujer, una argentina que conoció en París, y con quien tuvo dos hijos.

Vivir en los extremos

Por Felicitas Casillo. Publicado en Revista ADN, Agua y Medioambiente.

Entrevista con el Embajador Australiano en Buenos Aires, John Richardson.

Las recientes inundaciones en Australia sucedieron a la sequía de los últimos meses. El país vive entre la escasez y las lluvias torrenciales, preocupado por el cuidado de sus recursos hídricos y por la prevención de catástrofes.

“Nuestra capacidad asimilativa no ha tenido par en el mundo”

Por Felicitas Casillo, publicado en La Prensa Digital

Barcia

Detrás de su escritorio, Luis Pedro Barcia tipea con dedicación. De vez en vez, vuelve los ojos y comenta sobre los correos electrónicos que le llegan.

“Quieren que dé una conferencia en la Puna”, sonríe y sigue dando detalles de un viaje que realizará dentro de poco al norte argentino.

“El marco es importante”, asegura, justo antes de tomar aire y de lanzarse a explicar la evolución del idioma local con su ineludible tono catedrático. Tono con el que el presidente de la Academia Argentina de Letras enumerará regionalismos, extranjerismos y diferentes dichos de la lengua.

“Ahí se imponen los usos y modalidades”, dice, refiriéndose a los medios de comunicación. Quizás por ese afán de cooperar cada día y con pequeños detalles, Barcia sea uno de esos intelectuales atípicos que saltan, sin ningún remordimiento, desde los clásicos, hasta el idioma que surge día a día de la boca de 36 millones de hablantes.

-¿La independencia política de la Argentina acompañó la independencia idiomática?

-Está muy bien notar eso. Curiosamente el gobierno español primero impuso, a través de un decreto de Carlos V, que debía barrerse con los idiomas indígenas e imponerse el español como la lengua de comercio y contacto cultural. Después, Felipe II sacó dos decretos en contra de ésto, sosteniendo que debían respetarse las lenguas aborígenes. De manera que los franciscanos, los jesuitas los dominicos debían aprender las lenguas originales. Cuando venían los inspectores españoles a las misiones se encontraban con una dificultad, porque no podían hablar con los indios de forma directa. De esa manera dependían de un traductor. Cuando se declara la independencia, para mantener cierta coherencia hispanoamericana, debido a que estaban los proyectos de Miranda, de Bolívar, sobre una patria grande, sobre una gran América, se impone el español como lengua dominante. A partir de entonces, todos los documentos salen en español. De manera que, curiosamente, los movimientos independentistas universalizan el uso del español. Con el movimiento independentista no comenzó una ruptura con la lengua de España.

– Y a partir de la Independencia el idioma local evolucionó.

– Claro, a partir de la Independencia de España, la lengua de La Pampa, por ejemplo, comienza a volverse arcaica, se generan ruralismos que en realidad eran palabras viejas de España, expresiones que quizás se usaban en la península en el siglo VI. Después, a partir de 1860, con la incorporación de la inmigración, el idioma local se mixtura con nuevos aportes. Hemos llegado a tener la mitad de los habitantes de la república extranjeros. Ésto demuestra una capacidad asimilativa de la Nación Argentina que no ha tenido par en el mundo. Hay que tener en cuenta que los dos factores para incorporar a los extranjeros fueron el servicio militar obligatorio y la escuela primaria para los hijos de los inmigrantes, que de esa manera aprendían el idioma.

– ¿Nunca hubo rebeldías en el uso del idioma?

-El siglo XIX comienza con una afirmación de la lengua española como común, pero hubo intentos de separatismo leve. Por ejemplo, un decreto de 1815 prohíbe el uso de la palabra pejerrey, porque en el final contiene la palabra “rey”, que evocaba el gobierno de España. Pero ese decreto no tuvo ningún efecto. Las imposiciones de los gobiernos en el uso de la lengua no tienen demasiada viabilidad. En este caso, seguimos comiendo pejerrey.

A principio de siglo XIX, ¿ya existían las marcadas diferencias de tonada y dialecto que figuran hoy día en las distintas regiones del país?

– Las tonadas se dieron por el mismo aislamiento de las diferentes regiones del país. Es un tema que se ha estudiado poco, para el bicentenario publicaremos un estudio de tonadas argentinas, porque con la influencia de la televisión y de la radio tienden a unificar la fonética y se van perdiendo las modalidades regionales. Yo creo que con el tiempo ésto lamentablemente se va a ir perdiendo. Las tonadas son partes de la diferencia dentro de la unidad del país. Estas tonadas se fueron generando a través del siglo XIX. Las tres zonas más marcadas con respecto a las tonadas son la Guaranítica, la de Santiago del Estero, por el quichua, y la del Noroeste, sobre todo Salta y Jujuy.

-¿Cuál era el ámbito del que provenía mayor vocabulario?

-Cuando uno va a las Canarias se encuentra con que hay mucho vocabulario que coincide con el argentino, porque antes de llegar a la península los barcos mercantes pasaban por las islas. Las palabras que aparecen en las bitácoras, en los libros de viaje y en las cartas van influyendo de a poco y se afirman. La palabra rancho, por ejemplo, se refiere a la vivienda, pero también rancho se le llamaba al guiso que comían a bordo. Un guiso frío y muy nutritivo. Por eso “rancho a parte” se llamaba cuando alguien se iba a comer sólo. Esa frase, de origen marítimo, se trasladó a la vida cotidiana. Otra es carajo. De ahí viene la costumbre nuestra de “mandar al carajo”, que es el receptáculo del mástil mayor. Ahí mandaban a los marineros a observar, y era un lugar inhóspito. También la palabra travesía, que originalmente es un término marinero.

¿En qué medida las lenguas nativas ya habían influido en el español? ¿Hubo en la Argentina un aporte lingüístico de la población negra?

– Los aportes de los aborígenes son muchos. Las lenguas de mayor influenza son el quichua y el guaraní. Del primero tenemos el mate, acococho, que significa llevar a los niños a babucha, y otras. El guaraní dejó muchas palabras de especies de flora y fauna, como yagureté, por ejemplo. La tercera lengua, aunque menos importante, es la mapuche. Pero el mapuche no es de origen argentino, sino chileno: entra en el siglo XIX con Calfulcurá. En realidad los mapuches sometieron a los indios locales, que eran los tehuelches, y tomaron sus tierras. De esta influencia quedaron varias, como choique, laucha. Y la lengua negra claro que hizo su aporte. Dejó por ejemplo la palabra quilombo. Los negros se reunían en barracas y hacer quilombo significaba hacer mucho ruido. Después pasó a llamarse así a los prostíbulos, porque generalmente allí se armaban reyertas. Tamango, batucada, catinga, que era el olor que había en los barcos donde defecaban y orinaba los esclavos, son también de origen africano.

 

– ¿Siempre hubo una concepción elitista del idioma? ¿Cómo hablaba alguien de clase alta y cómo otro de posición social inferior?

-Siempre las sociedades han marcado distinciones a través de la lengua, que es un factor de diferenciador como el vestido, las comidas, como los lugares de diversión y de playas. Originalmente, en el Río de la Plata, la elite se focalizaba en el Barrio Norte, aunque después fue diluyéndose. Al principio se relacionaba con un nivel letrado y otro iletrado, pero aclaro que ambos son formas de cultura. Esta diferenciación se daba por medio de la invención de palabras y de fonética. Por ejemplo, hablar rápido y con voz nasal era propio del Barrio Norte, donde también surgían términos como petitero o paquete. Y junto a este nivel, está las distintas capas populares, porque no se puede unificar diciendo que hay dos polos. El lenguaje popular se divide en campos. El lunfardo es un tipo de lenguaje, es un léxico popular. Otro campo por ejemplo es el lenguaje de los deportes: el del fútbol, el turf. Otro es el lenguaje de la droga. De modo que no se debe igualar el lenguaje popular con el lunfardo, porque el lunfardo es sólo un tipo.

En el siglo XX en el país hubo un choque idiomático. Por una lado, la aristocracia y por el otro, los inmigrantes europeos que huían de las guerras. ¿Cómo fue ese encuentro?

– Desde el punto de vista social, hubo distintas posturas. Por ejemplo, la de Miguel Cané que sostenía que debíamos protegernos de la invasión bárbara. En algunos casos, se llega a la xenofobia hacia el inmigrante que era iletrado y que a veces incluso no tenía oficio. Muchos se quedaron en Buenos Aires y la ciudad se transformó en una Babel. Esta imagen, la de una ciudad donde se hablaban todas las lenguas, aparece mucho en los años 30. También había una postura nostálgica, como la de Martiniano Leguizamón, que tiene una especie de añoranza de las antiguas costumbres. Pero otros sí buscaron registrar ese cambio, como Fray Mocho, que realizó un agudo e inteligente trabajo sobre el habla de los inmigrantes. El transcribía las fonéticas y tiene una actitud de simpatía articuladora. La expresión popular “M´hijo el dotor”, que Florencio Sánchez tomó como título para una obra de teatro, refleja la rápida escalada social que hacían los inmigrantes.

– Pero las lenguas extranjeras tuvieron diferentes aportes y cada uno de ellos de distinta importancia.

-Claro, pero sin duda que el aporte más significativo provino del italiano. Hay una anécdota interesante de José Ingenieros: durante un viaje a Italia le cuenta en una carta a Lugones cómo era Nápoles y le dice que era igual a la Boca pero con menos italianos. El idioma italiano se proyectó muchísimo en el español. Sobretodo los dialectos: el genovés, el napolitano. Los franceses también hicieron su aporte, sobre todo en aspectos como la trata de blancas, la moda y las costumbres. Pero los italianos tuvieron una influencia enorme en las comidas, el raviol, la lazaña, la pizza.

– Actualmente existen otras influencias como la oriental, que viene de la mano del campo gastronómico por ejemplo.

– Son pocas las palabras de ese origen que finalmente permanecerán, porque el pueblo no tiene acceso a éso. Sólo repercute en una clase más o menos acomodada. Nunca tendrá la competencia de los italianismos, como pizza o pecheto. – ¿Cuál fue la relación del italiano con el lunfardo? – El lunfardo nace del habla del conventillo, que es un habla mixturada entre el castellano y el italiano. Hay un conjunto enorme de palabras como fachatosta, mina, chau, pibe, que tienen origen italiano. Después, ésas palabras, no sólo permanecieron como lunfardo, sino que pasaron al uso argentino.

– Con respecto a la literatura, ¿cuáles serían los autores argentinos que reflejan el cambio idiomático local a lo largo de la historia argentina?

– En primer lugar, Esteban Echeverría con El Matadero. Casi describe como si fuera una filmación. Otro es un autor desconocido, Luis Pérez, un poeta de corte rosista, que recogió la lengua de los negros, la llamada “bemba”. Que era muy importante porque Rosas había hecho de los negros un sistema de información. Después, Lucio Mansilla, sobre todo en Entre Nos, donde registra la oralidad argentina. Además, Mansilla dictaba, no escribía. Aparece también Fray Mocho, con sus figuras populares, vendedores de escobas, etc. Y por fin Roberto Arlt, que reflejó la oralidad porteña, ciudadana. Pero con respecto a la influencia, hay pocos autores que influyen. El que más influyó en la literatura universal fue Borges. Y de él quedaron algunas palabras con sello borgiano, como laberinto o espejo, pero claro que no eran sus invenciones. Los medios influyen mucho más en el habla que nuestros escritores. Se lee menos de lo que se ve tevé o de lo que se escucha la radio. Ahí se imponen los usos y modalidades.

– ¿Vamos hacia un español neutro?

– Sí, la lengua española avanza hacia una uniformidad, para evitar diferencias comerciales que no permiten vender las telenovelas, por ejemplo. El negocio de los libros, las telenovelas, los diarios en línea. Todo ésto lleva a que la lengua se uniforme y se generen grandes comunidades. Según estudios que se han realizado en México, actualmente, un gran porcentaje es general y hay pequeños toques locales.

Muchas veces se ha dicho que la Argentina es el más europeo de los países hispanoamericanos. Esa afirmación genera oposición y adhesiones, ¿cómo se relaciona con el idioma?

– Bueno, no hemos tenido grandes culturas locales, como los Mayas en Centroamérica o la cultura Azteca, en México. No hubo construcciones de plazas y ciudades; la producción cultural local era menor. Los Tehuelches, los Pampas fueron desapareciendo, no sólo por la matanza que se practicó, sino por mestizaje. Ésto nos hace diferentes a Perú o Ecuador. Además, nosotros tuvimos más contacto con el Atlántico. Estábamos abiertos a la llegada y al comercio. El trajín del puerto fue permanente. Por eso, esa afirmación es en parte cierta, pero también es verdad que hemos asimilado la cultura extranjera. Una frase de Paul Valéry lo resume: “El león está hecho de cordero digerido”. Se refiere a la capacidad asimilativa. Como el león que asimila al cordero, nuestra cultura ha hecho propios los aportes. Por último, la segunda oleada de inmigración española y de italianos, casi todos latinos, nos volvió a europeizar. Además, nuestros intelectuales viajaron temprano a Europa. Después de conocer el viejo continente, lograron ver con más claridad los rasgos locales. Pero sin duda que hemos asimilado mucho y ésto ha sido en beneficio nuestro.

“Tenemos un arte del primer mundo”

Ignacio Gutiérrez Zaldívar creó la Galería Zurbarán hace más de treinta años. Se define como coleccionista y promotor de arte. Sostiene que en la Argentina no hay una identidad artística y que las exposiciones locales son un privilegio.

 

 

Corpulento, rozagante, de palabras que le acuden a la boca con sonido suave pero ritmo generoso. Fuma con la parsimonia de un monje, y no se limita, interroga, remata, curiosea. Confiesa que para él es una obligación espiritual desarrollar los talentos, y asegura que sus padres le dieron una buena educación, pero que no eran ricos.

En uno de los pasillos de la Galería Zurbarán, Ignacio Gutiérrez Zaldívar tiene sobre su escritorio todo lo necesario. Pilas de investigaciones, varias libros y revistas, una computadora modesta, y ahí nomás, en las paredes, las pinturas de arlequines, de gauchos y de malones, de bucólicos paisajes cordobeses y de puertos cargados de sombras y reflejos.
─ ¿Cómo se relaciona la historia del arte argentino con la historia social y política del país?
─ Se parece, sin duda. En todas partes pasa lo mismo. No puede ser que los artistas anden por un camino y por otro lado ande el arte. La única ventaja que tienen nuestros artistas es que al no tener las presiones de venta y de éxito que pueden tener los del primer mundo, la creación es más serena, no tan presionada. Por eso tenemos un arte del primer mundo y desagraciadamente nuestro país cada vez está más cerca del tercer mundo.
─ Pero también por la distancia, a los artistas argentinos les resulta difícil llegar al gran circuito de galerías como las de Londres o Nueva York.
─ Sí, pero eso es totalmente diferente. Hay que diferenciar lo que es el valor de la creación con el precio de la creación. Vos podés tener una obra de gran valor y de bajo precio o al revés. Todas esas son las armas del mercado, de la promoción. Pero si hay algo en lo que se destaca la Argentina es en cuanto al nivel de sus artistas.
─ Para que sean realmente reconocidos, ¿tienen que trabajar afuera?
─ Sí, sí, para el reconocimiento internacional, sí. El mejor ejemplo es el artista más importante que ha dado la Argentina. Se llama Lucio Fontana, nacido en Rosario, considerado uno de los cincuenta artistas más importantes del siglo XX. Los argentinos no lo conocen ni de nombre. Algunas de sus obras se vendieron en veinte millones de dólares, y no hay ningún otro artista local que se haya vendido en un millón, salvo algún Pettorutti. (Se ríe entre dientes.) Pero exponer en Londres o en New York no te va a hacer mejor, nadie te lo puede garantizar. Si sos bueno, lo sos a pesar de ser o no conocido.
─ Con respecto al arte, ¿también somos los más europeos de América Latina?
─ Sin ninguna duda. Hasta 1900 o 1910 eran más los españoles e italianos que los que eran argentinos. Por eso se dice que no tenemos raíces, sino que todos bajamos de un barco. Y es la realidad: hasta el día de hoy, dos siglos después de haber nacido, todavía estamos buscando la identidad. Los peruanos, los mexicanos: otro asunto. Tienen cincuenta siglos de historia.
─ ¿Cuál sería, entonces, un artista genuinamente argentino?
─ Bueno, no. Yo siempre hablo del arte de los argentinos, porque sostengo que no tenemos una identidad artística. ¿Por qué este artista es argentino? Porque yo te lo digo. Porque no hay nada que te lo señale además de eso.
─ ¿Tampoco la temática?
─ Tampoco. Porque entonces cualquier obra de tango o de gauchos tiene que ser argentina, y no es así. Los gauchos de Quirós, por ejemplo, podrían haber sido pintados por un francés o un italiano. Es muy difícil afirmar que un pintor tiene identidad argentina. Prefiero decir que hay un arte de los argentinos. Pero así como nosotros no nos diferenciamos étnicamente de los europeos, no hay que exigirle eso al arte. Tener un bagaje amplio, hace que te juzguen por la calidad de tu obra y no por dónde naciste.
─ ¿Qué opina del arte contemporáneo de la Argentina?
─ Es muy bueno pero han cambiado mucho las circunstancias. Hace un siglo, nuestros artistas tenían que viajar a Europa, era la signatura permanente. Hoy tenés Internet, nada es novedoso. Información on line, las 24 horas. Cuando yo veo en las revistas algún artista que presuntamente es original, casi siempre hay alguno que hace años viene haciendo eso. Intentar ser original en arte es una actitud que puede ser positiva, pero que en el fondo es inútil. Porque el artista tiene que crear lo que siente: el arte es la exteriorización del sentimiento de una persona. Está más allá de si te parecés a alguien o no. Por eso declararte autodidacta es una gran mentira. Podés decir que no tuviste profesores, pero has visto tanto, tenés tanta información…
─ ¿El artista nace o se hace?
─ Es genético. Es como que lo llevás en el gen. Lo digo con dolor. A mí, que me gusta el esfuerzo, la excelencia, decir una cosa así, pero si no tenés el gen de artista… Se manifiesta desde que son chiquitos, mientras otros jugaban con muñecas y soldaditos de plomo, ellos estaban dibujando, copiando de las revistas, de los cuadros.
─ Usted fundó la Academia Argentina de Gastronomía. En la actualidad, ¿la estética y el arte también se asientan en diversos terrenos como la gastronomía o la enología?
─ En realidad, la cocina siempre ha sido artística. Ocurre que ahora tiene una difusión que antes no tenía. Leonardo Da Vinci tenía un restaurante con Botticelli en Florencia. Como empresario era malo, se fundió. Porque prefería decorar los platos antes que ofrecer cantidad de comida, que era lo que querían los florentinos. Hoy hay una tremenda difusión. Antes no se te ocurría que iba a existir un ranking de los mejores cocineros y una guía Michelin. No era lógico.
─ ¿Se puede unir el concepto de negocio con el de arte?
─ (Se ríe.) La gente me dice que cómo puedo convivir con un cuadro de campo y una escultura de vanguardia, y a mí lo que me interesa es el arte. Por sobre todo. No diferencio si el arte es joven, si es moderno, si es vanguardia. Simplemente aquello que a mí me emociona es aquello que yo expongo o promociono. Por que soy… bueno promocionando lo que me gusta. Y sería pésimo promocionando lo que no me gusta.
─ Más allá de su trabajo, ¿qué opina de la gestión del arte en la Argentina?
─ Es maravillosa. En primer lugar, este es un país donde el concepto de disfrutar del arte es gratuito. Hoy en Buenos Aires podés ver cien exposiciones y no pagar un centavo, y en el cincuenta por ciento de los casos te regalan el catálogo. Eso no pasa en ningún lugar del mundo. Pasarte una mañana en Florencia viendo museos te sale cien euros para empezar a charlar. Dos: ¿en qué país del mundo va medio millón de personas a ver una exposición como fueron a las de Quinquela o la de Soldi en el Palais de Glace?
─ ¿Por qué es tan indispensable el arte para los argentinos, qué significa?
─ Bueno, creo que eso también depende de la promoción. No es que seamos especiales: evidentemente ha habido una buena promoción y una buena aceptación. Se trata de ir cautivando a las personas para que visiten los museos. Siempre les digo a los empleados que la galería es como el living de sus casas, y tiene que estar más linda que el living de sus casas. De eso se trata, de darle a los demás lo mejor.
─ ¿El arte es de todos o de los que lo aprecian?
─ Es de todos. ¿Qué es apreciar? Yo no miro ni ópera ni ballet, tampoco me gustan los autos, pero no quiere decir que no reconozca sus cualidades y su estética. El arte es hecho por todos y es parte de todos.

La risa del vampiro

Tiene tan sólo 32 años y en el diario La Nación publica todos los días “Tutelandia”, “Batu”, y una página en la revista de los domingos. Confiesa que el humor lo lleva en las entrañas y que odia las moralejas. Es fanático del fútbol y dice que Borges fue “el tipo fundamental” a la hora de inspirarse y descubrir nuevos mundos.

dsc003471

Tute se viste de negro o el negro se viste de Tute. Y no sorprenden sus ojeras cuando dice: “me gusta mucho la noche, así que… Soy noctámbulo y disfruto del silencio que durante el día no hay”.

 

Afuera los rugidos de colectivos retumban en los vidrios y en las paredes viejas. Él cruza las manos sobre las rodillas. La voz suave. La mirada renegrida y calma.

 

Para Matias Loiseau, como se llama realmente el humorista, trabajar siempre significó empuñar los lápices: su papá es el reconocido Caloi, y la mamá tenía un taller artístico en el fondo de la casa. Nació en José Mármol, un barrio del gran Buenos Aires, donde en las calles tranquilas y en los potreritos siempre había tiempo para un fulbito.

 

Una de sus grandes pasiones: el fútbol. Reconoce que es la única manera de que le den ganas de correr. La cita es los martes, con amigos. No puede faltar un partidito por semana. Se sabe gallina, pero ya hace mucho que no va a la cancha. “Es algo que… que… es sagrado, el fútbol”. Quizá sea ese amor por la gambeta y el tiro al arco, lo que lo llevó a admirar a Fontanarrosa, quien escribió el prólogo de su reciente primer libro.

 

Pero Tute no es fácil de embanderar. Él mismo se reconoce un ecléctico sin remedio. Y así como gusta de patear pelotas, reconoce que Borges fue “el tipo más fundamental” en la búsqueda de mundos e inspiración. “Me hizo tomar conciencia de la cantidad de puertas que existían y que yo no había abierto.” Por lo bajo, confiesa que todavía muchas de esas puertas siguen sin abrir.

 

ajedrez

 

Le pregunto si hay algún tema sobre el que nunca haría humor. Se ríe: no le interesan los políticos de turno porque son pasajeros. Prefiere el humor universal y atemporal, ese que se puede leer durante años porque no envejece. Se da el lujo de ser profundo y de cotidianizar temas como la soledad o el paso del tiempo.

 

Algo le sacude la mirada cuando habla de ella. El nombre de su hija le llena la boca: Dorotea. Me cuenta que está durmiendo la siesta y, bajando la voz, confiesa: “a mi primer corto le puse ‘El Ángel de Dorotea’… Curiosamente, el personaje que se llama Dorotea es una abuelita… y mi hija estaba naciendo”. Pero no se reconoce como un familiero. Casero, sí. Y en su casa y durante el silencio de la noche trabaja sobre el enorme escritorio de madera, donde descansan sus personajes, entintados, a medio gestar.

 

Hace ya quince años que vive en San Telmo: “me gustan las veredas, la arquitectura, la perspectiva de las calles y me gusta también el… no sé… el tufito a nostalgia”. No es difícil imaginar a los protagonistas de sus tiras deambulando por aquellas veredas como si fueran otras viñetas. “No dudaré un segundo en vacilar toda la vida”, decía uno de ellos, estampado en blanco y negro, sobre un papel de diario que llegaría miles de personas. Apenas unos segundos de fama y ya habría muerto.

 

 

El flash de la cámara de fotos ni lo sobresalta, apenas una sonrisita que le crece las comisuras de los labios. “Hay una mirada que tengo, fatalmente es así”, justifica después de contarme que admira profundamente las ironías. “Es un humor que disfruto mucho”, pero agrega rápidamente que adora la variedad: el humor poético, el tierno, el humor contradictorio y por supuesto, el humor negro.

 

Tute ante todo es un gran admirador, y el aire se llena de nombres: “Quino, el Negro Fontanarrosa, Copy, Rec… mi viejo, también. Es tan larga la lista”. Mientras tanto, en un rincón del escritorio hay una pila de bocetos donde yacen criaturas, que las imprentas todavía no dieron a luz. Hay algunas con un aire mafaldesco; otras lucen la nariz alargada de Clemente, el famoso personaje que creo el papá de Tute.

 

recorte2

 

En el prólogo de su libro, escrito por Fonatanarrosa, el Negro se preguntaba: “¿hasta dónde piensa llegar este miserable?” Cuando escucha aquellas palabras, Tute larga una carcajada ronca. Enseguida me dice: “voy detrás de mis deseos”, y enumera los muchos proyectos que tiene. “Hay uno que lo tengo reservado para la vejez: pintar cuadros”, murmura bajito, con cara de no poder esperar hasta que le lleguen las canas: “me encanta, pero requiere de otro ritmo”, y prefiere esperar.

 

Afuera los edificios altos se tragan la luz de la tarde; Tute parece poder subsistir perfectamente en la oscuridad. Inclinado sobre el escritorio, con una lámpara amarillenta a su lado, pasará la noche boceteando vidas, que correrán por los periódicos durante los días siguientes y entre las manos de desprevenidos lectores, sembraran una duda y escaparán.

 

Más dibujos, más humor en la página web de Tute:

batu

La búsqueda del cómo

foto-bernabela-triptico

A los 33 años, la nieta de Manucho asegura que hoy muchos artistas carecen de herramientas técnicas e intelectuales. Buscadora incansable de formas de expresión, Bernabela Mujica Lainez practica las técnicas tradicionales del arte gráfico y se anima a las nuevas tecnologías.

    • ¿Cómo empezaste a meterte en el mundo del arte y a qué edad?

 

 

En realidad provengo de una familia que siempre nos ha fomentado el amor por el arte; desde pequeña tenía una gran pasión por el dibujo.

  • ¿De qué manera influyó en tu carrera la figura de Manuel Mujica Lainez, un escritor con tanta sensibilidad artística?

 

 

No lo tengo claro aún. Se me mezclan personaje, abuelo…
Lo admiro como artista: quizá rescate esa sensibilidad que vos mencionas, y tantas otras cosas, no.

 

la-familia-acrilico-50x60c

 

La familia, acrílico, 50 cm x 60 cm.

  • ¿Cuál considerás que es la clave de tus obras? Por momentos parece la luz, otras veces la forma y también tenés un uso particular del color.

 

 

Ojalá supiera cuál es la clave; siempre estamos en la búsqueda de claves. Hoy a los treinta y tres años puedo decir que hasta aquí hubo cuatro instancias.

 

La primera fue incorporar los conocimientos y aprender a utilizar las herramientas.

 

La segunda, el proyecto Umbrarum et luminis, junto a gabriel Landoni: fue una exposición de retratos realizados en carbonilla y era un homenaje a seres y artistas admirados. Durante la tercera etapa apareció una pintura distinta , con una influencia gráfica: imágenes urbanas con una paleta de colores terciarios.

 

En en la cuarta etapa volví al dibujo, e intenté bucear hacia dentro, ya no interpretar el mundo exterior sino a través del automatismo mental: empezar a ver cómo surgen imágenes inconcientes y si surgía la inquietud de dibujar una mano, ya no buscar un modelo externo, sino interno, después comencé a dibujar directamente en el ordenador.

 

Hoy estoy realizando un corto animado.

  • ¿Qué materiales preferís utilizar y por qué razón?

 

 

Yo utilizo desde el lenguaje tradicional, como el lápiz, papel, acrílico, hasta el ordenador. Cualquier material o soporte que en elmomento crea que sea el mejor vehículo para expresarme.

  • ¿Qué pintores o artistas admirás?

 

 

Admiro a muchos; nombraré algunos: Rembrandt, Lucian Freud, Remedios Varo, entre los locales quisiera rescatar a Emilia Gutiérrez, poco presente en el circuito.

  • ¿Cuáles considerás que son las ideas que siempre intentás plasmar en tus obras o que por lo menos se repiten?

 

 

Cuando me refiero al cuerpo humano quizás intento hacer incapié en la sutil expresión que nos diferencia a unos de otros. Cuando hablamos de urbe, todo se me figura como líneas, rectas y curvas que se mezclan y transforman el paisaje. Eso es lo que persivo cotidianamente cuando observo.

 

Las preguntas que me acompañan son sobre la soledad, el desamor, los gestos pequeños que se hacen grandes cuando están acompañados de amor.

  • ¿Qué opinás de la actual situación de las artes plásticas en la Argentina y en el mundo?

 

 

Creo que estamos en un momento oscuro en todo sentido, quizás de transición para la humanidad, y las artes plásticas son fiel reflejo de ello. La mayoría de los artistas hoy no creen que tengan que saber dibujar bien ni pintar bien, anteponen el hecho de lo que quieren decir, sin siquiera tener las herramientas suficientes, ni prácticas ni intelectuales, y es imposible decir sin tener un manejo preciso de las herramientas. Se refugian en ocurrencias, cuelgan cualquier cosa, dicen hacer arte conceptual y no tienen un libro siquiera de filosofía leído. Además hoy las estrellas son los críticos. Resulta que son ellos los que dicen quiénes son buenos, sin tener siquiera conciencia de la experiencia artística
Ya no vas a sobresalir por el talento, la idea romántica de Van Gogh, pos morten famoso, no va más. Todo pasa por el marketing. Hoy si exponés en un museo o en un centro reconocido de artes y tenés una gran inversión en publicidad, por más que seas un desastre ya estás aceptado. Basta mirar a nuestro alrrededor.

 

En éstas condiciones es realmente quijotesco intentar hacer arte, y en este país todo está más potenciado.

 

  • ¿Cómo convinás las nuevas tecnologías con el arte?

 

 

Hace siete meses que me encuentro haciendo un corto animado, en el que todo el proceso de dibujo está realizado directamente en el ordenador , con la ayuda de una pizarra magnética.
Hay que tener cuidado con la tecnológia, pues a todos nos deslumbra: puede confundirnos y dominarnos, en realidad tiene que ser una herramienta más para hacer nuestro trabajo. Lleva un tiempo comprender profundamente eso, y se ve reflejado en el trabajo.

  • Pasaste por la abstracción y por la figuración, ¿qué preferís después de la experiencia?.

 

 

Sí, he pasado por las dos instancias, y prefiero la figuración. Pero no creo perpetuarme en ella, quizás mañana ya mi sensibilidad tenga otras necesidades, ¿quien sabe?

  • ¿Cómo definirías a tu generación de artistas?

 

 

No tengo distancia para esa sentencia; en general, creo estan muy confundidos.

La buena memoria de los gauchos

taller

Francisco, en su taller, en General Madariaga, Provincia de Buenos Aires

Francisco Madero Marenco es un jóven pintor de apenas 28 años. Nieto del gran pintor argentino Eleodoro Marenco, Francisco continúa el rescate de las costumbres rurales del gaucho y de los caballos.

    • ¿Cómo empezaste a pintar y más o menos a qué edad? ¿Estudiaste pintura?

Empecé de muy chico: ya en los primeros grados de primaria me la pasaba dibujando en clase. Siempre mis compañeros me pedían que les haga dibujos y mis padres ya decían que había salido a mi abuelo por la habilidad que tenÍa. A los 10 años comencé a pintar con pastel, y mi abuelo en su última exposición de 1991 me ofreció exponer dos obras mías, junto a una de mi madre y otra de mi tío, es algo de familia creo. No estudie pintura, porque como era chico, le dijeron a mamá que dejara que me desarrolle primero solo y que de más grande si quería estudiara. Y lo que paso, es que de mas grande, me incliné más por estudiar el campo, los caballos, temas costumbristas y temas históricos, y todo eso hizo que dejara un poco de lado el estudio de la técnica de la pintura.

    • ¿Siempre te dedicaste a las pinturas costumbristas o alguna vez incursionaste en otro tipo de expresión?

Durante algunos años, cuando empecé a pintar con pastel, pinté cabezas de perros y de caballos. Eso fue del año 90 al 96, después seguí con el dibujo de temas tradicionales, exclusivamente. Y en el año 1998 incursioné en la pintura con óleo hasta hoy en día: sólo pinto sobre temas del campo argentino del siglo XIX y principios del XX. De hecho pinto sólo porque me interesa ese tema, sino no pintaría.

pinturaUno de sus últimos óleos: un gaucho cruza una cañada con su tropilla de bayos.

    • La mayoría de los artistas de tu edad se dedican a otro tipo de pintura, ¿cómo afrontás el desafío de seguir apostando por la tradición argentina?

Es algo que llevo adentro y me hace feliz poder hacerlo. El desafío es ir aprendiendo cada día más sobre nuestras tradiciones, para poder mostrarlas de la forma más fiel y más cercana a la realidad de cómo fueron las cosas. Hay muchos temas en los que se ha distorsionado bastante la realidad. En muchos casos, se deformó tanto la historia, que el desafío más grande es tratar de saber cuál fue la verdad. Por ejemplo, el ” gaucho” no está tan bien visto en el común de la gente como el “indio”, es como que está de moda ser indigenista. No tengo nada contra los indios, pero sepamos quién fue quién y cómo era cada uno… Esto pasa, creo, por ignorancia, la gente repite pero la mayoría nunca se detuvo a estudiar el tema. Por eso hay que ser cuidadoso y siempre investigar lo máximo posible.

    • Tu temática gira siempre alrededor del hombre de campo. Ante la crisis política que vivimos, ¿cómo fue tu compromiso con el sector que representás?

Bueno, yo estudié la carrera Economía y Administración Agrarias en la UBA, y además de vivir en el campo administro un campo de cría. Así que estoy bastante vinculado a la realidad productiva del sector.

Durante la parte más dura del conflicto, estuve en forma activa en Gral. Madariaga organizando, junto con otros auto convocados y la Sociedad Rural, entregando panfletos informativos en la rotonda y en las movilizaciones. Creo que esta vez, vimos que si nos logramos organizar y unir, podemos lograr muchas cosas. Igualmente, la situación es muy complicada con este tipo de gobiernos autistas, demagógicos, dictatoriales que se quieren hacer ver como democráticos….

    • Hablando de tus pinturas, ¿en qué te parecés y en qué te diferencias de Eleodoro Marenco?

Creo que lo más parecido son los temas en sí, no tanto en la técnica de la pintura. Además yo solo pinto con óleo, mientras que mi abuelo pintó con casi todas las técnicas. En mi opinión, sus acuarelas son impresionantes y son donde él se desarrolló más. Y, me diferencio también por una cuestión de tiempo: él pintó con óleo ya de grande, mientras que dibujaba y pintaba con acuarelas ya desde muy chico. En esto el también fue autodidacta.

Lo que no logré, ni tampoco ninguno de los pintores costumbristas existentes, es darles a las figuras el movimiento que él les daba, tanto a gauchos como a caballos. Él lograba sentar a un paisano de a caballo como nadie.

plaza

El 11 de noviembre último, a caballo, en la reciente inauguracion de la plaza Eleodoro Marenco, en las calles Yrupé, Cosquin, Amancay y Monte, en el barrio de Mataderos.

dibujoMítico dibujo de un criollo, realizado por Eleodoro Marenco.

    • ¿Salís al campo a retratar o pintás tomando como base las costumbres que ya conocés?

Pinto en mi taller sólamente, en mi casa, pero mi base de inspiración es una combinación de varias cosas: lo que veo, lo que me imagino sobre lo que estoy viendo: de cómo habrá sido antes un lugar o las distintas escenas que se me van ocurriendo, y también obviamente lo que leo. Siempre usando documentación, ya sea escrita o fotográfica, de archivos o museos.

tallermEl taller y los óleos

    • Muchos de tus cuadros son imágenes de la historia del campo argentino y de sus protagonistas, de sus gauchos, arrieros, caballadas. Pasaron los años y el campo cambió, aunque mucho de todo aquello siga vivo, ¿te interesa retratar ese cambio?

Me interesa la evolución, pero sólo hasta la etapa en que se va perdiendo la existencia del Gaucho, que es la base de mi interés. Sería hasta que se acabaron los últimos reseros, que fueron la última expresión del Gaucho. No me interesa pintar el campo argentino hoy. Quizás lo haga alguien más adelante. Me interesa rescatar algo que hemos dejado que se vaya perdiendo…que es nuestra tradición y los valores que encierra la figura del gaucho. Como decía mi abuelo:”no hay que sobredimensionarlo…pero tampoco hay que olvidarlo, ya que el gaucho dio todo sin pedir nunca nada a cambio”.

    • ¿Qué proyectos artísticos tenés para el futuro?

Primero, seguir en ésto, tratando de mejorar cada día. Con respecto a proyectos concretos, trato de realizar una exposición en Capital Federal todos los años. También, intento participar en muestras en el interior, en exposiciones rurales o fiestas de alguna ciudad o pueblo, como Tandil, Tapalque, Rafaela, Rosario, Córdoba y otros lugares más, para difundirlo por todo el país. Y el año que viene voy a realizar, además de la de acá, una exposición en una galería de arte que tiene la Embajada Argentina en París, así que hay que trabajar duro, siempre con pasión y muy agradecido a Dios de poder hacerlo.

[Youtube=http://youtu.be/fE9LjgejhJ8]