T. S. Eliot, la verdad y la comunicación

(…) ¿Y debería entonces presumir?

¿Y cómo debería empezar?

 

¿Diré, que he ido en el crepúsculo a través de estrechas calles

Y observado el humo que se alza de las pipas

De hombres solitarios en mangas de camisa, asomándose por las ventanas?

 

Yo debí haber sido un par de garras rotas

Barrenando el suelo de mares silenciosos.

 

Y la tarde, la noche, ¡duerme tan apacible!

Suavizada por largos dedos,

Dormida… cansada… o finge,

Estirada en el suelo, aquí entre tú y yo.

¿Debería, después del té, los bizcochos y los helados,

Tener la fuerza de forzar el momento hasta su crisis?

Pero aunque he llorado y apresurado, llorado y orado,

Aunque he visto mi cabeza (haciéndose ligeramente calva) traída en una bandeja,

No soy profeta, y aquí no hay gran asunto;

He visto el momento de mi grandeza vacilar,

Y he visto el eterno Lacayo agarrar mi abrigo, y reír disimuladamente,

Y en pocas palabras, tuve miedo.

 

Y hubiese valido la pena, después de todo,

Después de las tasas, la mermelada, el té, entre porcelana,

Entre alguna conversación entre tú y yo,

Hubiese valido la pena,

haber penetrado el asunto con una sonrisa,

Haber comprimido el universo en una bola

Y hacerla rodar hacia alguna pregunta abrumadora,

y decir: “Soy Lázaro, vengo de los muertos,

Vengo a decírtelo todo, todo te lo diré”.

Si uno poniéndose una almohada en su cabeza,

Dijese: “Eso no es lo que quise decir del todo.

No es esto de ninguna manera.”

T. S. Eliot. en La canción de amor de Alfred Prufrock.

Eliot, T. S. (1989). Poesía completa. Traducción: Fernando Vargas. Santo Domingo, República Dominicana: Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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Feliz cumpleaños, …morisqueta

Oh! it is absurd to have a hard and fast rule about what one should read and what one shouldn’t. More than a half of modern culture depends on what one shouldn’t read.

Algernon, en The importance of being Earnest, de Oscar Wilde.

Hace diez años, un 28 de mayo de 2008, nacía este blog. Empezó como parte de los trabajos prácticos de la cátedra de Marita Grillo, que yo cursaba en ese entonces. A partir de ese momento y con periodicidad variable, fui publicando textos, artículos e imágenes. Este sitio retrata mis olvidos y persistencias.

Si tuviera que eligir el carácter de …morisqueta – ese fue siempre su nombre, con los puntos suspensivos imposibles al comienzo- sería el de un gabinete de curiosidades. Los lectores de esta expresión son un puñado de amigos y alumnos, locales en su mayor parte, pero también algunos en Estados Unidos, España e Italia, más los familiares de la Argentina y Austria. Acaso esa lectura amiga sea el mayor valor de esta página.

…morisqueta tuvo sus momentos de brillo: la invitación de Santiago Alonso al ciclo de sitios de interés cultural del CCC-SADE o su aparición, a instancias de Mario Orsini, en una lista de bitácoras culturales de latinoamérica, propiciada por IguAnalista. Casi siempre, el fasto le fue ajeno y mantuvo su carácter de sumidero discursivo: aquí figuran, en enlaces, artículos, entrevistas e imágenes, todo lo que he escrito dentro y fuera de internet, a excepción de algunas notas publicadas en las revistas del Grupo Keep Rolling. Todos esos “juegos del lenguaje” resuenan todavía en el salón.

Muchos de los visitantes esporádicos de este blog han llegado googleando “cómo se prepara la morisqueta” o cosas por el estilo. Morisqueta es el nombre de una comida filipina, pero morisqueta significa también mueca burlona: “ardid o treta propia de moros”, me sugiere el DRAE. Varias veces me contuve de cambiarle el nombre. Supongo que en el fondo me gusta esta afirmación de desenfado. Escribir un blog es también un modo de aprender algo sobre el silencio.

Por más años de expresión y amistad, entonces. Feliz cumpleaños, …morisqueta.

Poemas sobre Roma, de Rafael Alberti #Italia

“La Roma, en fin, antioficial y antimonumental, la más antigoethiana que pueda imaginarse.” Vittorio Bodini (Bari, 1914 – Roma, 1970).

Sacerdote, Rafael Alberti

Lo que dejé por ti 

Ah! cchi nun vede sta parte de monno

Nun za nnemanco pe cche cossa e nato.

G. G. Belli

Dejé por ti mis bosques, mi perdida

arboleda, mis perros desvelados,

mis capitales años desterrados

hasta casi el invierno de la vida.

 

Dejé un temblor, dejé una sacudida,

un resplandor de fuegos no apagados,

dejé mi sombra en los desesperados

ojos sangrantes de la despedida.

 

Dejé palomas tristes junto a un río,

caballos sobre el sol de las arenas,

dejé de oler la mar, dejé de verte.

 

Dejé por ti todo lo que era mío.

Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,

tanto como dejé para tenerte.

 

Cometa

Me salí antes del alba para ver el cometa.

Desde los puentes contemplé la luna,

buscando por el cielo.

Nadie miraba. Despertaba Roma.

Las hojas del otoño por las calles,

a lo largo del Tíber,  se movían más lentas

que los recién despiertos transeúntes

que sin mirar al cielo caminaban.

Quizás yo fuera el único

que había salido para mirar algo

aquella madrugada, en toda Roma.

 

Lagartija 

Lagartija romana,

al sol por los tejados.

¿Bajo qué humilde teja

escondes tu palacio?

 

Ya eres de bronce verde,

ya de oro azul opaco.

¿De qué orfebre has salido,

en qué cuello has soñado?

 

Fija, miras el cielo,

los árboles lejanos,

las torres y las cúpulas,

los muros agrietados.

Luego, graciosamente,

te alejas, paseando.

 

Nocturno 

Está vacía Roma, de pronto. Está sin nadie.

Solo piedras y grietas. Soledad y silencio.

Hoy la terrible madre de todos los ruidos

yace ante mí callada igual que un camposanto.

Como un borracho, a tumbos, ando no sé por dónde.

Me he quedado sin sombra, porque todo está a oscuras.

La busco y no la encuentro. Es la primera noche

de mi vida en que ha huido la sombra de mi lado.

No adivino las puertas, no adivino los muros.

Todo es como una inmensa catacumba cerrada.

Ha muerto el agua, han muerto las voces y los pasos.

No sé quién soy e ignoro hacia dónde camino.

La sangre se me agolpa en mitad de la lengua.

Roma me sabe a sangre y a borbotó la escupo.

Cruje, salta, se rompe, se derrumba, se cae.

Solo un hoyo vacío me avisa en las tinieblas

lo que me está esperando.

 

Peligro 

De las ventanas vacías,

la voz de los siglos muertos

baja, callada, en la noche.

Pero al lado vive alguien,

algunos que están durmiendo,

tranquilamente en alcobas

que han salvado de la muerte.

Más hay siempre la amenaza

de un esqueleto astillado

que no duerme.

 

1

El agua de las fuentes innumerables. Duermo

oyendo su infinito

resonar. Agua es

aquí en Roma mi sueño.

2

Sigue charlando el agua de las fuentes

completamente ajena

a todo, indiferente.

Lo que dice es tan solo lo que suena.

3

Agua de Roma para mi destierro,

para mi corazón

fuera de sus dominios tantas veces.

4

Agua de Roma para mis insomnios,

esos largos oscuros en que pueblo los techos

de mí, mudas imágenes,

que apenas si conozco.

Agua para los pobres, los mendigos

esos que se abandonan al borde de las fuentes

y se quedan dormidos.

Agua para los perros vagabundos,

para todas las bocas sedientas, de pasada,

agua para las flores y los pájaros,

para los peces silenciosos, agua

para el cielo volcado con sus nubes,

con su luna, su sol y sus estrellas.

Pero sobre todo,

agua solo sonido, repetición constante,

agua sueño sin fin,

agua eterna de Roma.

Agua.

San Pedro, Rafael Alberti

Alberti, R. (1968). Roma, peligro de caminantes. Cádiz, Ediciones del Litoral. 

Hacia una definición de Cultura, de T. S. Eliot

“My aim is to help to define a Word, the word culture.”

“Mi objetivo es ayudar a definir una palabra, la palabra ‘cultura’.”

T. S. Eliot

Este ensayo del poeta T. S. Eliot comienza con la entrada del Oxford English Dictionary sobre la palabra Definición. En traducción propia: “el establecimiento (o configuración) de los límites. Delimitación (raro) – 1483.

 

Eliot 6, Definition of Culture

“La cultura podría incluso ser descrita simplemente como aquello que hace que valga la pena vivir.”

Eliot, T. S. (1948). Notes towords the Definition of Culture. London: Faber and Faber Limited.

 

El amigo lector y el lector amigo

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Hace pocos días, mi amigo Baldrich me envió esta foto que tomó durante la Noche de las Librerías. La imagen me causó alegría y diversión, y me hizo pensar en esto: en un tiempo de audiencias y mediciones, de impacto y difusión viral, ojalá nuestras creaciones fueran una oportunidad para pasar del intercambio de mercado al intercambio en comunidad. Y esto sin connotaciones económicas, más bien místicas: común unión en las palabras, en la Palabra.

“Mi hipótesis de un museo se confirmaba”

En la novela La máquina del tiempo (1895), H. G. Wells imaginó una Inglaterra futura en la que el hombre había alcanzado pleno dominio de la naturaleza sin lograr evitar la crueldad. En medio de un paisaje extraordinario, el viajero del tiempo divisa un palacio imponente pero ruinoso, en cuyo interior encuentra cajas de cristal, vitrinas, frascos y fósiles: típicos objetos de un  gabinete de ciencia del siglo XIX. El escritor no imaginó, por descuido o prudencia, la evolución de los museos en los siglos venideros. En aquel futuro de la novela, la consumación del progreso había hecho innecesaria la memoria. Solamente los morlocks, terroríficas criaturas que poblaban el mundo, anidaban en medio de las ruinas del museo.

Cuentos de Navidad

Los cuentos de Navidad funcionan de este modo: una acción, a menudo poco más que una anécdota o un sueño, ocurre sobre el escenario de un drama mayor, la Navidad. Por lo general, el lector conoce el “significado” de la Navidad, pero la anécdota del cuento lo reconduce al “Suceso”. Parece sencillo, pero los cuentos de Navidad comparten su propósito con la teología.

En algunos de estos relatos, como “Cuento de Navidad”, de Dino Buzzati, aparece, de pronto, la poesía:

“Sobre los prados y las hileras de morera, ondeaba Dios, como esperando.”

 

Fin de clases #Discurso

Hace ya un par de años que en la Cátedra de Análisis del Discurso de la Universidad Austral me toca cerrar el año con A sangre fría, de Truman Capote, el exponente de lo que su autor llamó la non fiction novel. Desde agosto, con Damián, Marité y Sara, recorrimos las unidades introductorias para comprender la comunicación desde los discursos, y luego recorrer, unidad por unidad, enunciados específicos.

La non fiction novel es un género que consiste, básicamente, en narrar de forma literaria hechos reales. Capote escribió esta obra entre los años 1965 y 1966. En la Argentina,  Rodolfo Walsh había publicado Operación masacre en 1957. No se trata de quién fue primero. Es asombroso que en diversas partes del mundo, aquellos que trabajaban con las palabras estuvieran encontrando soluciones semejantes para contar los acontecimientos.

También me asombra por lo que significaron aquellos años en la historia de los estudios del lenguaje: pos giro lingüístico, plena etapa pragmática, los filósofos de Oxford inquietos por la acción de las palabras y no solo por la referencia, y la todavía reciente conversión de Wittgenstein con sus Investigaciones filosóficas. Podría continuarse con los paralelismos y asomarse a otros jardines de las humanidades. Menuda tentación. Los alumnos nos salvan de semejante zozobra.

Con A sangre fría me sucede algo particular: no es una de mis obras preferidas, sin embargo reconozco la maestría de Capote para escribirlo y estructurar el relato. Como pocas obras, al leerla en castellano me parece evidente que fue escrita en inglés. Pienso que no pudo haber sido de otro modo. A riesgo de sonar Sapir – Whorfiana, los campos de trigo de Kansas tiemblan únicamente de ese modo en la lengua de Capote.

Como pocas novelas, A sangre fría funciona discursivamente. No solo por la etapa pretextual antes de la dispositio, las investigaciones de Capote para reunir los testimonios, sino porque la obra se transforma con el tiempo: si en la década de los sesenta fue leída como un texto periodístico sobre un drama reciente, hoy puede leérsela como un texto histórico.

Una de las cosas más interesantes de esta obra es la intersección de tres horizontes: el de la familia Clutter, granjeros adventistas, víctimas puras; el de los dos asesinos, propios de una road movie, residuo pop- folk de una sociedad próspera y víctimas impuras, y el horizonte del propio Capote, que aunque hubiera nacido en Alabama, era un neoyorquino.

Sucede algo hermoso con esto: no aparecen juicios apresurados de Capote a lo largo del relato, ni se morigeran la saña y el espanto. Quizás confió lo suficiente en el lector como para delegarle la reflexión. Cuando se llega al final de la obra, se comprende algo más del complejo corazón humano. Esa es, me parece, la principal virtud de este libro. Si el pacto de lectura del periodismo se relaciona con la credibilidad, el de la non fiction novel gira en torno del sentido.

Los asesinos, de una crueldad inusitada e incomprensible, son sentenciados a la pena capital. Capote sugiere una sola pista, el epígrafe de la Balada de los ahorcados, del poeta maldito francés François Villon, en el siglo XV, que en casi todas las ediciones suele permanecer en francés y que con los alumnos trajimos al castellano:

Hermanos, quienes aún siguen con vida,
no tengan con nosotros el corazón demasiado duro,
porque si muestran piedad con estos pobres,
Dios no lo olvidará y será clemente.