Lecturas del Siglo XXI

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Publicado en TheObjective.com 

En su cuento “Pierre Menard, autor del Quijote”, Borges imaginó a un escritor cuya mayor ansia radicaba en reescribir el Quijote de la Mancha. No simplemente copiarlo. Pretendía, en cambio, replicar la exacta inspiración de Cervantes y volver a concretar su creación. Para eso debía hacerse primero con las vivencias del escritor español, cruzada, esta, al menos engorrosa para un autor del siglo XX. El método imposible de Pierre Menard consistía en ser Miguel de Cervantes.

No resulta extraño que Borges señalara esa etapa anterior a la escritura, esa “arquitectura” o “atmósfera general” – como la llamó Chesterton – que comienza a formarse durante la infancia y desde la cual los artistas crean. Es este el terreno de la inspiración que le es propio y realmente personal a un autor, algo así como un ADN creativo que lo asemeja y diferencia a otros, el humus vivencial desde donde brotan los relatos y la estética. Así, por ejemplo, la mirada de Poe, herida y lúgubre, que gustaba en detenerse en livideces y terciopelos, se emparenta con la Baudelaire, pero contrasta, otro ejemplo, con las brillantes visiones marítimas de Stevenson e incluso con Hyde.

Era aquella perspectiva anterior de Cervantes la que Menard debía conjurar para poder animar a Don Quijote. Quimera digna del caballero de la Mancha, anacrónica aventura de un literato o la descripción del lector: posiblemente Borges haya jugado con estos propósitos y con nosotros mismos para llegar a la conclusión de Quevedo y tantos otros. La lectura consiste en transitar por la geografía interior de otros hombres, quizás ya difuntos, y regresar humanamente enriquecidos. Lo repite Jesucristo, singular varón de parábolas, desde hace más de dos mil años: “de la abundancia del corazón, habla la boca”.

Apuntes sobre comunicación y literatura

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La idea de continuidad libera a la literatura de dos tentaciones: el afán estéril de anclarla en el pasado, y la intención meramente disruptiva que a menudo transforma al arte contemporáneo en un terreno de vanidades donde la novedad se erige como valor y búsqueda fundamental. Para Instituto Acton.

¿Sómos nuestros relatos? O quizás solamente nos parecemos a ellos, y a veces también los olvidamos. En la literatura de cada país y época se encuentran recurrencias que explican la identidad de los pueblos. Dos clásicos de la literatura argentina narran la necesidad de asumir al otro como algo propio. Releer esos mapas sirve para contrastar los rumbos. Para Instituto Acton.

¿Cómo escribimos hoy en día en la web y para qué usamos la escritura? Para Revista Complejidad.

La suerte de la relectura

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Para The Objective.com 

Hay libros que se recuerdan como una casa a la que siempre se podrá volver. Pero solo algunos superan la prueba de ese retorno. Existen dos tipos de relatos, además de todas las tipologías realizadas a lo largo de la entera historia de la literatura: aquellos que soportan una re-lectura y aquellos que no.

Lo segundo sucede muy seguido. Lo que nos había parecido una trama desmesurada, un amor intrigante o unos personajes verdaderamente acabados, se transforma de pronto en clichés, romances simplones y máscaras. No quiere decir que fueran malos o estuvieran mal escritos, solo que ya no son para nosotros, como unos zapatos pequeños o un castillo de muñecas. Los extensos salones ahora son estrechos como corredores. Lo que habíamos percibido como campo abierto es un rincón del jardín de la casa de la infancia.

A veces, en cambio, ocurre lo contrario, y entonces recorremos los renglones reconociendo indicios y recordando antiguas percepciones, pero descubriendo también nuevos paisajes solo perceptibles con la mirada aguzada de los años.

Se descubre que la aventura no solamente se sostenía por espadas y yelmos, y en cambio había un trasfondo de fuerzas que con la primera lectura no habíamos alcanzado; que la historia de amor no tenía únicamente el atractivo de un romance cualquiera, sino que respondía al complejo y sencillo misterio del amor humano, que los personajes no eran tan solo fantasías, y en cambio los quisimos, mucho o poco, porque nos hablaban, algunos con voz potente otros con susurros, de nosotros mismos.

La fantasía como un derecho humano

La fantasía como un derecho humano

Por Felicitas Casillo para el Instituto Acton Argentina. / Diciembre 2014

En su Ensayo Sobre los Cuentos de Hadas, J.R.R. Tolkien defendía la evasión que propicia la fantasía no como un escapismo sino como un camino para transformar la realidad.

Como resultado de una visión exclusivamente psicoanalítica, en occidente la palabra evasión connota huida, escapismo, negación, y otros vocablos asociados a la incapacidad de enfrentar la realidad. El que se evade, según esta noción, es aquel que no enfrenta los problemas de sus días y por esa misma razón no puede resolverlos. Sin embargo, existe otra definición de esta palabra, ligada a la creatividad y al arte: la evasión entendida como el acceso a un mundo fantástico que nos devuelve a la vida real, no cegados ni adormecidos, sino que por el contrario, alertas y activos.

Los días amarillos y sus noches

28 de octubre de 2014. Buenos Aires, tarde después de una tormenta.

A veces los días son amarillos. Las paredes blancas parecen entonces ambarinas, y el cielo, entre rosado y gris. Dura solo unos momentos. Quizás una hora, cuando amaina una tormenta. Después en seguida atardece y llega la noche con la oscuridad que pensamos uniforme. Cae, decimos, la noche. No caen los días, ni las mañanas. Cae la noche, trastabilla como una viuda. Los brillos de vidrios, semáforos, faroles y fuegos, se anulan con nuestros adjetivos. No matizamos. La noche negra, repetimos, y olvidamos esos tajos de claridad que la vuelven imperfecta.

Pero también, como los días, hay noches amarillas: el talón de la dama. Entonces, desde la distancia de nuestros ojos hasta la vereda adivinamos de pronto un entarimado, como si la ciudad fuera un escenario. Bajan las luces en las esquinas desde el cablerío donde cuelgan los faroles. Desaparece una silueta tras un portón. No llegamos tarde porque, ¿nos dirigimos hacia alguna parte? Una mano nos aprieta los pulmones contra el esternón. Corazonada, le dicen algunos, pero consiste en saber que moriremos todos.

Conozco algunos que huyen de los días amarillos y de sus noches: de los perfumes que nos regresan a otras estaciones de años idos, como si fuéramos esos pequeños autos que los niños llevan una y otra vez hacia atrás para que se lancen a la carrera con sus engranajes automáticos. Los perfumes son los niños, y los días amarillos y sus noches, ese cuarto de juegos que espera la leche de las cinco con vainillas.

Conozco tantos que huirían de este pulso que señala el fin, que sugiere sin pausa que trastabillará una dama, y que la dama nos preguntará la hora, con esa voz de catarro, de haber tomado frío, de ser pobre y gastar siempre un mismo vestido. Pocos verán la tela negra girando en el aire, como hongos de tinta desenvolviéndose en el agua, y las manos dulces adelantándose al piso. Pocos, muy pocos, verán en el dolor los días amarillos.

Evasión no es neurosis

The true artist

“He alegado que la Evasión es una de las principales funciones de los cuentos de hadas y, puesto que no los desapruebo, está claro que no acepto el tono peyorativo o condescendiente con el que tan a menudo se emplea hoy en día el término Evasión. Tono que no está en absoluto justificado por los usos de esta palabra fuera del ámbito de la crítica literaria. La Evasión es evidentemente muy práctica por regla general y puede incluso resultar heroica en la Vida Real, como gustan llamarla los que usan mal el término. En la vida real es difícil reprocharle nada, a menos que se malogre. En el campo de la crítica, cuanto más éxito tenga, peor. Es evidente que nos enfrentamos a un uso erróneo de las palabras y al mismo tiempo a una confusión de ideas. ¿Por qué ha de despreciarse a la persona que, estando en prisión, intenta fugarse y regresar a casa? Y en caso de no lograrlo, ¿por qué ha de despreciársela si piensa y habla de otros temas que no sean carceleros y rejas? El mundo exterior no ha dejado de ser real porque el prisionero no pueda verlo. Los críticos han elegido una palabra inapropiada cuando utilizan el término Evasión en la forma en que lo hacen; y lo que es peor, están confundiendo, y no siempre con buena voluntad, la Evasión del prisionero con la huida del desertor. De la misma manera, un Portavoz del Partido habría calificado de traidor al que tan solo criticara o al que escapara de las penalidades del Reich del Führer o de cualquier otro Reich.”

J. R. R. Tolkien, Sobre los cuentos de hadas.

Bajo el libre cielo

Joyas / Pupas tejidas por insectos - Hubert Duprat

Generalmente Facundovich no lee. Me sigue las conversaciones sobre literatura con la paciencia de una abuela. Suele, sin embargo, acertar más que yo, y más de una vez me sugirió algún argumento o me recomendó títulos valiosos. Al principio me molestaba un poco esa sapiencia natural que tiene, el comentario siempre justo, el consejo indicado aunque a veces incómodo, pero con el tiempo me acostumbré. Se lo conté un día, y él se frenó repentinamente sobre la vereda, alzó sus rasgos de ícono ruso y largó una carcajada. Un enredo de gorriones pasó rozándonos las cabezas. No me quedé esperándolo. A veces creo que me mira con asombro, como si yo le recordara a alguien.

 “Arrójate fuera de ese frágil y mezquino escenario donde se está siempre representando tu propio enredo, y verás: de pronto, bajo el libre cielo, te encontrarás paseando con toda tranquilidad por en medio de una calle espléndidamente poblada de individuos que te son extraños.”

G. K. Chesterton 

Foto: Joyas / Pupas tejidas por larvas de insectos. Experimento del artista francés Hubert Duprat. Realizadas con limaduras de monedas, mostacillas y piedras.

El Nombre

Borges lo intuyó: el rabino de Praga no pudo hallarse en el Golem como sí en cambio se reflejaron Fierro y Cruz.

“(…) única escritura

nunca rehecha por nadie,

la de Aquel

que escribió en la arena, ganada

por el viento, embrujante poesía

de lo eternamente indescifrable.”

Poemas selectos, Alberto Girri 

“El mar a la tierra pregunta tu nombre,

la tierra a las aves que tienden su vuelo;

las aves lo ignoran; preguntan al hombre,

y el hombre lo ignora; pregúntanlo al cielo.

El mar con sus ecos ha siglos que ensaya

formar ese nombre y el mar no penetra

misterios tan hondos, muriendo en la playa,

sin que oigan los siglos o sílaba o letra.”

Himno, Vísperas, SII.

Al río las cenizas

“Cuando era muy chica iba a pasear con otros niños por los campos. Muy cerca de Domrémy hay un árbol llamado el Árbol de las Damas al cual otros llaman el Árbol de las Hadas… es un árbol enorme al que también llaman Hermoso Mayo. A la sombra del Hermoso Mayo tejíamos coronas para nuestra Señora de Domrémy y las colgábamos en sus ramas.”  Memorias de Santa Juana de Arco. 

“(…) mandaron a los soldados que tiraran sus restos a las aguas del Sena. Y ellos arrojaron al río las cenizas de esta doncella (…).” Juana de Arco, de H. Belloc. 

Sena- París

Literatura e industria: sensatez y sentimientos

Alvear y ministro de guerra

Creo que nunca hablé en este blog sobre la “crisis del libro”. No es un tema en realidad que me apasione, pero por diversas cuestiones, lo sigo. Me recuerda, este debate, a las dos hermanas de Sensatez y Sentimientos: aviso que la comparación funciona exactamente al revés de lo que podría pensarse en un primer momento. La industria se pasa de romántica, mientras que la literatura, a fuerza de golpe, tiene la fortaleza de una madre de entreguerras.

Una cosa me llama mucho la atención: en un mundo en el que prospera el relativismo, el “para vos es verdad esto, y para mí la verdad es esto otro”; en un mundo así, las industrias han asumido el papel de lanzar verdades absolutas: “el epub reemplazará el libro; el libro morirá; la gente dejará de leer; el libro nunca morirá; los e-readeres producen cáncer” (sic, este último, de un conocido editor en la Feria del Libro de Buenos Aires), y siguen las verdades tajantes con respecto al tema. Ni qué hablar del derrape en las ventas.

Marshall McLuhan, en su reconocido volumen “El medio es el mensaje”, decía que los usuarios y consumidores tendemos a prestar demasiada atención al contenido y menos a la forma, al dispositivo. Según McLuhan el contenido de la televisión, por ejemplo, lo que realmente nos influye, estaba no tanto en los argumentos de las series, sino en las particularidades del artefacto. Y McLuhan tenía razón, pero los tiempos han cambiado, y hoy en día permanecemos obnubilados por la ventaja técnica de los dispositivos – aunque no quiere decir esto que seamos conscientes de sus efectos-, y, en cambio, relegamos los contenidos a la intuición o a los números de venta.

Ojalá la historia de la industria y de la literatura terminara, en beneficio de ambas hermanas, como el relato de Jane Austen.

*La foto es del Presidente Alvear, en Mar del Plata, conversando con su Ministro de Guerra. Alvear es el de la bata.

No fuimos justos con Ricardo

“Canta sin preocuparte de los otros que cantaron.

¿Quieres ser original?

¿Buscas lo que no se ha dicho?

¿Huyes de lo que es humano? ¡Vanidad!

Hurga en tu alma y no corras tras vanos penachos de orgullo.

Canta con todos los poros de tu alma.

Sé sincero.

Así dirás lo que te es personal y lo que nos es común.

Así el hombre al leerte dirá:

‘Esto es muy suyo. Esto es muy nuestro'”

R. G.

A Ricardo Güiraldes lo leímos en el colegio. El programa se limita al título Don Segundo Sombra y a una visita a San Antonio de Areco, el pueblo donde transcurre la historia. Se debate todavía sobre si es una novela de gauchos escrita por un estanciero, a diferencia del Martín Fierro donde (parece) es el mismo gaucho el que canta.

Pero no fuimos justos con Ricardo (aunque la justicia en literatura es literatura). Por dos razones no fuimos justos: lo limitamos a lo gauchesco, cuando sus historias expresan dramas universales. (Drama universal es una expresión horrible y gastada, pero quiero decir exactamente eso.) Güiraldes tuvo algo de Dostoyevski, algo de ruso estepario, atormentado por la sospecha de un destino más grande que su presente. Y fuimos también injustos porque limitándolo a la temática costumbrista nos perdemos de apreciar ese entramado cuidadoso con el que narra: disponiendo las frases como si se tratara de dormir fieras en una vitrina para que no se nos vengan encima. Abran al azar Don Segundo o Raucho y van a ver que esa escritura alegra el corazón.

Hay unos libritos suyos de poemas, angostos y desconocidos: Poemas místicos, El sendero, entre algunos otros. Lo adivino, a través del tiempo y la distancia, durante alguna tarde de domingo, vencido de tristeza y vicio, mucho más grande, Ricardo, que la memoria con la que te perdimos.

4. INFINITO

Mi Dios.

Bajo tu amparo escribo.

Por mi boca tan chica se empequeñece tu amor por las cosas que están en Ti sin disminuirte.

Tu palabra en mi se reduce, y yo en Ti me agrando.

Pobre cosa tuya sufro de sobrarme a mí mismo,

y mi alma camina en la frase como un ciego lleno de luz.

Dame tu ley para que así crezca hasta merecer nombrarte.

Sobre sonetos y emoticones

Por cuestiones laborales estoy leyendo ahora varios textos que se relacionen con internet. Según, Internet, la imprenta del siglo XXI, de Alejandro Piscitelli, lo que la mayoría de los usuarios conoce de la red es apenas su epidermis, y la gran masa de información es la “internet profunda”, no navegable, datos, unos y ceros, un mapa que visto sobre un papel parece el calco de una galaxia.

Algunos apocalípticos vaticinan que la etapa del libro impreso sería en la entera historia de la humanidad apenas un breve lapso. Antiguamente la formas creativas propias de la oralidad tenían, entre otros fines, el de propiciar la memoria. La imprenta, y antes el manuscrito, liberó al hombre de la necesidad de recordarlo todo y favoreció el pensamiento lineal. Internet parece regresar al origen pero de un modo distinto. La escritura se asemeja cada vez más a la oralidad. “Escritura ideofonemática”, la llamó Cassany. Sin embargo, ahora lo que importa recordar no son los mitos y las leyendas. Beatriz Sarlo sugirió en La Audacia y el cálculo, que la web “es una enorme memoria colectiva que padece Alzheimer”. En cambio, producimos para construirnos y para que no se olviden de nosotros. La comunicación interpersonal es la protagonista indiscutida.

Entre tanto cambio y vaticinio de desastre total o de renacimiento más total aún, leí un soneto de Shakespeare que busca la razón de la forma no tanto en la cambiante posibilidad técnica sino en los amores, pasiones y miedos humanos, siempre insistentes a través de la historia. La traducción que leí es esta:

Soneto LXXVI

¿Por qué mis versos no se ajustan a las modas,

no usan artificios y variaciones rebeldes?

¿Por qué al escribir no me inclino

a nuevos atavíos del lenguaje?

¿Por qué escribo siempre de una sola cosa

y envuelvo mis intenciones con las mismas vestiduras

tanto, que cada palabra mía es como si pregonara

mi nombre y revelara mi nacimiento?

¡Oh! Debes saber, dulce amor, que siempre sobre ti escribo;

que vos sois mi eterno tema.

Todo mi arte es volver sobre palabras viejas

para nombrarte una y otra vez ¡siempre!

Así como el sol, que es todos los días nuevo y viejo,

así mi amor te repetirá eternamente lo ya dicho.

Un arte misterioso

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El canadiense Michael O’Brian es el autor de El padre Elías, un libro que conquista, por su ritmo, temática y poesía. Fue escrito desde el corazón y depurado con inteligencia. Percibí esto aún antes de leer entrevistas al autor. Un libro inspirado e inspirador. Los fragmentos que siguen son una traducción de una carta de O’Brian – quien también es pintor- a los artistas cristianos. O’Brian demuestra que aunque a contracorriente, la religión es para un artista un terreno de misterio,  inspiración y alabanza, y sobre todo, de donación, donde a pesar de que lo esencial no es el éxito ni siquiera el mismo arte, las formas creativas logran una belleza profundamente humana, y redundan en un magnético atisbo de las realidades sobrenaturales. Alguien que no tenga fe quizás pensará que este es un lenguaje incomprensible, críptico, para seguidores, sin embargo allí está el gran arte sacro como una interrogación permanente, que aún en el siglo XXI elabora una respuesta y un sentido que permanece. Y aunque esto tampoco sea lo verdaderamente crucial, es esta una invitación fascinante que trasciende la caducidad cotidiana y la desesperanza que tan a menudo impregnan el arte contemporáneo.

Un salto adelante importante en mi crecimiento como escritor y pintor se produjo hace varios años cuando me encontré con un pasaje de Santo Tomás de Aquino en la Summa Theologica, en una sección sobre los santos ángeles. Estoy parafraseando, pero en esencia, decía que si una obra de arte tiene como fin glorificar a Dios y avanzar en el Reino, Dios envía un ángel para ayudar con la creación de la obra. Tenemos que pedirle esto a Dios. Él no nos obligará a nada.

Cuando concebí la idea de mi primera novela publicada, El padre Elías, fui a la iglesia parroquial local y consagré el sueño “imposible, no publicable ” a la voluntad de Dios. Recé ante el Santísimo Sacramento todos los días durante los ocho meses que lo escribí. Pregunté a diario al Espíritu Santo y a los ángeles. Por extraño que parezca (aunque no tan extraño en realidad) escribir el libro me resultó sumamente fácil. Por lo general, la escritura es un trabajo duro para mí. La pintura también, aunque no es tan complicado como un medio escrito.

También estoy convencido de que no hay que prestar mucha atención a las actuales normas sociales, tanto en la pintura y la escritura. Las normas culturales modernas están dominadas por una revolución filosófica que tiene la intención de separar lo sagrado de lo humano (quiero decir toda la verdad sobre la humanidad).

Vaya a la fuente misma. Vaya a Cristo y pida todo lo que necesita, pida por el crecimiento en la habilidad, por el espíritu de perseverancia, la fe y el coraje y el amor. Pregunte por un espíritu de discernimiento para encontrar su camino a través de la niebla de nuestros tiempos. Pregunte por la humildad y fidelidad, y por su capacidad para encarnar la verdad en formas hermosas. Ser un siervo de Aquel que es la fuente de toda belleza.

Su tarea será responder a la gracia y crear obras de arte que enriquezcan. Él se encargará del resto, según su santa voluntad.

No se inclinen ante el espíritu de este mundo, no importa cuán benevolente y razonablemente se presente. A través de los años he visto a tantos jóvenes talentosos perder sus dones cuando sucumbieron al escenario del falso éxito. Sus intenciones eran buenas, pero no entendían la naturaleza de esta lucha. Para estudiar son mejores los viejos maestros de todas las artes. Aprende de ellos, humildemente, obediente, sumiso (sub – missio , dentro de la misión). Dostoievski y Bloy y Flannery O’Connor; Rachmaninov y Gorecki y Bach y Eric Genuis; las películas de Andrei Tarkovski y Ermanno Olmi; los iconos de Andrei Rublev y las epifanías post – renacentistas de pintores como Rembrandt y Rouault. La lista es inagotable. Adelante, ¡a explorar!

A un sacerdote amigo mío le gusta decir ‘El Señor es una lámpara a mis pies, no es un reflector iluminando hasta una milla por delante’.

La sangre en el jardín

By Chris Crowley El crimen aquel hubiera quedado envuelto en el secreto durante mucho tiempo si no hubiera sido por la fuente central del jardín, que, después de realizado el asesinato, comenzó a echar agua muerta y sangrienta.

La correspondencia entre el disimulado crimen de dentro del palacio y la veta de agua rojiza sobre la taza repodrida de verdosidades, dio toda la clave de lo sucedido.

Ramón Gómez de la Serna: Los muertos, las muertas y Otras fantasmagorías (1933)

Libros que seguimos quemando

El siguiente artículo es una traducción del original escrito por Jerry Bowyer, en Forbes. Su título original es Burning Ray Bradbury: The Column I Most Regret Never Having Written. 20/11/2013 

Ray Bradbury

La columna que más lamento no haber escrito es sobre el libro Fahrenheit 451. Las columnas tienen un “gancho”, algo en las noticias que da relevancia a la columna, algún acontecimiento actual, que un escritor puede incluir en la columna. Pero Fahrenheit 451 no responde exactamente a algo actual, ni tampoco la película basada en ella: incluso el propio Bradbury murió hace más de un año. Entonces, ¿por qué escribo acerca de él ahora? Debido a la supresión de los temas religiosos en una nueva película basada en un clásico, es decir, Ender’s Game. Me recordó a lo que se hizo a la obra de Ray Bradbury hace una generación. Originalmente yo había escrito el material en esta columna como parte de una columna separada sobre la controversia de Ender’s Game*, pero al final decidí que este material podría sostenerse por sí mismo.

La novela de Ray Bradbury consistía en un futuro distópico en el que las ideas fueron suprimidas por una nueva clase de bomberos que en vez de apagar incendios, provocan incendios para quemar libros. Es un libro muy bueno, y una película bastante mala. Y una de las peores cosas de la película es que se comete el hecho que el libro condena, es decir, la supresión de un libro peligroso. El libro que suprime la película es la Biblia. Al final de la novela, Montag, un bombero quemador de libros, convertido en disidente, se introduce a una colonia de personas que conocen las grandes obras literarias. Pasan su vida recitando libros enteros de memoria y luego les enseñan a la próxima generación para que las palabras nunca se pierden.

Montag conoce a los hombres y mujeres que han memorizado Zola, Dickens y otros novelistas clásicos, y también conoce a alguien que ha aprendido de memoria el Evangelio según San Lucas. De hecho, la Biblia juega un papel bastante importante en la historia de Bradbury. Es el primer libro que Montag levantó, arrancó literalmente de las llamas. Es el libro que comienza su proceso de liberación del régimen. La primera vez que se revela como un lector frente a su esposa Mildred mediante la lectura de una poesía, pero no de cualquier poesía, sino de Dover Beach de Matthew Arnold. Dover Beach denuncia la pérdida de fe en el mundo moderno.

El Mar de la Fe
fue una vez, también, en la orilla de la tierra llena y redonda
(…) Pero ahora solamente escucho
su melancolía, largo, rugido retirar (…)

Y la consecuencia de que la disminución de la fe es el surgimiento de las sociedades cerradas, una disminución en el conocimiento y la conexión con el pasado y un aumento resultante en las guerra de masas.

Ah, el amor, ¡seamos fieles
el uno al otro! para el mundo, que parece
yacer ante nosotros como una tierra de sueños,
tan variado, tan bello, tan nuevo,
no tiene realmente ni gozo, ni amor, ni luz,
ni la certeza, ni paz, ni ayuda para el dolor;
y estamos aquí como en una llanura sombría
envueltos en alarmas confusas de batallas y fugas,
donde los ejércitos ignorantes se enfrentan por la noche.

Al oír el poema, la esposa de Montag sale corriendo de la habitación y luego intenta quitarse la vida. A lo largo de la novela, la guerra se extiende a la distancia, acercándose a la ciudad mientras la novela avanza. Bombarderos vuelan sobre la ciudad, pero nadie sabe exactamente quiénes están en guerra y por qué los ejércitos ignorantes chocan por la noche. Al final de la novela la ciudad es destruida en un apocalipsis nuclear.

Una de las cosas más fascinantes de todo esto es que todo es omitido en la película: la Biblia, San Lucas, Dover Beach , la guerra, la ruina de la ciudad. La película no resulta tímida a la hora de mencionar los títulos de otros libros, de hecho largos tramos del film están dedicadas a montajes de pilas de libros, claramente visibles. La colonia de libros vivientes aparece en la película y se mencionan todos los libros, excepto uno, el Evangelio de San Lucas. En resumen, la Biblia es omitida en la versión cinematográfica de la historia.

¿Por qué es esto? Debido a que la Biblia es el libro peligroso en la edad moderna. Es sin duda el libro más prohibido de la edad moderna. Los soldados no podían llevarla con ellos en Arabia Saudita. Las Biblias tuvieron que ser introducidas de contrabando en la Unión Soviética. Solzhenitsyn cuenta historias sobre pequeñas páginas y fragmentos de páginas ocultas en los gulags. Tengo amigos que han contrabando Biblias en China. Pero no es Marx a través de Stalin o Mao, que prohíbe el libro en Occidente, es Marx a través de Gramsci, el arquitecto de la Gran Marcha a través de las instituciones. Es un tipo de censura a través de la producción a granel de cultura pura. Las personas que hacen películas sobre libros como el de Bradbury, temen suficientemente a los quemadores de libros como para advertirnos sobre ellos. Pero temen aún más a la Biblia, tanto que se convierten ellos mismos en quemadores de libros.

*Según el autor de la nota y otros autores, El juego de Ender, de 2013, no es fiel a la novela original. Este caso le recuerda la diferencia entre la novela de Bradbury y la película que se realizó luego tomándola como base.