Los relatos que vestimos

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Por Felicitas Casillo, publicado en The Objective.com 

03.04.2015 – Lo que realmente sabemos de las modas es que regresan. De aquí a un futuro no muy lejano, ¿ocurrirá algún cambio significativo en materia de indumentaria? Quizás. Actualmente la moda va acompañada, tal vez como en ningún otro momento de la historia, de una gran cantidad de textos.

La fantasía como un derecho humano

La fantasía como un derecho humano

Por Felicitas Casillo para el Instituto Acton Argentina. / Diciembre 2014

En su Ensayo Sobre los Cuentos de Hadas, J.R.R. Tolkien defendía la evasión que propicia la fantasía no como un escapismo sino como un camino para transformar la realidad.

Como resultado de una visión exclusivamente psicoanalítica, en occidente la palabra evasión connota huida, escapismo, negación, y otros vocablos asociados a la incapacidad de enfrentar la realidad. El que se evade, según esta noción, es aquel que no enfrenta los problemas de sus días y por esa misma razón no puede resolverlos. Sin embargo, existe otra definición de esta palabra, ligada a la creatividad y al arte: la evasión entendida como el acceso a un mundo fantástico que nos devuelve a la vida real, no cegados ni adormecidos, sino que por el contrario, alertas y activos.

Los días amarillos y sus noches

28 de octubre de 2014. Buenos Aires, tarde después de una tormenta.

A veces los días son amarillos. Las paredes blancas parecen entonces ambarinas, y el cielo, entre rosado y gris. Dura solo unos momentos. Quizás una hora, cuando amaina una tormenta. Después en seguida atardece y llega la noche con la oscuridad que pensamos uniforme. Cae, decimos, la noche. No caen los días, ni las mañanas. Cae la noche, trastabilla como una viuda. Los brillos de vidrios, semáforos, faroles y fuegos, se anulan con nuestros adjetivos. No matizamos. La noche negra, repetimos, y olvidamos esos tajos de claridad que la vuelven imperfecta.

Pero también, como los días, hay noches amarillas: el talón de la dama. Entonces, desde la distancia de nuestros ojos hasta la vereda adivinamos de pronto un entarimado, como si la ciudad fuera un escenario. Bajan las luces en las esquinas desde el cablerío donde cuelgan los faroles. Desaparece una silueta tras un portón. No llegamos tarde porque, ¿nos dirigimos hacia alguna parte? Una mano nos aprieta los pulmones contra el esternón. Corazonada, le dicen algunos, pero consiste en saber que moriremos todos.

Conozco algunos que huyen de los días amarillos y de sus noches: de los perfumes que nos regresan a otras estaciones de años idos, como si fuéramos esos pequeños autos que los niños llevan una y otra vez hacia atrás para que se lancen a la carrera con sus engranajes automáticos. Los perfumes son los niños, y los días amarillos y sus noches, ese cuarto de juegos que espera la leche de las cinco con vainillas.

Conozco tantos que huirían de este pulso que señala el fin, que sugiere sin pausa que trastabillará una dama, y que la dama nos preguntará la hora, con esa voz de catarro, de haber tomado frío, de ser pobre y gastar siempre un mismo vestido. Pocos verán la tela negra girando en el aire, como hongos de tinta desenvolviéndose en el agua, y las manos dulces adelantándose al piso. Pocos, muy pocos, verán en el dolor los días amarillos.

Evasión no es neurosis

The true artist

“He alegado que la Evasión es una de las principales funciones de los cuentos de hadas y, puesto que no los desapruebo, está claro que no acepto el tono peyorativo o condescendiente con el que tan a menudo se emplea hoy en día el término Evasión. Tono que no está en absoluto justificado por los usos de esta palabra fuera del ámbito de la crítica literaria. La Evasión es evidentemente muy práctica por regla general y puede incluso resultar heroica en la Vida Real, como gustan llamarla los que usan mal el término. En la vida real es difícil reprocharle nada, a menos que se malogre. En el campo de la crítica, cuanto más éxito tenga, peor. Es evidente que nos enfrentamos a un uso erróneo de las palabras y al mismo tiempo a una confusión de ideas. ¿Por qué ha de despreciarse a la persona que, estando en prisión, intenta fugarse y regresar a casa? Y en caso de no lograrlo, ¿por qué ha de despreciársela si piensa y habla de otros temas que no sean carceleros y rejas? El mundo exterior no ha dejado de ser real porque el prisionero no pueda verlo. Los críticos han elegido una palabra inapropiada cuando utilizan el término Evasión en la forma en que lo hacen; y lo que es peor, están confundiendo, y no siempre con buena voluntad, la Evasión del prisionero con la huida del desertor. De la misma manera, un Portavoz del Partido habría calificado de traidor al que tan solo criticara o al que escapara de las penalidades del Reich del Führer o de cualquier otro Reich.”

J. R. R. Tolkien, Sobre los cuentos de hadas.

Bajo el libre cielo

Joyas / Pupas tejidas por insectos - Hubert Duprat

Generalmente Facundovich no lee. Me sigue las conversaciones sobre literatura con la paciencia de una abuela. Suele, sin embargo, acertar más que yo, y más de una vez me sugirió algún argumento o me recomendó títulos valiosos. Al principio me molestaba un poco esa sapiencia natural que tiene, el comentario siempre justo, el consejo indicado aunque a veces incómodo, pero con el tiempo me acostumbré. Se lo conté un día, y él se frenó repentinamente sobre la vereda, alzó sus rasgos de ícono ruso y largó una carcajada. Un enredo de gorriones pasó rozándonos las cabezas. No me quedé esperándolo. A veces creo que me mira con asombro, como si yo le recordara a alguien.

 “Arrójate fuera de ese frágil y mezquino escenario donde se está siempre representando tu propio enredo, y verás: de pronto, bajo el libre cielo, te encontrarás paseando con toda tranquilidad por en medio de una calle espléndidamente poblada de individuos que te son extraños.”

G. K. Chesterton 

Foto: Joyas / Pupas tejidas por larvas de insectos. Experimento del artista francés Hubert Duprat. Realizadas con limaduras de monedas, mostacillas y piedras.

El Nombre

Borges lo intuyó: el rabino de Praga no pudo hallarse en el Golem como sí en cambio se reflejaron Fierro y Cruz.

“(…) única escritura

nunca rehecha por nadie,

la de Aquel

que escribió en la arena, ganada

por el viento, embrujante poesía

de lo eternamente indescifrable.”

Poemas selectos, Alberto Girri 

“El mar a la tierra pregunta tu nombre,

la tierra a las aves que tienden su vuelo;

las aves lo ignoran; preguntan al hombre,

y el hombre lo ignora; pregúntanlo al cielo.

El mar con sus ecos ha siglos que ensaya

formar ese nombre y el mar no penetra

misterios tan hondos, muriendo en la playa,

sin que oigan los siglos o sílaba o letra.”

Himno, Vísperas, SII.

Imágenes de tierra y vino

Alfonsina es una artista argentina que retrata paisajes y caballos utilizando vino y carbonilla sobre lienzo. 

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¿Es posible conocer la esencia de un pueblo a través de sus creaciones? Esa parece ser la pregunta que acompañó a Alfonsina cuando comenzó a experimentar con el vino como pigmento. “Pintar con vino significa conocer un pueblo a través de sus frutos”, comenta la artista y aclara que la serie Caballos de Paso Peruano es la primera temática que abordó por medio de esta técnica, pero que proyecta otras colecciones referidas a paisajes y personajes rurales.

Alfonsina comenzó a estudiar artes visuales en el Instituto Santa Ana y en el IUNA, y más tarde en el Instituto Da Vinci. “Al mismo tiempo que estudiaba siempre realicé experimentos por mi cuenta. En ese sentido, el artista debe probar una y otra vez sobre qué es lo que desea comunicar y con qué técnica. Eso lleva tiempo e implica un esfuerzo continuo”.

Algunas de las obras de Alfonsina fueron emplazadas en el Parque Nacional Nahuel Huapi, en la Provincia de Río Negro, y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, como fue el Mosaico temático junto a las pinturas de Nora Borges. En diciembre de 2010, Alfonsina recibió el Primer Premio del Bicentenario, otorgado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, por su obra Pesebres, realizada con materiales reciclados.

Pampa mia - Alfonsina

El vino como técnica

La idea de utilizar el vino para pintar surgió a partir de viajes a lo largo de la Argentina. “Mientras viajaba a través de la Patagonia y de la región de Cuyo, especialmente, quería saber más sobre la región y sus habitantes: cómo vivían, cuáles eran sus inquietudes y alegrías”, recuerda Alfonsina y agrega que para los habitantes de las ciudades resulta casi siempre muy difícil responder este tipo de preguntas, por la diferencia en los estilos de vida: “Intenté conocer los productos regionales: las especias con las que cocinaban y sus colores, los aceites, frutos, y las manufacturas y artesanías. Y me di cuenta que a través de estos productos y sus características se podía ver reflejada la esencia de estos pueblos.” Fue entonces cuando descubrió que casi como ningún producto, el vino implicaba tanto la paciencia y el saber de los hombres del lugar como las condiciones de suelo y clima propicias.

Asistente - Alfonsina

Conservación orgánica 

El primer desafío fue la conservación orgánica del vino para que con el paso del tiempo no se degradaran los pigmentos de la pintura. Para desarrollar esta innovadora técnica, realizó una investigación sobre las cualidades de pigmentación y durabilidad, y por medio de conservantes naturales se procedió a optimizar su uso como material pictórico. “El vino es orgánico, por lo tanto tenía que encontrar el modo de conservarlo para que las pinturas no variaran de color con el paso del tiempo y se conservaran”, comenta Alfonsina. Para lograr esta conservación la artista se asesoró con especialistas en química, y finalmente logró una forma natural de preservarlo en dos etapas: por medio de un primer tratamiento se aseguró que el material orgánico no se echara a perder, y en un segundo paso, se logró la invariabilidad del color. “Cada vino es distinto a otro. Varía el azúcar, el alcohol, los taninos y componentes. Entonces, el proceso de preservación variaba de botella a botella”.

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Los caballos del vino

El primer tema que pintó por medio de esta técnica fue la serie Caballos de Paso Peruano. Es esta una raza equina que en la Argentina se cría principalmente en el Norte. La muestra se expuso en 2014 en la Sociedad Rural de Palermo, durante la exposición Nuestros Caballos, y en la Sociedad Rural de Salta para el Concurso Nacional de Caballos de Paso Peruano. 

Con respecto a sus proyectos, Alfonsina explica que la serie de los caballos fue la primera experiencia: “Los caballos fueron siempre una pasión para mí, y retratarlos por medio de esta técnica significó aunar dos motivaciones importantes”. Actualmente, la artista prepara la serie Vinos & Tierras, que consiste en pinturas realizas sobre lienzo con vinos tintos, rosados y blancos, y trazos de grafito. La temática de la obra es eminentemente telúrica y comunica la noble experiencia del cultivo de la vid y la industria bodeguera.

Locutor- Alfonsina

  • ¿Cómo fue tu experiencia artística antes de descubrir esta técnica?

Antes de experimentar con vino pinté por medio de técnicas tradicionales, como óleo, acrílico y también acuarela. Además, realicé diferentes tipos de esculturas, y experimenté por medio de materiales reciclables, como nailon y otros materiales de la industria.

  • ¿Cómo definirías la expresión artística?

Es una búsqueda. Existe siempre una curiosidad anterior, pero a lo largo de la vida de un artista esos pocos temas encuentran diferentes formas. Son distintas maneras de preguntarse acerca de algunas realidades.

Paso Peruano- Alfonsina

Altivo- Alfonsina

Contacto:

 alfonsinarte@gmail.com 

 /Alfonsina del Arte 

Al río las cenizas

“Cuando era muy chica iba a pasear con otros niños por los campos. Muy cerca de Domrémy hay un árbol llamado el Árbol de las Damas al cual otros llaman el Árbol de las Hadas… es un árbol enorme al que también llaman Hermoso Mayo. A la sombra del Hermoso Mayo tejíamos coronas para nuestra Señora de Domrémy y las colgábamos en sus ramas.”  Memorias de Santa Juana de Arco. 

“(…) mandaron a los soldados que tiraran sus restos a las aguas del Sena. Y ellos arrojaron al río las cenizas de esta doncella (…).” Juana de Arco, de H. Belloc. 

Sena- París

La música del misterio

Escuché a Arvo Pärt por unos amigos. Pärt es un músico estonio de 79 años. Inventó el llamado “minimalismo sacro”. Es un hombrecito suave, de barba tupida y cabeza ya calva. Sus ojos azules parecen tristes, pero en realidad son misteriosos. A pesar de hacer una música extrañísima para la época, Pärt es celebrado hoy día en todo el mundo. Curiosamente la música de Pärt fue utilizada en varias películas. Cuando le preguntaron cómo definiría su obra, él dijo que como un “tintineo”, haciendo una alusión técnica al sonido de las campanas.

Si toda obra de arte narra una historia, la música de Pärt transcurre en un bosque oscuro. No demasiado lejos ocurre una guerra, pero más cerca se impone el silencio de la nieve. Hay manchas en el piso. Volverán los remolques y los tanques, como antes fueron y vinieron los trineos. Soldados delgados hablarán una lengua extraña. Ni la vista nublada por el hambre ni sus heladas falanges les impedirán la puntería. Pero ya cae la nieve sobre el bosque. Cae la nieve, como un grito, sobre el mundo, y cubre la sangre, y de nuevo, la música es solamente un bosque.

Literatura e industria: sensatez y sentimientos

Alvear y ministro de guerra

Creo que nunca hablé en este blog sobre la “crisis del libro”. No es un tema en realidad que me apasione, pero por diversas cuestiones, lo sigo. Me recuerda, este debate, a las dos hermanas de Sensatez y Sentimientos: aviso que la comparación funciona exactamente al revés de lo que podría pensarse en un primer momento. La industria se pasa de romántica, mientras que la literatura, a fuerza de golpe, tiene la fortaleza de una madre de entreguerras.

Una cosa me llama mucho la atención: en un mundo en el que prospera el relativismo, el “para vos es verdad esto, y para mí la verdad es esto otro”; en un mundo así, las industrias han asumido el papel de lanzar verdades absolutas: “el epub reemplazará el libro; el libro morirá; la gente dejará de leer; el libro nunca morirá; los e-readeres producen cáncer” (sic, este último, de un conocido editor en la Feria del Libro de Buenos Aires), y siguen las verdades tajantes con respecto al tema. Ni qué hablar del derrape en las ventas.

Marshall McLuhan, en su reconocido volumen “El medio es el mensaje”, decía que los usuarios y consumidores tendemos a prestar demasiada atención al contenido y menos a la forma, al dispositivo. Según McLuhan el contenido de la televisión, por ejemplo, lo que realmente nos influye, estaba no tanto en los argumentos de las series, sino en las particularidades del artefacto. Y McLuhan tenía razón, pero los tiempos han cambiado, y hoy en día permanecemos obnubilados por la ventaja técnica de los dispositivos – aunque no quiere decir esto que seamos conscientes de sus efectos-, y, en cambio, relegamos los contenidos a la intuición o a los números de venta.

Ojalá la historia de la industria y de la literatura terminara, en beneficio de ambas hermanas, como el relato de Jane Austen.

*La foto es del Presidente Alvear, en Mar del Plata, conversando con su Ministro de Guerra. Alvear es el de la bata.

No fuimos justos con Ricardo

“Canta sin preocuparte de los otros que cantaron.

¿Quieres ser original?

¿Buscas lo que no se ha dicho?

¿Huyes de lo que es humano? ¡Vanidad!

Hurga en tu alma y no corras tras vanos penachos de orgullo.

Canta con todos los poros de tu alma.

Sé sincero.

Así dirás lo que te es personal y lo que nos es común.

Así el hombre al leerte dirá:

‘Esto es muy suyo. Esto es muy nuestro'”

R. G.

A Ricardo Güiraldes lo leímos en el colegio. El programa se limita al título Don Segundo Sombra y a una visita a San Antonio de Areco, el pueblo donde transcurre la historia. Se debate todavía sobre si es una novela de gauchos escrita por un estanciero, a diferencia del Martín Fierro donde (parece) es el mismo gaucho el que canta.

Pero no fuimos justos con Ricardo (aunque la justicia en literatura es literatura). Por dos razones no fuimos justos: lo limitamos a lo gauchesco, cuando sus historias expresan dramas universales. (Drama universal es una expresión horrible y gastada, pero quiero decir exactamente eso.) Güiraldes tuvo algo de Dostoyevski, algo de ruso estepario, atormentado por la sospecha de un destino más grande que su presente. Y fuimos también injustos porque limitándolo a la temática costumbrista nos perdemos de apreciar ese entramado cuidadoso con el que narra: disponiendo las frases como si se tratara de dormir fieras en una vitrina para que no se nos vengan encima. Abran al azar Don Segundo o Raucho y van a ver que esa escritura alegra el corazón.

Hay unos libritos suyos de poemas, angostos y desconocidos: Poemas místicos, El sendero, entre algunos otros. Lo adivino, a través del tiempo y la distancia, durante alguna tarde de domingo, vencido de tristeza y vicio, mucho más grande, Ricardo, que la memoria con la que te perdimos.

4. INFINITO

Mi Dios.

Bajo tu amparo escribo.

Por mi boca tan chica se empequeñece tu amor por las cosas que están en Ti sin disminuirte.

Tu palabra en mi se reduce, y yo en Ti me agrando.

Pobre cosa tuya sufro de sobrarme a mí mismo,

y mi alma camina en la frase como un ciego lleno de luz.

Dame tu ley para que así crezca hasta merecer nombrarte.

Duchini: los animales del metal

Comparto parte de la entrevista realizada a la artista Vivianne Duchini, que sobre todo representa animales. Otra técnica, otro inspiración y una concepción de la creatividad. Duchini realiza esculturas de ñandúes, ciervos, pero sobre todo caballos y perros, en múltiples posiciones y situaciones diferentes.

Cuando explica el por qué de esta figuración, responde que desde su infancia le impresionó el mundo animal y a partir de ese conocimiento y de su habilidad innata resulta natural que los representara. Duchini (1962) comenzó sus estudios en la Escuela Prilidiano Pueyrredón, y continuó formándose en los talleres de los maestros Aurelio Macchi, Rubén Locaso y Leo Vinci. Expuso en la Galería Zurbarán de Buenos Aires, entre otras galerías y eventos locales, y en galerías de Chile, Londres y París.

Cabeza Caballo - V. Duchini

“La creatividad para mi es lograr representar una situación vital tridimensionalmente y llevarla hasta sus ultimas consecuencias”, asegura y explica que a partir de la escultura realizada en la Plazoleta de Cerrito y Posadas incursionó más en la síntesis de las figuras. Con respecto a las técnicas y materiales con los que trabaja, desde hace ya 18 años que moldea en cera para las piezas más pequeñas, y en arcilla, las mas grandes. A partir de estos moldes luego se funde en bronce. Finalmente llega una etapa de cincelado y terminación de cada pieza. También trabajó en chapa de hierro batida.
Cerrito y Posadas. Bs As. Four Seasons. V. Duchini
Caballo. V. Duchini

El hombre de todas las bodas

En muchos casamientos en la Argentina y en el mundo se interpreta – o se pone play y se escucha- una pieza llamada Pompa y Circunstancia. Síganme si recuerdan la melodía: pam, pam, pam, pam… y continúa: así golpea esa música, con trompetas y platillos, crece y crece, y emociona, a pesar de ser un cliché incluso más dulce que los confites. Siempre me llamó la atención el nombre “pompa”, por un lado, y “circunstancia”, por el otro. La segunda palabra contrasta extrañamente con la primera.

El asunto es que el compositor de esta música fue el inglés Edward Elgar (1857- 1934), contemporáneo a personajes como los escritores G. K Chesterton y Bernard Shaw, con quienes se cruzaba en los salones del Savoy Theatre. Hace pocos días, mi hermano me regaló un cd de Elgar, con números de The music makers y de Sea Pictures, por el London Symphony Chorus y la London Symphony Orchestra. Quise, entonces, enterarme algo más sobre su vida.

Al parecer fue una rara avis desde pequeño. Su infancia – toda comparación es de por sí odiosa al menos para una de las partes- no fue como la de Chopin u otros genios. Su vida adulta y su música, tampoco. Según las biografías, el niño Edwar desarrolló “gradualmente” el talento como organista de iglesia en la campiña inglesa, y fue totalmente autodidacta. Aunque componía desde chico, el reconocimiento le llegó tarde. No contaba con renombre ni posición social, y en cambio, era susceptible.

“Tomó comentarios fuera de contexto o en formas no previstas y, a través de su reacción extrema, provocó peleas y divisiones con los que de otro modo podrían haber ayudado a promover su nombre”, esto leí acá, que significa más o menos que Edward tendría pocas pulgas. Sigue: “En ocasiones formales, a menudo se sentía incómodo, lo que le hacía proferir comentarios sin tacto que le hacían parecer brusco, grosero y de mal genio.” Mi simpatía por el hombre de los mostachos creció irremediablemente.

Pero su carácter indómito al parecer se diluía completamente entre su familia y sus amigos íntimos, con quienes siempre estaba de buen humor. Huía de Londres- se lo acusó de espíritu campesino-, y en cambio, vivía junto a su mujer, Caroline Alice, y su hija, en casas de campo inglesas que cuando tuvo algún dinero procuro alquilar para pasarse las tardes componiendo frente al piano.

La única hija del músico, Carice Irene, nació en su casa en West Kensington. Su extraño nombre, según reveló el propio Elgar en la dedicatoria de Salut d’Amour, la pieza que le dedicó a su mujer cuando se casaron, fue una contracción de los nombres de su madre, Caroline y Alice. El compositor amaba estos y otros juegos de palabras y utilizó los más famosos en la composición Enigma variations. Cada una de las variaciones correspondía a uno de sus amigos, y los títulos ayudaban a indicar a quién se refería. Según una versión, la alusión era muy simple, las letras del nombre indicaban las iniciales del aludido. También las partituras contaban con palabras sueltas, claves y acertijos, y los nombres de las casas donde vivía también guardaban sentidos crípticos.

Algo, entre las adivinanzas y la verde campiña, me hizo acordar a los hobbits. Pero a Edward le interesaban también los deportes en general y la ciencia. En la partitura manuscrita del estudio sinfónico Falstaff anotó indicaciones de cómo ensamblar meticulosamente un reloj. Sobre todo, le apasionaban la tecnología de grabación, el gramófono y posteriormente el micrófono, y por esta razón han quedado muchos registros del mismo Elgar, algo no muy común en los compositores clásicos. Sin embargo, como buen inglés, su debilidad era el turf y dejó plantados a muchos en importantes compromisos para ir a presenciar las carreras.

Según los biógrafos, Elgar era un “outsider”, no congeniaba con los círculos artísticos de ese entonces, victorianos y eduardianos, gélidos y aristocráticos. A pesar de esto, logró finalmente el favor de la corona. Como si no hubiera bastado con su caracter peculiar, Elgar era católico en un imperio anglicano y sus obras tenían una relación estrecha con su fe: una de las más reconocidas es el oratorio The dream of Geronte, la adaptación musical de un poema del Cardenal Newman. A pesar de todo, después de años de trabajo, los críticos musicales de la Europa Continental, de quienes se podía esperar resquemor hacia un compositor inglés autodidacta, lo halagaron. En 1904, fue nombrado caballero, y pasó a ser Sir Edward Elgar. Las condecoraciones y premios continuaron no solamente en Inglaterra sino en toda Europa.

Estatua Edward Elgar, Hereford Cathedral, credits by brianac37 in Flickr

“Tengo una melodía que les golpeará la cara”, dijo, al parecer, Elgar, sobre Pompa y Circunstancia, y así fue: ya en ese entonces lo ovacionaron de pie – como ocurriría hasta hoy día- en la última noche del los Proms, el afamado ciclo de conciertos de la BBC. Pompa, finalmente, fue adaptado sobre los versos de A. C. Benson, hermano del autor de El amo del mundo, y la composición pasó a llamarse Land of Hope and Glory. Suele considerárselo el himno no oficial británico, y ensalza una tierra cuya fama “es tan antigua como los días”, y que Dios deberá “engrandecer aún más”. En Estados Unidos se lo entona en las graduaciones, antes o después del discurso emotivo y del vuelo de los birretes.

La fuerza de las composiciones de Elgar es sobre todo melódica, y no se lo suele considerar un innovador, sino más bien un representante musical de una generación. Además de las obras mencionadas suele reconocérselo por Los apóstoles y por los conciertos para violín y violonchelo. Curiosamente, los biógrafos coinciden en que el impulso creativo de Elgar se interrumpió luego de la muerte de su esposa. En los momentos más duros de su carrera, cuando nadie confiaba todavía en su talento y vivía en Londres, una ciudad que detestaba, Elgar no dejó nunca de asistir junto a Alice, día tras día, a escuchar en el Crystal Palace a Berlioz y Wagner, quienes junto a Scumann y a Dvorak, fueron algunas de sus mayores influencias. Puedo imaginarlo asomado a un palco, con una mano en el mentón, justo bajo los enormes bigotes, mientras tamborilea ya sobre el rojo terciopelo de la butaca la que sería una de las melodía más conocidas de la historia de la música clásica.

Así cierran siempre los Proms BBC. Estilo futbolero, británico y algo ridículo. El “campesino” Elgar les guiñaría un ojo y se iría al turf.

Sobre sonetos y emoticones

Por cuestiones laborales estoy leyendo ahora varios textos que se relacionen con internet. Según, Internet, la imprenta del siglo XXI, de Alejandro Piscitelli, lo que la mayoría de los usuarios conoce de la red es apenas su epidermis, y la gran masa de información es la “internet profunda”, no navegable, datos, unos y ceros, un mapa que visto sobre un papel parece el calco de una galaxia.

Algunos apocalípticos vaticinan que la etapa del libro impreso sería en la entera historia de la humanidad apenas un breve lapso. Antiguamente la formas creativas propias de la oralidad tenían, entre otros fines, el de propiciar la memoria. La imprenta, y antes el manuscrito, liberó al hombre de la necesidad de recordarlo todo y favoreció el pensamiento lineal. Internet parece regresar al origen pero de un modo distinto. La escritura se asemeja cada vez más a la oralidad. “Escritura ideofonemática”, la llamó Cassany. Sin embargo, ahora lo que importa recordar no son los mitos y las leyendas. Beatriz Sarlo sugirió en La Audacia y el cálculo, que la web “es una enorme memoria colectiva que padece Alzheimer”. En cambio, producimos para construirnos y para que no se olviden de nosotros. La comunicación interpersonal es la protagonista indiscutida.

Entre tanto cambio y vaticinio de desastre total o de renacimiento más total aún, leí un soneto de Shakespeare que busca la razón de la forma no tanto en la cambiante posibilidad técnica sino en los amores, pasiones y miedos humanos, siempre insistentes a través de la historia. La traducción que leí es esta:

Soneto LXXVI

¿Por qué mis versos no se ajustan a las modas,

no usan artificios y variaciones rebeldes?

¿Por qué al escribir no me inclino

a nuevos atavíos del lenguaje?

¿Por qué escribo siempre de una sola cosa

y envuelvo mis intenciones con las mismas vestiduras

tanto, que cada palabra mía es como si pregonara

mi nombre y revelara mi nacimiento?

¡Oh! Debes saber, dulce amor, que siempre sobre ti escribo;

que vos sois mi eterno tema.

Todo mi arte es volver sobre palabras viejas

para nombrarte una y otra vez ¡siempre!

Así como el sol, que es todos los días nuevo y viejo,

así mi amor te repetirá eternamente lo ya dicho.