Sydney Carton: abismo y salvación

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Fragmentos referidos a la paulatina conversión del personaje Sydney Carton, de Historia de dos ciudades, de Charles Dickens, 1859.

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Noticias sobre El gran enero

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Desde el mes de julio, El gran enero puede comprarse en McNally Jackson Books de New York, en el 52 de Prince Street. También en los Estados Unidos, se lo encuentra en la biblioteca de la Universidad de Steubenville, a 25 minutos de Pittsburgh.

En la Argentina, El gran enero llegó a la Sede Andina de la Universidad Nacional de Río Negro, en la ciudad de San Carlos de Bariloche, y a la Sede Atlántica de la misma institución, en la ciudad de Viedma.

Siguiendo este enlace, el listado completo de librerías con sus direcciones.

Comparto varios enlaces de amigos, escritores y periodistas, a quienes agradezco  que hayan publicado en sus sitios poemas y referencias. Por orden de aparición: 

En el blog de la poeta y editora Griselda García. 

En la Revista Excéntrica, del Centro Cultural de la Cooperación, en Buenos Aires. 

En Rayos y Truenos, el blog del poeta y traductor español, Enrique García-Máiquez. 

En el blog Otra Iglesia es imposible, del poeta y traductor Jorge Aulicino.

En la Revista ViceVersa, una revista sobre la cultura de los hispanohablantes en Manhattan.

Una reseña de El gran enero en el Diario La Prensa de Buenos Aires, por el escritor y periodista Jorge Martínez.

Entrevista de Augusto Munaro, para Diario Los Andes. 

Selección en el blog de la poeta y traductora Silvia Camerotto.

Reseña en el diario La Voz, de Bahía Blanca, mi ciudad natal. 

Continuidad de los parques #Discurso

PF 1

Pasaje de planos de ficción y de enunciado.

Pasaje de planos

Una misma oración entre los dos planos.

PF 2

Segundo plano de ficción y final donde se unen ambos planos en la misma situación enunciativa.

  • Isotopía semántica. 
  • Elementos de lector pasivo. 
  • Indicios de continuidad. 
  • Alusiones metatextuales. 
  • Planos y pasaje de planos. 
  • Cambio de ritmo. De pasividad a tensión. 
  • Pasaje: La puerta del salón. 

Cortázar, J. (1964): “Continuidad de los parques”, en Todos los fuegos el fuego. Buenos Aires: Sudamericana.

Librerías donde encontrar El gran enero

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  • Antígona – Av. Callao 737, Ciudad de Buenos Aires.
  • Arcadia Libros – M. T. de Alvear 1548, Ciudad de Buenos Aires.
  • Biblioteca Nacional – Las Heras 2597, Ciudad de Buenos Aires.
  • Biblioteca Sede Andina, Universidad Nacional de Río Negro – Mitre 630, San Carlos de Bariloche.
  • Biblioteca Sede Atlántica, Universidad Nacional de Río Negro – Av. Don Bosco 500, Ciudad de Viedma.
  • Biblioteca universitaria – 1235 University Blvd, Steubenville, OH 43952, EE. UU.
  • Edipo – Corrientes 1686, Ciudad de Buenos Aires.
  • Eterna Cadencia – Honduras 5574, Ciudad de Buenos Aires.
  • Gambito de alfil – José Bonifacio 1402, Ciudad de Buenos Aires.
  • Hernández – Corrientes 1436 / Corrientes 1311, Ciudad de Buenos Aires.
  • La Masmédula Libros – Alsina 155, local final, Galería Jardín, Ciudad de Bahía Blanca.
  • Librería Alberto Casares – Suipacha 521, Ciudad de Buenos Aires.
  • Librería García Cambeiro – Cochabamba 244, Ciudad de Buenos Aires.
  • Libros del Balcón – Montevideo 846, Ciudad de Buenos Aires.
  • Libros del Pasaje – Thames 1762, Ciudad de Buenos Aires.
  • McNally Jackson Books – 52 Prince Street, New York, EE.UU.
  • Norte – Las Heras 2225, Ciudad de Buenos Aires.
  • Rincón del Anticuario –  Junín 1270, Ciudad de Buenos Aires.
  • Volcán Azul – Achával Rodríguez 244. Galería Barrio. Local 15 y 16, Ciudad de Córdoba.
  • Vórtice Libros – Hipólito Yrigoyen 1970, Ciudad de Buenos Aires.

El país del sur, por Hilaire Belloc

Traducción de poema The South Country de Hilaire Belloc

publicado en la revista Buenos Aires Poetry.

Hilaire Belloc fue un ensayista, historiador y poeta británico. Hijo de madre inglesa y padre francés, nació en La Celle Saint Cloud, en Francia, en 1870, y murió en Guildford, Inglaterra, en 1953. Luego de realizar estudios en Oxford y ser miembro durante un tiempo del ejército francés, recibió en 1902 la ciudadanía británica. Su afecto y compromiso con Francia nunca menguaron: en 1929 publicó su notable biografía de Juana de Arco. Fue amigo íntimo de G. K. Chesterton: a menudo se los llamaba de forma conjunta “la criatura Chester-Belloc”. En la biografía El viejo trueno (2016), el biógrafo Joseph Pierce ubica la publicación de “El país del sur” en 1901, en El libro del Club Horacio, junto con poemas de otros autores. Aparece, sin embargo, una segunda edición en The year’s at the Spring, una antología de 1920 compilada por L. D’O. Walters, donde Belloc publicó dos poemas y donde…

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Dos publicaciones sobre #Discurso

Art FP Cas

En diciembre de 2016 se publicó en Ecuador y España el libro Capitalismo financiero y comunicación, compilado por Francisco Sierra Caballero y Francesco Maniglio. Allí publicamos, junto con Damián Fernández Pedemonte, un capítulo titulado: “Medios de comunicación y crisis económicas: representación discursiva de las audiencias”, basado en una investigación PICTO terminada en 2012.

Revista Complejidad 31

Puede leerse el artículo completo publicado en Revista Complejidad N° 31. 

El vuelo educativo

Primer volumen de la dirección editorial dentro de la Colección Educativa/Editorial Logos.  2016-09-20-11-25-00-1

Las instituciones educativas atraviesan actualmente múltiples desafíos relacionados al contexto cambiante, a los contenidos de las materias, a las políticas de educación, a la innovación necesaria y al estilo de vida contemporáneo de las familias. Aun así, el objetivo primordial de la educación es el de formar hombres y mujeres libres, capaces de amar y vivir plenamente, transformando la sociedad día a día. Para lograr esta meta y enfrentar los desafíos, es necesario que los equipos directivos de los colegios públicos y privados cuenten con una formación sólida en la dirección de personas y gestión de recursos. Este libro recorre aquellos temas que el director de un colegio debe conocer y planificar. Al igual que durante el vuelo de una aeronave, en un centro educativo hace falta un proyecto, una tripulación comprometida, la gestión eficiente, una comunicación activa y el aprendizaje continuo. El vuelo educativo es un libro necesario para que los equipos de dirección aprendan a gestionar de forma estratégica y eficiente, motivando a docentes y alumnos a través de la maravillosa aventura de la educación.

Borges, autor del Quijote

Publicado en Huffington Post España, abril 2016.

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Cuando comenzó uno de los poemas de Elogio de la sombra con aquello de “que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”, Borges se refería también a la amistad. En 1968, el autor más renombrado de la literatura argentina viajó a los EEUU para brindar una conferencia sobre Don Quijote de la Mancha en la Universidad de Texas. Lo esperaban aquellos alumnos a los que más tarde recordaría con cariño, “gigantes, respetuosos y un poco inalcanzables”. Durante la disertación, explicó: “Hay ciertos personajes, y esos son, creo, los más altos de la ficción, a los que con seguridad y humildemente podemos llamar amigos. Pienso en Huckleberry Finn, en Mr. Pickwick, en Peer Gynt, y en no muchos más”. En seguida, con la vista ya débil, extraviada en algún ángulo superior del auditorio, había murmurado el nombre de Don Quijote de la Mancha: “Un personaje que existe más allá del mundo que lo creó”.

Aquella lectura fraterna de la que hablaba Borges seguramente habrá sido también, a pesar de la parodia o justamente por ella, valorada por Cervantes. Embelesado por las novelas de caballería, Don Quijote parte desde la dorada geografía de la Mancha sobre el lomo de Rocinante. Lo secunda un labrador regordete, Sancho, quien oficiará de escudero. En medio de los sucesivos desvaríos del protagonista, esta amistad representa uno de los únicos elementos realmente ciertos de la novela.

Borges leyó el Quijote durante su infancia y en seguida quedó prendado de aquel autor que se había propuesto narrar aventuras en una lengua vigorosa y auténtica, que había escrito con hondura humana, lejos de la sensiblería. Acaso Don Quijote le sugirió la idea de la literatura como una novedad nunca caduca, un diálogo antiguo y futuro. Dice en el poema Sueña Alonso Quijano:

El hidalgo fue un sueño de Cervantes
y don Quijote un sueño del hidalgo.
El doble sueño los confunde y algo
está pasando que pasó mucho antes.

Quijano duerme y sueña. Una batalla:
los mares de Lepanto y la metralla.

En más de una veintena de textos menciona el de Buenos Aires al de Alcalá de Henares, y subraya una y otra vez la universalidad del Quijote al tiempo que lo defiende de una mera lectura alegórica. Si el escenario por donde Alonso Quijano perfiló su hidalguía fue el mundo entero, se debió más al acierto con el que fue tramado que al artificio de la abstracción. En la Nota preliminar de las Novelas ejemplares, Borges explicaba que antes de Don Quijote, “los héroes creados por el arte eran personajes propuestos a la piedad o a la admiración de los hombres”, mientras que Don Quijote “es el primero que merece y que gana su amistad”.

Justamente, aquella vital lucha del Quijote, entre enajenación y realidad, vencida finalmente a la hora de la muerte, para Borges era también “la aventura contemplativa y extática de los santos”. Esta disputa interior lo hermana con otros personajes de la literatura, como es el caso del Príncipe Myshkin de la novela El idiota, de Fiodor Dostoyevski, publicada en 1868. El autor mismo sugiere esta conexión cuando Aglaya, una de las protagonistas, busca apresuradamente un libro donde esconder la ridícula pero no menos genuina carta que le había enviado Myshkin y no puede contener la risa al encontrar el grueso volumen de Don Quijote de la Mancha.

Uno de los mayores tributos de Borges a la obra más significativa de nuestra lengua es el cuento Pierre Menard, autor del Quijote, incluido en Ficciones, donde el argentino imagina un escritor cuyo propósito es redactar exactamente la misma novela que Cervantes. Pletórico de enumeraciones y curiosas notas, el cuento narra el quijotesco método de Menard: su técnica consiste en nada menos que ser él mismo Miguel de Cervantes. El empeño sugiere la feliz imposibilidad de un lector contemporáneo para acceder a un texto del siglo XVII sin antes apropiarse del él.

La conmemoración de los 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra y casualmente, también de la de William Shakespeare, es una oportunidad para celebrar la literatura como una continuidad que supera meras individualidades: una ocasión para reconocernos en la memoria de los viejos amigos y proyectar un futuro donde seguiremos conversando.

#Ejemplo crítica: Liturgias del fin del mundo #GénerosCreativos

Liturgias del fin del mundo | Título: La carretera  | Autor: Cormac McCarthy | Año: 2006 | Editorial Mondadori

Existe en el ya consistente subgénero post-apocalíptico una dualidad entre vestigios de civilización y regreso a las cavernas. La nostalgia por un esplendor ya extinto se conjuga con el barbarismo o la deshumanización. En este juego de opuestos, el género dispara advertencias sobre el tiempo presente del lector, en el cual se incuba ya la catástrofe. La novela La carretera, de Cormac McCarthy, ganadora del Premio Pulitzer en 2007, responde a esta construcción.

Los protagonistas, padre e hijo, recorren los Estados Unidos hacia el Sur. A través de paisajes devastados por vientos tóxicos y cenizas, huyen del invierno y de las bandas de forajidos. La civilización perdida es en este caso Norteamérica, de la que solo quedan casonas y pueblos arrasados por la catástrofe, donde los sobrevivientes buscan latas de conserva y abrigo para poder seguir el viaje. El barbarismo, en cambio, es un orden social regido por la ley del más fuerte, el canibalismo y el suicidio como el último recurso para soslayar el infierno.

“Llegado el momento… ¿podré hacerlo?”, se pregunta el padre a lo largo de la historia, mientras observa el intranquilo sueño del hijo cada noche junto a las fogatas. En su cintura lleva una pistola con las dos últimas balas. El niño es el único motivo que lo mantiene con vida, “lo que lo separa de la muerte”. Por él rebusca entre cadáveres secos para dar con los últimos alimentos y le narra antes de dormir las historias anteriores al cataclismo.

Como en otras obras del género, el apocalipsis de McCarthy no determina el inicio de un nuevo tiempo o la promesa de un paraíso, que sí están en cambio en el relato bíblico. La obra se retarda en la destrucción. La historia ya no evoluciona sino que se extingue. En este sentido, la huida hacia el sur es la última liturgia posible a través de una tierra “donde ya no quedan interlocutores de Dios”.

Lecturas en la tradición 

El reconocido crítico norteamericano Harold Bloom aseguró que McCarthy, junto a Thomas Pynchon, Don DeLillo y Philip Roth, era uno de los cuatro grandes escritores  contemporáneos. Autor de otras novelas como El guardián del vergel (1965) y Todos los hermosos caballos (1992), McCarthy representa ciertamente una continuidad en la narrativa estadounidense. A menudo se lo ha comparado con William Faulkner, Herman Melville y hasta Mark Twain. En La carretera resuenan además los ecos de la prosa de aventura de Jack London. El post apocalipsis de McCarthy recuerda a aquel mundo salvaje y tenaz de los buscadores de oro de Colmillo blanco, y puntualmente, a La peste escarlata, ese extraño relato sobre el fin del mundo que London publicó en 1912.

A pesar de la sórdida atmósfera, La carretera disfraza una minúscula esperanza. Si bien el derecho y la libertad han desaparecido completamente y el país se ha disuelto sin remedio, el autor parece sugerir que toda la civilización se condensa en un padre y un hijo que prefieren escapar antes que delinquir. En este sentido, la presentación del Sur como única salvación ironiza sobre la histórica división entre regiones norteamericanas. También “la carretera”, que es símbolo del vagabundeo de las contraculturas, significa en este caso oportunidad y comunicación. Finalmente, McCarthy interroga sobre la necesidad de hallar un sitio donde asentar una ética común, y su prosa oscura finalmente indica el amor entre un padre y un hijo como un sitio desde donde reconocernos como semejantes.