Un poema sobre Habermas

Una de mis poesías, Las canciones del Valle de Josafat, fue publicado en Otra Iglesia es imposible.

Una enfermera conduce a Jürgen Habermas
a través de los senderos de boj.
Comienza entonces la tentación del ocaso:
¿A quién le importa ahora la esfera pública,
viejo maestro alemán?
Pobre de nosotros, continúa el estribillo,
cuerpos blandos sin coraza sobre bandejas de sal.

Junto a la mesa del parque,
cuando el sol talla esmeraldas,
el siglo madura frente a sus ojos,
y los cien años anteriores son una extensión dividida
en parterres al comienzo y le siguen trincheras,
vergeles amurallados, baldíos.
¿Dónde están ahora los judíos mayores?
Celosos hortelanos, se han dormido.
En las multitudes que calentaban sus manos contra el fuego,
¿lo supieron?,
buscaban el fugitivo gesto de un mesías.
Pero se hace tarde sobre el mundo
y acaso sea razonable el juicio en el amor.

¿Escucha, profesor, por sobre los demonios de vísperas?
Llegan desde el futuro
las canciones del Valle de Josafat.

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Nunc Dimittis, de Joseph Brodsky

Nunc Dimittis, en latín “Ahora dejas”, es un poema de Joseph Brodsky poco conocido en español, basado en el Cántico de Simeón (Lucas 2, 22-40). Si bien fue escrito en ruso con el título de Cретенье, que significa “Encuentro”, lo tradujeron al inglés con el nombre del  pasaje evangélico. Brodsky, ruso de origen judío, consideraba el encuentro referido en el poema como el momento de la transición entre el antiguo y el nuevo testamento. El autor dedicó el texto a la poeta Anna Akhmatova. La versión que sigue es de los traductores Amaya Lacasa y Ramón Buenaventura, en Parte de la oración y otros poemas, editado en 1991 por Versal: Travesías.

Cuando acudió María por vez primera al Templo
a presentar a Cristo Niño ante su padre, estaban
allí presentes, entre muchos otros,
el muy devoto Simeón y Ana, profetisa.

El anciano tomó al Niño en sus manos.
Los tres adultos, en la oscuridad del Templo,
situados en torno a la criatura,
era un marco tornadizo.

Los abrazaba el Templo igual que un bosque inmóvil.
Ocultaban las cúpulas, en la mañana aquella
—de las miradas de los hombres y a los ojos del Cielo—,
a María, al anciano y a la profetisa.

Un único rayo de luz, extraviado,
vino a tocar al Niño en los cabellos;
y él, sin darse cuenta, respiraba, dormido,
confiado en los brazos de Simeón el fuerte.

El anciano sabía, porque así
le había sido revelado, que no vería las tinieblas
de la muerte, hasta haber conocido al Hijo del Señor.
Ahora sucedía. Y dijo entonces: «Hoy,

cumpliendo la palabra que antaño Tú me diste,
me permites, Señor, marchar en paz:
mis ojos, finalmente, han podido ponerse
en este niño que te confirma; en este niño

que, siendo gloria de Israel, alumbrará
a las tribus idólatras». Tras lo cual
calló el buen anciano y sólo el eco
de sus palabras, aleteando en la techumbre,

persistió unos instantes, con un leve susurro,
bajo las bóvedas del Templo, como un pájaro
que sabe alzar el vuelo y que no sabe

descender de la altura.

 

Todos se sintieron extraños, y el silencio
no era menos insólito que las palabras.
Confundida, María, nada supo decir
ante aquellas extrañas afirmaciones. Y el anciano:

«Este niño que duerme ahora en tus brazos
a unos perderá, salvando a otros;
por él se enfrentarán los hombres en discordia.
El arma que algún día torturará su carne

en tu alma también se hundirá. Y esa herida
te ayudará, María, a comprender
lo que esconden los hombres en lo hondo
de sus pechos».

Concluido el discurso se encaminó a la puerta.
Ambas mujeres, abatidas (por los años la una,
por el pesar la otra), lo contemplaban en silencio.
Menguaba en la distancia su cuerpo —y su sentido—

para entrambas mujeres, al amparo del Templo.
Como ahuyentado por sus miradas
Simeón avanzaba en silencio por la nave vacía,
acercándose al hueco lechoso de la puerta.

Eran sus pasos los de un anciano vigoroso.
Sólo cuando a su espalda resonó la voz
de la muy vieja profetisa se detuvo un momento.
Mas no era él el invocado; eran de Dios

las alabanzas de la profetisa.
La puerta estaba cerca, y el viento ya rozaba
las ropas del anciano, y por delante, más allá de los muros,
se escuchaban tenaces los ruidos de la vida.

Iba a morir, tras empujar la puerta
no se adentró en la calle y su tumulto
sino en el reino sordomudo de la muerte.
Sus pies ya no pisaban la solidez del suelo,

ni percibían sus oídos los sonidos del tiempo.
Y la imagen del Niño, con un halo de luz
en torno a los suaves cabellos
el alma de Simeón llevaba por los senderos de la muerte,

parecido a una antorcha, hacia la negra oscuridad,

iluminando unos parajes que hasta entonces
nadie, con semejante luz, logró encender.
Al paso del anciano el sendero ensanchábase.

16 de febrero de 1972

Cuentos de Navidad

Los cuentos de Navidad funcionan de este modo: una acción, a menudo poco más que una anécdota o un sueño, ocurre sobre el escenario de un drama mayor, la Navidad. Por lo general, el lector conoce el “significado” de la Navidad, pero la anécdota del cuento lo reconduce al “Suceso”. Parece sencillo, pero los cuentos de Navidad comparten su propósito con la teología.

En algunos de estos relatos, como “Cuento de Navidad”, de Dino Buzzati, aparece, de pronto, la poesía:

“Sobre los prados y las hileras de morera, ondeaba Dios, como esperando.”

 

Sobre la Estética de Dietrich von Hildebrand

En este artículo relato algo de Hildebrand Project y su original consideración sobre la cultura.  Pero es simplemente una pista, unas migas de pan, las señas de un camino. Escribir – y comunicar, en general- es una renuncia constante. Alegre renuncia: la verdad. Sería óptimo dar con el enunciado perfecto, que la comprensión sea total. ¿Quién no quisiera hacerse entender del mejor modo sobre algo que considera valioso? En cambio, quien escribe solo propone un acuerdo. En general, espera algo, pero el resultado es otro. Esta posibilidad de imperfección, que nos obliga a la economía, cuando no al silencio, es lo mejor de la escritura. El resultado que tenemos frente a nosotros nos susurra, con el gozo de las calaveras de los escritorios monacales, sic transit gloria mundi.

Noticias sobre El gran enero

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Desde el mes de julio, El gran enero puede comprarse en McNally Jackson Books de New York, en el 52 de Prince Street. También en los Estados Unidos, se lo encuentra en la biblioteca de la Universidad de Steubenville, a 25 minutos de Pittsburgh.

En la Argentina, El gran enero llegó a la Sede Andina de la Universidad Nacional de Río Negro, en la ciudad de San Carlos de Bariloche, y a la Sede Atlántica de la misma institución, en la ciudad de Viedma.

Siguiendo este enlace, el listado completo de librerías con sus direcciones.

Comparto varios enlaces de amigos, escritores y periodistas, a quienes agradezco  que hayan publicado en sus sitios poemas y referencias. Por orden de aparición: 

En el blog de la poeta y editora Griselda García. 

En la Revista Excéntrica, del Centro Cultural de la Cooperación, en Buenos Aires. 

En Rayos y Truenos, el blog del poeta y traductor español, Enrique García-Máiquez. 

En el blog Otra Iglesia es imposible, del poeta y traductor Jorge Aulicino.

En la Revista ViceVersa, una revista sobre la cultura de los hispanohablantes en Manhattan.

Una reseña de El gran enero en el Diario La Prensa de Buenos Aires, por el escritor y periodista Jorge Martínez.

Entrevista de Augusto Munaro, para Diario Los Andes. 

Selección en el blog de la poeta y traductora Silvia Camerotto.

Reseña en el diario La Voz, de Bahía Blanca, mi ciudad natal. 

Continuidad de los parques #Discurso

PF 1

Pasaje de planos de ficción y de enunciado.

Pasaje de planos

Una misma oración entre los dos planos.

PF 2

Segundo plano de ficción y final donde se unen ambos planos en la misma situación enunciativa.

  • Isotopía semántica. 
  • Elementos de lector pasivo. 
  • Indicios de continuidad. 
  • Alusiones metatextuales. 
  • Planos y pasaje de planos. 
  • Cambio de ritmo. De pasividad a tensión. 
  • Pasaje: La puerta del salón. 

Cortázar, J. (1964): “Continuidad de los parques”, en Todos los fuegos el fuego. Buenos Aires: Sudamericana.

Librerías donde encontrar El gran enero

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  • Antígona – Av. Callao 737, Ciudad de Buenos Aires.
  • Arcadia Libros – M. T. de Alvear 1548, Ciudad de Buenos Aires.
  • Biblioteca Nacional – Las Heras 2597, Ciudad de Buenos Aires.
  • Biblioteca Sede Andina, Universidad Nacional de Río Negro – Mitre 630, San Carlos de Bariloche.
  • Biblioteca Sede Atlántica, Universidad Nacional de Río Negro – Av. Don Bosco 500, Ciudad de Viedma.
  • Biblioteca universitaria – 1235 University Blvd, Steubenville, OH 43952, EE. UU.
  • Edipo – Corrientes 1686, Ciudad de Buenos Aires.
  • Eterna Cadencia – Honduras 5574, Ciudad de Buenos Aires.
  • Gambito de alfil – José Bonifacio 1402, Ciudad de Buenos Aires.
  • Hernández – Corrientes 1436 / Corrientes 1311, Ciudad de Buenos Aires.
  • La Masmédula Libros – Alsina 155, local final, Galería Jardín, Ciudad de Bahía Blanca.
  • Librería Alberto Casares – Suipacha 521, Ciudad de Buenos Aires.
  • Librería García Cambeiro – Cochabamba 244, Ciudad de Buenos Aires.
  • Libros del Balcón – Montevideo 846, Ciudad de Buenos Aires.
  • Libros del Pasaje – Thames 1762, Ciudad de Buenos Aires.
  • McNally Jackson Books – 52 Prince Street, New York, EE.UU.
  • Norte – Las Heras 2225, Ciudad de Buenos Aires.
  • Rincón del Anticuario –  Junín 1270, Ciudad de Buenos Aires.
  • Volcán Azul – Achával Rodríguez 244. Galería Barrio. Local 15 y 16, Ciudad de Córdoba.
  • Vórtice Libros – Hipólito Yrigoyen 1970, Ciudad de Buenos Aires.

El país del sur, por Hilaire Belloc

Traducción de poema The South Country de Hilaire Belloc

publicado en la revista Buenos Aires Poetry.

Hilaire Belloc fue un ensayista, historiador y poeta británico. Hijo de madre inglesa y padre francés, nació en La Celle Saint Cloud, en Francia, en 1870, y murió en Guildford, Inglaterra, en 1953. Luego de realizar estudios en Oxford y ser miembro durante un tiempo del ejército francés, recibió en 1902 la ciudadanía británica. Su afecto y compromiso con Francia nunca menguaron: en 1929 publicó su notable biografía de Juana de Arco. Fue amigo íntimo de G. K. Chesterton: a menudo se los llamaba de forma conjunta “la criatura Chester-Belloc”. En la biografía El viejo trueno (2016), el biógrafo Joseph Pierce ubica la publicación de “El país del sur” en 1901, en El libro del Club Horacio, junto con poemas de otros autores. Aparece, sin embargo, una segunda edición en The year’s at the Spring, una antología de 1920 compilada por L. D’O. Walters, donde Belloc publicó dos poemas y donde…

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Dos publicaciones sobre #Discurso

Art FP Cas

En diciembre de 2016 se publicó en Ecuador y España el libro Capitalismo financiero y comunicación, compilado por Francisco Sierra Caballero y Francesco Maniglio. Allí publicamos, junto con Damián Fernández Pedemonte, un capítulo titulado: “Medios de comunicación y crisis económicas: representación discursiva de las audiencias”, basado en una investigación PICTO terminada en 2012.

Revista Complejidad 31

Puede leerse el artículo completo publicado en Revista Complejidad N° 31.