De la Cárcova, un artista entre dos siglos

Publicada en Diario La Prensa. 

Entrevista F Casillo L P

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Imágenes de tierra y vino

Alfonsina es una artista argentina que retrata paisajes y caballos utilizando vino y carbonilla sobre lienzo. 

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¿Es posible conocer la esencia de un pueblo a través de sus creaciones? Esa parece ser la pregunta que acompañó a Alfonsina cuando comenzó a experimentar con el vino como pigmento. “Pintar con vino significa conocer un pueblo a través de sus frutos”, comenta la artista y aclara que la serie Caballos de Paso Peruano es la primera temática que abordó por medio de esta técnica, pero que proyecta otras colecciones referidas a paisajes y personajes rurales.

Alfonsina comenzó a estudiar artes visuales en el Instituto Santa Ana y en el IUNA, y más tarde en el Instituto Da Vinci. “Al mismo tiempo que estudiaba siempre realicé experimentos por mi cuenta. En ese sentido, el artista debe probar una y otra vez sobre qué es lo que desea comunicar y con qué técnica. Eso lleva tiempo e implica un esfuerzo continuo”.

Algunas de las obras de Alfonsina fueron emplazadas en el Parque Nacional Nahuel Huapi, en la Provincia de Río Negro, y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, como fue el Mosaico temático junto a las pinturas de Nora Borges. En diciembre de 2010, Alfonsina recibió el Primer Premio del Bicentenario, otorgado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, por su obra Pesebres, realizada con materiales reciclados.

Pampa mia - Alfonsina

El vino como técnica

La idea de utilizar el vino para pintar surgió a partir de viajes a lo largo de la Argentina. “Mientras viajaba a través de la Patagonia y de la región de Cuyo, especialmente, quería saber más sobre la región y sus habitantes: cómo vivían, cuáles eran sus inquietudes y alegrías”, recuerda Alfonsina y agrega que para los habitantes de las ciudades resulta casi siempre muy difícil responder este tipo de preguntas, por la diferencia en los estilos de vida: “Intenté conocer los productos regionales: las especias con las que cocinaban y sus colores, los aceites, frutos, y las manufacturas y artesanías. Y me di cuenta que a través de estos productos y sus características se podía ver reflejada la esencia de estos pueblos.” Fue entonces cuando descubrió que casi como ningún producto, el vino implicaba tanto la paciencia y el saber de los hombres del lugar como las condiciones de suelo y clima propicias.

Asistente - Alfonsina

Conservación orgánica 

El primer desafío fue la conservación orgánica del vino para que con el paso del tiempo no se degradaran los pigmentos de la pintura. Para desarrollar esta innovadora técnica, realizó una investigación sobre las cualidades de pigmentación y durabilidad, y por medio de conservantes naturales se procedió a optimizar su uso como material pictórico. “El vino es orgánico, por lo tanto tenía que encontrar el modo de conservarlo para que las pinturas no variaran de color con el paso del tiempo y se conservaran”, comenta Alfonsina. Para lograr esta conservación la artista se asesoró con especialistas en química, y finalmente logró una forma natural de preservarlo en dos etapas: por medio de un primer tratamiento se aseguró que el material orgánico no se echara a perder, y en un segundo paso, se logró la invariabilidad del color. “Cada vino es distinto a otro. Varía el azúcar, el alcohol, los taninos y componentes. Entonces, el proceso de preservación variaba de botella a botella”.

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Los caballos del vino

El primer tema que pintó por medio de esta técnica fue la serie Caballos de Paso Peruano. Es esta una raza equina que en la Argentina se cría principalmente en el Norte. La muestra se expuso en 2014 en la Sociedad Rural de Palermo, durante la exposición Nuestros Caballos, y en la Sociedad Rural de Salta para el Concurso Nacional de Caballos de Paso Peruano. 

Con respecto a sus proyectos, Alfonsina explica que la serie de los caballos fue la primera experiencia: “Los caballos fueron siempre una pasión para mí, y retratarlos por medio de esta técnica significó aunar dos motivaciones importantes”. Actualmente, la artista prepara la serie Vinos & Tierras, que consiste en pinturas realizas sobre lienzo con vinos tintos, rosados y blancos, y trazos de grafito. La temática de la obra es eminentemente telúrica y comunica la noble experiencia del cultivo de la vid y la industria bodeguera.

Locutor- Alfonsina

  • ¿Cómo fue tu experiencia artística antes de descubrir esta técnica?

Antes de experimentar con vino pinté por medio de técnicas tradicionales, como óleo, acrílico y también acuarela. Además, realicé diferentes tipos de esculturas, y experimenté por medio de materiales reciclables, como nailon y otros materiales de la industria.

  • ¿Cómo definirías la expresión artística?

Es una búsqueda. Existe siempre una curiosidad anterior, pero a lo largo de la vida de un artista esos pocos temas encuentran diferentes formas. Son distintas maneras de preguntarse acerca de algunas realidades.

Paso Peruano- Alfonsina

Altivo- Alfonsina

Contacto:

 alfonsinarte@gmail.com 

 /Alfonsina del Arte 

La música del misterio

Escuché a Arvo Pärt por unos amigos. Pärt es un músico estonio de 79 años. Inventó el llamado “minimalismo sacro”. Es un hombrecito suave, de barba tupida y cabeza ya calva. Sus ojos azules parecen tristes, pero en realidad son misteriosos. A pesar de hacer una música extrañísima para la época, Pärt es celebrado hoy día en todo el mundo. Curiosamente la música de Pärt fue utilizada en varias películas. Cuando le preguntaron cómo definiría su obra, él dijo que como un “tintineo”, haciendo una alusión técnica al sonido de las campanas.

Si toda obra de arte narra una historia, la música de Pärt transcurre en un bosque oscuro. No demasiado lejos ocurre una guerra, pero más cerca se impone el silencio de la nieve. Hay manchas en el piso. Volverán los remolques y los tanques, como antes fueron y vinieron los trineos. Soldados delgados hablarán una lengua extraña. Ni la vista nublada por el hambre ni sus heladas falanges les impedirán la puntería. Pero ya cae la nieve sobre el bosque. Cae la nieve, como un grito, sobre el mundo, y cubre la sangre, y de nuevo, la música es solamente un bosque.

Duchini: los animales del metal

Comparto parte de la entrevista realizada a la artista Vivianne Duchini, que sobre todo representa animales. Otra técnica, otro inspiración y una concepción de la creatividad. Duchini realiza esculturas de ñandúes, ciervos, pero sobre todo caballos y perros, en múltiples posiciones y situaciones diferentes.

Cuando explica el por qué de esta figuración, responde que desde su infancia le impresionó el mundo animal y a partir de ese conocimiento y de su habilidad innata resulta natural que los representara. Duchini (1962) comenzó sus estudios en la Escuela Prilidiano Pueyrredón, y continuó formándose en los talleres de los maestros Aurelio Macchi, Rubén Locaso y Leo Vinci. Expuso en la Galería Zurbarán de Buenos Aires, entre otras galerías y eventos locales, y en galerías de Chile, Londres y París.

Cabeza Caballo - V. Duchini

“La creatividad para mi es lograr representar una situación vital tridimensionalmente y llevarla hasta sus ultimas consecuencias”, asegura y explica que a partir de la escultura realizada en la Plazoleta de Cerrito y Posadas incursionó más en la síntesis de las figuras. Con respecto a las técnicas y materiales con los que trabaja, desde hace ya 18 años que moldea en cera para las piezas más pequeñas, y en arcilla, las mas grandes. A partir de estos moldes luego se funde en bronce. Finalmente llega una etapa de cincelado y terminación de cada pieza. También trabajó en chapa de hierro batida.
Cerrito y Posadas. Bs As. Four Seasons. V. Duchini
Caballo. V. Duchini

Las edades

El Almuerzo de campesinos- VelázquezLa pintura es de Diego Velázquez, y se llama El almuerzo. El personaje de la derecha, desde la perspectiva del observador, parece indicar con su mano que está todo muy bien, pero en realidad no. Señala con sorna al de atrás, al chico, quien, botella de vino en mano, bromea, juega. El de la izquierda es el viejo. La barba gris en la penumbra. Las cejas arqueadas. Advierte, quizás, que no se juega con la comida. Junto a él, el mantel sucio y el vaso de vino a medio llenar. Comen mejillones, granadas, pan y una zanahoria, que el viejo acaba de morder y sostiene en su mano. Mano campesina, crispada como la frente.

Este óleo de 1617 simboliza las edades del hombre. Niñez, juventud y vejez, las tres edades almorzando frugalmente para seguir con las tareas. ¿Frente a quién almuerzan los hombres? Con quién se sonríe el niño. Ante quién acusa el joven. Frente a quién disimula su cansancio el viejo. Ese lugar, que momentáneamente ocupó Velázquez, quizás haya sido el de una madre.

Un arte misterioso

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El canadiense Michael O’Brian es el autor de El padre Elías, un libro que conquista, por su ritmo, temática y poesía. Fue escrito desde el corazón y depurado con inteligencia. Percibí esto aún antes de leer entrevistas al autor. Un libro inspirado e inspirador. Los fragmentos que siguen son una traducción de una carta de O’Brian – quien también es pintor- a los artistas cristianos. O’Brian demuestra que aunque a contracorriente, la religión es para un artista un terreno de misterio,  inspiración y alabanza, y sobre todo, de donación, donde a pesar de que lo esencial no es el éxito ni siquiera el mismo arte, las formas creativas logran una belleza profundamente humana, y redundan en un magnético atisbo de las realidades sobrenaturales. Alguien que no tenga fe quizás pensará que este es un lenguaje incomprensible, críptico, para seguidores, sin embargo allí está el gran arte sacro como una interrogación permanente, que aún en el siglo XXI elabora una respuesta y un sentido que permanece. Y aunque esto tampoco sea lo verdaderamente crucial, es esta una invitación fascinante que trasciende la caducidad cotidiana y la desesperanza que tan a menudo impregnan el arte contemporáneo.

Un salto adelante importante en mi crecimiento como escritor y pintor se produjo hace varios años cuando me encontré con un pasaje de Santo Tomás de Aquino en la Summa Theologica, en una sección sobre los santos ángeles. Estoy parafraseando, pero en esencia, decía que si una obra de arte tiene como fin glorificar a Dios y avanzar en el Reino, Dios envía un ángel para ayudar con la creación de la obra. Tenemos que pedirle esto a Dios. Él no nos obligará a nada.

Cuando concebí la idea de mi primera novela publicada, El padre Elías, fui a la iglesia parroquial local y consagré el sueño “imposible, no publicable ” a la voluntad de Dios. Recé ante el Santísimo Sacramento todos los días durante los ocho meses que lo escribí. Pregunté a diario al Espíritu Santo y a los ángeles. Por extraño que parezca (aunque no tan extraño en realidad) escribir el libro me resultó sumamente fácil. Por lo general, la escritura es un trabajo duro para mí. La pintura también, aunque no es tan complicado como un medio escrito.

También estoy convencido de que no hay que prestar mucha atención a las actuales normas sociales, tanto en la pintura y la escritura. Las normas culturales modernas están dominadas por una revolución filosófica que tiene la intención de separar lo sagrado de lo humano (quiero decir toda la verdad sobre la humanidad).

Vaya a la fuente misma. Vaya a Cristo y pida todo lo que necesita, pida por el crecimiento en la habilidad, por el espíritu de perseverancia, la fe y el coraje y el amor. Pregunte por un espíritu de discernimiento para encontrar su camino a través de la niebla de nuestros tiempos. Pregunte por la humildad y fidelidad, y por su capacidad para encarnar la verdad en formas hermosas. Ser un siervo de Aquel que es la fuente de toda belleza.

Su tarea será responder a la gracia y crear obras de arte que enriquezcan. Él se encargará del resto, según su santa voluntad.

No se inclinen ante el espíritu de este mundo, no importa cuán benevolente y razonablemente se presente. A través de los años he visto a tantos jóvenes talentosos perder sus dones cuando sucumbieron al escenario del falso éxito. Sus intenciones eran buenas, pero no entendían la naturaleza de esta lucha. Para estudiar son mejores los viejos maestros de todas las artes. Aprende de ellos, humildemente, obediente, sumiso (sub – missio , dentro de la misión). Dostoievski y Bloy y Flannery O’Connor; Rachmaninov y Gorecki y Bach y Eric Genuis; las películas de Andrei Tarkovski y Ermanno Olmi; los iconos de Andrei Rublev y las epifanías post – renacentistas de pintores como Rembrandt y Rouault. La lista es inagotable. Adelante, ¡a explorar!

A un sacerdote amigo mío le gusta decir ‘El Señor es una lámpara a mis pies, no es un reflector iluminando hasta una milla por delante’.

Como la verdad pero no

Temple Run

Dos chicos iban trepando una cuesta empinada. Tenían los pantalones embarrados y las caras rojas por el sol. Caminaban hacía ya más de dos horas, y comenzaban a pisar en falso por el cansancio. No llevaban consigo ningún dispositivo. En esos momentos sus tablets cargaban batería a kilómetros de distancia. Cuando superaron una roca que terminaba en un barranco, uno se detuvo con las manos en la cintura, y le dijo al otro: “Esto es como el Temple Run, ¿viste?”

 El Temple Run es un juego electrónico para dispositivos móviles, y los protagonistas de la anterior anécdota son mis sobrinos. “La fotografía es verdad. Y el cine es una verdad 24 veces por segundo”, dijo, mucho tiempo antes, Jean Luc Godard, y el mundo palmoteó con entusiasmo. Para esta generación, algo que sucede en la pantalla es tan real como el sol que enrojece la piel y las rocas que ampollan las manos. En las pantallas se sufre también. En el futuro quizás hagamos obras de realidad y habitemos en el arte, y los curadores nos dispongan cada día en largas colecciones, por periodos o técnicas.

Las pantallas son como la verdad solo que a veces se les acaba la batería.

La torre de nieve

The tower of snow

Esta escultura de bronce se llama The tower of snow. Estuvo instalada en la plaza del Museo Hermitage, en San Petersburgo, Rusia. La realizó el cubano Enrique Martínez Celaya, físico, fotógrafo, escultor, escritor, pintor, etcétera.

Un discapacitado carga con – desde aquí no se ve- una casa. Como no puede tomarla con las manos la lleva contra el cuello, hecha un nudo en la garganta. Martínez Celaya se inspiró en el éxodo cubano. Él mismo se exilió de la isla cuando tenía ocho años.

Silencio

Cita

“En realidad hay música que no contó nunca con ser oída; es más, que excluye la audición. Así ocurre con un canon a seis voces* de Johann Sebastian Bach, escrito sobre una idea temática de Federico el Grande. Se trata de una composición que no fue escrita ni para la voz humana ni para la de ningún instrumento, concebida al margen de toda realización sensorial, y que de todos modos es música como una pura abstracción. Quién sabe, decía Kretzchmar, si el deseo profundo de la Música es el de no ser oída, ni siquiera vista o tocada, sino percibida y contemplada, de ser ello posible, en un más allá de los sentidos y del alma misma.”

Thomas Mann, en Doctor Faustus

*Das Musikalische Opfer, BWV 1079. 

Pintar música

El otro fin de semana largo retomé el viejo vicio del dibujo y la pintura. Unas cuantas veces al año, esta costumbre despunta contra la prisa, el trabajo y el estudio. También así aprendí a escribir: dibujando. Todavía me acuerdo de las mañanas de domingo, en la ciudad de Bonn, Alemania, donde viví de chica, cuando mi papá ponía música de fondo. Entonces yo, sentada junto a la larga mesa del living, sobre hojas A4, trazaba los personajes de los cuentos que leía. Después pintaba con acuarela y las hojas se doblaban porque no resistían la humedad. Tengo la esperanza de que dibujando y escribiendo, alguna vez, logre hacer música.

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Medio siglo sin Lewis

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En 2013 se cumplen cincuenta años de la muerte de Clives Staples Lewis, o simplemente Jack Lewis o Lewis, para sus contemporáneos. El autor británico murió en noviembre de 1963, en Oxford, a la edad de 65 años. Este aniversario podría significar solamente un dato cultural, si no fuera porque las historias que escribió formaron parte de mi infancia y por ende, me acompañarán toda la vida. 

Cuando tenía ocho años mi hermana me pasó siete libros gastados. Cada tomo de un color. Las tapas blandas, con unos dibujos llamativos de vivos colores. Eran Las crónicas de Narnia. Corría el año 1994, aún faltaba demasiado para que editaran las películas, que a mi modo de ver no le hacen justicia al texto original.

Siempre me ocurre lo mismo, con el tiempo, quizás se me olvidan puntos importantes de las historias que leo, pero lo que sí permanece es la sensación de cómo me hicieron sentir esos libros. Después, descubrí que con las personas sucede en realidad lo mismo. Olvidamos mucho de ellas, pero no olvidamos cómo nos trataron, si nos sonrieron o no, si nos ayudaron, si se explicaron, si nos regalaron su tiempo sin pedir absolutamente nada a cambio.

De Las crónicas recuerdo la casa de un fauno, con suelo de piedra roja, las golosinas que obsequiaba una reina y que en la traducción nombraban como “delicias turcas”. También recuerdo los vestidos de las protagonistas, y los pantalones cortos y las gorras de los varones. Puedo distinguir el exacto olor de una brumosa estación inglesa de trenes. Siempre esperé que mis muchas mascotas soltaran por fin una palabra, y entiendo que los anillos de plástico podrían ser las llaves hacia otros mundos. Acierto a imaginar el sabor de la carne de oso, y no hay vez, cuando veo a las señoras con abrigos de piel durante los inviernos, que no piense en un león, en una bruja y en un ropero.

Mucho tiempo después leí una biografía de Lewis, y vi Shadowlands, Tierra de sombras, la película dirigida por Richard Attenborough en 1993, sobre la vida del escritor (Anthony Hopkins) y de cómo se enamoró de una poeta norteamericana, que finalmente falleció de cáncer. La vida de Lewis no fue un cuento de hadas, aunque seguramente fue maravillosa, y quizás precisamente por eso, porque sufrió enormemente, realizó la hazaña de tantos otros artistas, músicos y escritores: la de producir belleza como una de las formas más nobles de darle sentido al dolor.

*Recomiendo Cartas del Diablo a su sobrino (The Screwtape Letters),  Sorprendido por la alegría, Una pena en observación y La experiencia de la lectura.

Mondongo

MondongoSurgieron durante  los años anteriores a 2001, una época tumultuosa en la historia argentina. Un estilo visual impactante, pequeños significados ocultos en las obras y materiales exóticos, desde panes y salames hasta plastilina y vidrios. Mondongo, integrado por Juliana Lafitte, Manuel Mendanha y Agustina Picasso, una receta local con seguidores en todo el mundo. Por Felicitas Casillo. 

Acá el link con parte de la entrevista que le realizamos al colectivo artístico Mondongo, para Revista Mustique. 

Gymnopédies: 125 años de un redundante encanto

Retrato que pintó Suzanne valadon, pintora impresionista, musa de Satié.

Retrato realizado por Suzanne Valadon, pintora impresionista, musa de Satié.

Este año se cumplen 125 años desde que Erik Satié publicó sus Gymnopédies. Son estas melodías melancólicas y presentan una narración musical repetitiva. Su nombre alude a antiguas danzas griegas. Algunas de ellas las escuchamos hasta el hartazgo en películas o versiones cantadas, sin embargo no pierden por eso su belleza. De lo que he escuchado prefiero Satié en piano y no en orquesta. 

Satié nació en París en 1866, y tuvo una formación fuera de lo común. Luego de componer e interpretar música de cabaret, entró en el conservatorio a los 40 años de edad. Además de sus rondas por los cabaret parisinos, fue compositor oficial y maestro de capilla de la orden Rose Croix Catholique, para la que compuso obras místicas. Más tarde compondría su extraña “Misa para pobres”. fruto de una intensa vida cultural, conoció además a pintores y gran cantidad de músicos contemporáneos, como los también franceses Maurice Ravel, Camille Saint-Saëns y Claude Debussy, entre otros. 

Una de mis piezas favoritas es Gnossienne N°3 para piano, que fue utilizada, entre muchas películas y documentales, en el largometraje argentino Miss Mary, dirigido por María Luisa Bemberg en 1986. El film, más allá de las críticas y el elenco, me parece pesimista y cae en los retratos clichés de una época. Pero es sin duda un logro la escena en que por primera vez Nacha Guevara, “Mecha” en la película, aparece tocando al piano la melodía de Satié mientras su suegra clasifica antiguas fotografías en dos pilones: las que corresponden a familiares vivos y las de parientes difuntos. La escena de la extremadamente rica y melancólica Mecha tocando el piano, que se sucederá a lo largo del film y servirá para separar bloques de acción y recrear la atmósfera de la historia, significa una curiosa relación de espejo, ya que el mismo Satié utilizaba leit motivs en sus repetitivas melodías. 

Al igual que su música, la palabra “Gnossienne” es un misterio: como las piezas no encajaban en ningún estilo, inventó esa designación. 

Internet: una amable galería virtual

Por Felicitas Casillo,  Estudios Sobre Arte y Comunicación, de la Universidad de La Laguna, la Universidad de Alicante y la Universidad de Santiago de Compostela. 

“La palabra escrita me enseñó a escuchar la voz humana,

un poco como las grandes actitudes inmóviles de las estatuas

me enseñaron a apreciar los gestos.

En cambio y posteriormente, la vida me aclaró los libros.”

Marguerite Yourcenar