Edith Stein sobre la obra de arte

Este fragmento de la santa me recordó a la definición aurática de arte de Walter Benjamin. Ambos eran de origen judío, y trataron el tema en la misma época, aunque por motivos diversos: a mediados de la década del treinta, en el caso de Benjamin, en La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica, y en 1942, en el caso de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, año del IV centenario del nacimiento de San Juan de la Cruz y año que coincide con el martirio de Stein en Auschwitz.

Toda obra genuina de arte es además un símbolo, háyalo pretendido o no el artista, tanto si este es naturalista como si es simbolista. Símbolo: es decir, que de la plenitud infinita del sentido con la que tropieza necesariamente todo humano conocimiento, capta algo y lo hace manifiesto y lo expresa: y, por cierto, de tal manera que esa misma plenitud de sentido, inagotable para el conocimiento humano, encontrará en el símbolo una misteriosa resonancia. Así entendido, todo arte  auténtico es una revelación y la creación artística, un servicio santo. A pesar de todo, sigue siendo verdad que en toda creación artística se oculta un peligro y esto no solo cuando el artista no tiene idea de la santidad de su misión. Es el peligro de que se contente con la representación externa de la imagen como si no existieran para él otras exigencias.

Stein, E. (1994). La ciencia de la Cruz. Estudio sobre San Juan de la Cruz. Burgos, España: Editorial Monte Carmelo.

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Feliz cumpleaños, …morisqueta

Oh! it is absurd to have a hard and fast rule about what one should read and what one shouldn’t. More than a half of modern culture depends on what one shouldn’t read.

Algernon, en The importance of being Earnest, de Oscar Wilde.

Hace diez años, un 28 de mayo de 2008, nacía este blog. Empezó como parte de los trabajos prácticos de la cátedra de Marita Grillo, que yo cursaba en ese entonces. A partir de ese momento y con periodicidad variable, fui publicando textos, artículos e imágenes. Este sitio retrata mis olvidos y persistencias.

Si tuviera que eligir el carácter de …morisqueta – ese fue siempre su nombre, con los puntos suspensivos imposibles al comienzo- sería el de un gabinete de curiosidades. Los lectores de esta expresión son un puñado de amigos y alumnos, locales en su mayor parte, pero también algunos en Estados Unidos, España e Italia, más los familiares de la Argentina y Austria. Acaso esa lectura amiga sea el mayor valor de esta página.

…morisqueta tuvo sus momentos de brillo: la invitación de Santiago Alonso al ciclo de sitios de interés cultural del CCC-SADE o su aparición, a instancias de Mario Orsini, en una lista de bitácoras culturales de latinoamérica, propiciada por IguAnalista. Casi siempre, el fasto le fue ajeno y mantuvo su carácter de sumidero discursivo: aquí figuran, en enlaces, artículos, entrevistas e imágenes, todo lo que he escrito dentro y fuera de internet, a excepción de algunas notas publicadas en las revistas del Grupo Keep Rolling. Todos esos “juegos del lenguaje” resuenan todavía en el salón.

Muchos de los visitantes esporádicos de este blog han llegado googleando “cómo se prepara la morisqueta” o cosas por el estilo. Morisqueta es el nombre de una comida filipina, pero morisqueta significa también mueca burlona: “ardid o treta propia de moros”, me sugiere el DRAE. Varias veces me contuve de cambiarle el nombre. Supongo que en el fondo me gusta esta afirmación de desenfado. Escribir un blog es también un modo de aprender algo sobre el silencio.

Por más años de expresión y amistad, entonces. Feliz cumpleaños, …morisqueta.

El sonido de la Resurrección

El 16 de marzo fui al CCK a escuchar la Sinfonía n 2, “Resurrección“, de Gustav Mahler, por la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Gunter Neuhold. En algunas partes, varios músicos salían del escenario y, desde un salón contiguo, tocaban los instrumentos. El efecto es maravilloso: la música suena en diversos planos y aquello oculto que se oye pero no se ve suma dramatismo a la obra. En vano se busca con la mirada dónde está el corno o el platillo que está sonando.

Más tarde busqué información sobre este efecto, usado en más de una obra por Mahler. “Efecto de Antífona, de voces celestiales, nostálgico, misterioso”. Totalmente apropiado al Romanticismo. Hace años, los músicos fuera del escenario veían al director a través del cortinado, hoy día lo ven en una pantalla ubicada en el salón contiguo. La sensación es la de estar frente a un paisaje en el que se trata de adivinar de donde proviene el sonido de alguien que se acerca o de un pájaro que se esconde.

Había dos textos en la Resurrección de Mahler: uno visual y otro sonoro, totalmente dependientes el uno del otro, hasta que, de pronto, aparece la elipsis en el espacio escénico y cobra mayor relevancia el texto sonoro, aunque débil y lejano. Pensé entonces en las ventajas de la música, cuyo soporte es el aire y el tiempo, y en los limitados recursos de la literatura para señalar la simultaneidad de un cuerpo resucitado. El pacto de Mahler con sus oyentes es antiguo: “felices los que creen sin haber visto”.

Tommaso Rangone y Tintoretto #Italia

File:Venezia - Jacopo Sansovino, San Zulian (1555) - Foto Giovanni Dall'Orto, 12-Aug-2007 - 09 - Statua Tommaso Rangone -1554-.jpg

En el frente de la iglesia de San Giuliano, en Venecia, se encuentra una estatua de bronce de Tommaso Rangone. Fue realizada por Jacopo Sansovino, en 1553, y representa a Rangone, filósofo y médico, astrónomo y profeta. Rangone fue un hombre del Renacimiento. En la escultura se lo observa con un escrito y una planta medicinal que él mismo descubrió. Escribió un libro cuyo título fue “Cómo vivir 120 años”.

Nació en Rávena, en agosto de 1493. Pertenecía a una familia burguesa. No se sabe demasiado de sus padres y muy poco de sus primeros maestros. A los veinte años aproximadamente se trasladó a Bolonia, para asistir a cursos de filosofía y medicina. En los años sucesivos, escribió numerosas cartas astrológicas y proféticas. Para 1524 vaticinó un atroz diluvio en el Véneto. La calamidad nunca sucedió, pero Rangone continuó escribiendo sobre metereología.

Tiempo después, gracias a las ganancias del mecenazgo y a sus contactos, compró un palacio en Padua, en el Puente del Molino Gritti, y fundó un colegio para estudiantes pobres de Rávena. La institución, que duró al menos hasta mediados del siglo XVII, proporcionaba alojamiento y comida para los alumnos seleccionados por los párrocos de diferentes iglesias venecianas.

Entre 1553 y 1554, financió la reconstrucción de la iglesia de San Giuliano. La fachada fue diseñada por Sansovino, quien realizó la antes mencionada estatua de bronce de Rangone sentado. En marzo de 1562, el Dogo de Venecia – la máxima autoridad local- Girolamo Priuli lo nombró caballero de San Marcos. Ese mismo año, Rangone contrató a Tintoretto, que en 1566 dio a la escuela de San Marcos tres pinturas (ahora en la Gallerie dell’Accademia de Venecia) que representaban el descubrimiento del cuerpo de San Marcos, el momento en que transportaron el cuerpo y el milagroso rescate del naufragio de un sarraceno que había invocado al santo. Algunas otras pinturas que Tintoretto realizó para Rangone se perdieron.

En 1572 el emperador Maximiliano II lo nombró Conde Palatino, y Rangone dictó un largo testamento, en el que, entre otras cosas, ordenó que su colección de libros, antigüedades e instrumentos astronómicos fueran exhibidas con libre acceso del público. Sus últimas tratados versaban sobre extrañas enfermedades. Murió en Venecia el 10 de septiembre de 1577 y fue sepultado, con una espectacular ceremonia fúnebre organizada por él mismo, en la iglesia de San Giuliano. Rangone vivió 84 años.

Imagen relacionada

El hallazgo del cuerpo de San Marcos, de Tintoretto. 1562.

La traslación del cuerpo de San Marcos, Tintoretto. 1562.

File:Le Tintoret - Saint Marc sauvant un Sarrasin.jpg

San Marco salva a un sarraceno durante un naufragio, Tintoretto. 1562.

 

Fuente:

Nichols, T. (1999), Tintoretto: Tradition and Identity.  London, England: Reaktion Books.

 

“Mi hipótesis de un museo se confirmaba”

En la novela La máquina del tiempo (1895), H. G. Wells imaginó una Inglaterra futura en la que el hombre había alcanzado pleno dominio de la naturaleza sin lograr evitar la crueldad. En medio de un paisaje extraordinario, el viajero del tiempo divisa un palacio imponente pero ruinoso, en cuyo interior encuentra cajas de cristal, vitrinas, frascos y fósiles: típicos objetos de un  gabinete de ciencia del siglo XIX. El escritor no imaginó, por descuido o prudencia, la evolución de los museos en los siglos venideros. En aquel futuro de la novela, la consumación del progreso había hecho innecesaria la memoria. Solamente los morlocks, terroríficas criaturas que poblaban el mundo, anidaban en medio de las ruinas del museo.

El muerto del Carnegie Hall

Hace pocos días, durante una graduación, la profesora que dijo unas palabras a los alumnos recordó “la crítica más corta de la historia”. Yo no conocía la anécdota y me divirtió. Horas más tarde la busqué en internet: “Ayer, en el Carnegie Hall, Jack Benny tocó Mendelssohn. Mendelssohn perdió”, se leía en una edición del NYT de los años cincuenta. Firmaba el famoso crítico musical Harold Schonberg. Jack Benny fue un comediante, actor de vodevil, que también tocaba el violín. Todo esto me recordó otra anécdota sobre el Carnegie, adjudicada a Arthur Rubinstein. Al parecer alguien le preguntó en la calle cómo se llegaba al Carnegie Hall y su respuesta fue: “practique, practique, practique”. Evidentemente, Schonberg no pensaba lo mismo.

A propósito de Crítica, acabo de leer La función de la crítica, del inglés Terry Eagleton. El ensayo, de 1999, describe el nacimiento de la crítica a partir del concepto de Habermas sobre la esfera pública y su evolución. Si en una primera fase del Capitalismo, la  dimensión económica y simbólica estuvieron separadas de forma tajante – de ahí quizás, la distinción marxista al respecto (sistema al cual la visión de Eagleton es en parte tributaria)-, el capitalismo tardío “supera esta radical separación entre lo simbólico y lo económico”. Otros autores comparten esa opinión.

En este contexto, Eagleton sugiere que

La función del crítico contemporáneo es oponerse a ese dominio volviendo a conectar lo simbólico con lo político, comprometiéndose a través del discurso y de la práctica con el proceso mediante el cual las necesidades, intereses y deseos reprimidos puedan asumir las formas culturales que podrían unificarlos en una fuerza política colectiva. La del crítico contemporáneo es, pues, una función tradicional (Eagleton, 1999, p. 126).

Yo comparto con Eagleton lo de “volver a conectar” y lo de la “función tradicional”. En el sentido de que si no se define la cultura desde un nivel interpersonal, la cultura se desdefine. Por eso me gusta la cruda “micro-crítica” de Schonberg, porque conecta a su  lector con los dos artistas – Mendelssohn y, mal que le pese, Benny-. Uno de ellos, el que perdió, estaba muerto en ese entonces. La posibilidad de que un muerto gane o pierda es una buena definición de tradición.

Eagelton, T. (1999). La función de la crítica. Barcelona, España: Paidós.

Imágenes de tierra y vino

Alfonsina es una artista argentina que retrata paisajes y caballos utilizando vino y carbonilla sobre lienzo. 

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¿Es posible conocer la esencia de un pueblo a través de sus creaciones? Esa parece ser la pregunta que acompañó a Alfonsina cuando comenzó a experimentar con el vino como pigmento. “Pintar con vino significa conocer un pueblo a través de sus frutos”, comenta la artista y aclara que la serie Caballos de Paso Peruano es la primera temática que abordó por medio de esta técnica, pero que proyecta otras colecciones referidas a paisajes y personajes rurales.

Alfonsina comenzó a estudiar artes visuales en el Instituto Santa Ana y en el IUNA, y más tarde en el Instituto Da Vinci. “Al mismo tiempo que estudiaba siempre realicé experimentos por mi cuenta. En ese sentido, el artista debe probar una y otra vez sobre qué es lo que desea comunicar y con qué técnica. Eso lleva tiempo e implica un esfuerzo continuo”.

Algunas de las obras de Alfonsina fueron emplazadas en el Parque Nacional Nahuel Huapi, en la Provincia de Río Negro, y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, como fue el Mosaico temático junto a las pinturas de Nora Borges. En diciembre de 2010, Alfonsina recibió el Primer Premio del Bicentenario, otorgado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, por su obra Pesebres, realizada con materiales reciclados.

Pampa mia - Alfonsina

El vino como técnica

La idea de utilizar el vino para pintar surgió a partir de viajes a lo largo de la Argentina. “Mientras viajaba a través de la Patagonia y de la región de Cuyo, especialmente, quería saber más sobre la región y sus habitantes: cómo vivían, cuáles eran sus inquietudes y alegrías”, recuerda Alfonsina y agrega que para los habitantes de las ciudades resulta casi siempre muy difícil responder este tipo de preguntas, por la diferencia en los estilos de vida: “Intenté conocer los productos regionales: las especias con las que cocinaban y sus colores, los aceites, frutos, y las manufacturas y artesanías. Y me di cuenta que a través de estos productos y sus características se podía ver reflejada la esencia de estos pueblos.” Fue entonces cuando descubrió que casi como ningún producto, el vino implicaba tanto la paciencia y el saber de los hombres del lugar como las condiciones de suelo y clima propicias.

Asistente - Alfonsina

Conservación orgánica 

El primer desafío fue la conservación orgánica del vino para que con el paso del tiempo no se degradaran los pigmentos de la pintura. Para desarrollar esta innovadora técnica, realizó una investigación sobre las cualidades de pigmentación y durabilidad, y por medio de conservantes naturales se procedió a optimizar su uso como material pictórico. “El vino es orgánico, por lo tanto tenía que encontrar el modo de conservarlo para que las pinturas no variaran de color con el paso del tiempo y se conservaran”, comenta Alfonsina. Para lograr esta conservación la artista se asesoró con especialistas en química, y finalmente logró una forma natural de preservarlo en dos etapas: por medio de un primer tratamiento se aseguró que el material orgánico no se echara a perder, y en un segundo paso, se logró la invariabilidad del color. “Cada vino es distinto a otro. Varía el azúcar, el alcohol, los taninos y componentes. Entonces, el proceso de preservación variaba de botella a botella”.

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Los caballos del vino

El primer tema que pintó por medio de esta técnica fue la serie Caballos de Paso Peruano. Es esta una raza equina que en la Argentina se cría principalmente en el Norte. La muestra se expuso en 2014 en la Sociedad Rural de Palermo, durante la exposición Nuestros Caballos, y en la Sociedad Rural de Salta para el Concurso Nacional de Caballos de Paso Peruano. 

Con respecto a sus proyectos, Alfonsina explica que la serie de los caballos fue la primera experiencia: “Los caballos fueron siempre una pasión para mí, y retratarlos por medio de esta técnica significó aunar dos motivaciones importantes”. Actualmente, la artista prepara la serie Vinos & Tierras, que consiste en pinturas realizas sobre lienzo con vinos tintos, rosados y blancos, y trazos de grafito. La temática de la obra es eminentemente telúrica y comunica la noble experiencia del cultivo de la vid y la industria bodeguera.

Locutor- Alfonsina

  • ¿Cómo fue tu experiencia artística antes de descubrir esta técnica?

Antes de experimentar con vino pinté por medio de técnicas tradicionales, como óleo, acrílico y también acuarela. Además, realicé diferentes tipos de esculturas, y experimenté por medio de materiales reciclables, como nailon y otros materiales de la industria.

  • ¿Cómo definirías la expresión artística?

Es una búsqueda. Existe siempre una curiosidad anterior, pero a lo largo de la vida de un artista esos pocos temas encuentran diferentes formas. Son distintas maneras de preguntarse acerca de algunas realidades.

Paso Peruano- Alfonsina

Altivo- Alfonsina

Contacto:

 alfonsinarte@gmail.com 

 /Alfonsina del Arte 

La música del misterio

Escuché a Arvo Pärt por unos amigos. Pärt es un músico estonio de 79 años. Inventó el llamado “minimalismo sacro”. Es un hombrecito suave, de barba tupida y cabeza ya calva. Sus ojos azules parecen tristes, pero en realidad son misteriosos. A pesar de hacer una música extrañísima para la época, Pärt es celebrado hoy día en todo el mundo. Curiosamente la música de Pärt fue utilizada en varias películas. Cuando le preguntaron cómo definiría su obra, él dijo que como un “tintineo”, haciendo una alusión técnica al sonido de las campanas.

Si toda obra de arte narra una historia, la música de Pärt transcurre en un bosque oscuro. No demasiado lejos ocurre una guerra, pero más cerca se impone el silencio de la nieve. Hay manchas en el piso. Volverán los remolques y los tanques, como antes fueron y vinieron los trineos. Soldados delgados hablarán una lengua extraña. Ni la vista nublada por el hambre ni sus heladas falanges les impedirán la puntería. Pero ya cae la nieve sobre el bosque. Cae la nieve, como un grito, sobre el mundo, y cubre la sangre, y de nuevo, la música es solamente un bosque.

Duchini: los animales del metal

Comparto parte de la entrevista realizada a la artista Vivianne Duchini, que sobre todo representa animales. Otra técnica, otro inspiración y una concepción de la creatividad. Duchini realiza esculturas de ñandúes, ciervos, pero sobre todo caballos y perros, en múltiples posiciones y situaciones diferentes.

Cuando explica el por qué de esta figuración, responde que desde su infancia le impresionó el mundo animal y a partir de ese conocimiento y de su habilidad innata resulta natural que los representara. Duchini (1962) comenzó sus estudios en la Escuela Prilidiano Pueyrredón, y continuó formándose en los talleres de los maestros Aurelio Macchi, Rubén Locaso y Leo Vinci. Expuso en la Galería Zurbarán de Buenos Aires, entre otras galerías y eventos locales, y en galerías de Chile, Londres y París.

Cabeza Caballo - V. Duchini

“La creatividad para mi es lograr representar una situación vital tridimensionalmente y llevarla hasta sus ultimas consecuencias”, asegura y explica que a partir de la escultura realizada en la Plazoleta de Cerrito y Posadas incursionó más en la síntesis de las figuras. Con respecto a las técnicas y materiales con los que trabaja, desde hace ya 18 años que moldea en cera para las piezas más pequeñas, y en arcilla, las mas grandes. A partir de estos moldes luego se funde en bronce. Finalmente llega una etapa de cincelado y terminación de cada pieza. También trabajó en chapa de hierro batida.
Cerrito y Posadas. Bs As. Four Seasons. V. Duchini
Caballo. V. Duchini

Las edades

El Almuerzo de campesinos- VelázquezLa pintura es de Diego Velázquez, y se llama El almuerzo. El personaje de la derecha, desde la perspectiva del observador, parece indicar con su mano que está todo muy bien, pero en realidad no. Señala con sorna al de atrás, al chico, quien, botella de vino en mano, bromea, juega. El de la izquierda es el viejo. La barba gris en la penumbra. Las cejas arqueadas. Advierte, quizás, que no se juega con la comida. Junto a él, el mantel sucio y el vaso de vino a medio llenar. Comen mejillones, granadas, pan y una zanahoria, que el viejo acaba de morder y sostiene en su mano. Mano campesina, crispada como la frente.

Este óleo de 1617 simboliza las edades del hombre. Niñez, juventud y vejez, las tres edades almorzando frugalmente para seguir con las tareas. ¿Frente a quién almuerzan los hombres? Con quién se sonríe el niño. Ante quién acusa el joven. Frente a quién disimula su cansancio el viejo. Ese lugar, que momentáneamente ocupó Velázquez, quizás haya sido el de una madre.

Un arte misterioso

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El canadiense Michael O’Brian es el autor de El padre Elías, un libro que conquista, por su ritmo, temática y poesía. Fue escrito desde el corazón y depurado con inteligencia. Percibí esto aún antes de leer entrevistas al autor. Un libro inspirado e inspirador. Los fragmentos que siguen son una traducción de una carta de O’Brian – quien también es pintor- a los artistas cristianos. O’Brian demuestra que aunque a contracorriente, la religión es para un artista un terreno de misterio,  inspiración y alabanza, y sobre todo, de donación, donde a pesar de que lo esencial no es el éxito ni siquiera el mismo arte, las formas creativas logran una belleza profundamente humana, y redundan en un magnético atisbo de las realidades sobrenaturales. Alguien que no tenga fe quizás pensará que este es un lenguaje incomprensible, críptico, para seguidores, sin embargo allí está el gran arte sacro como una interrogación permanente, que aún en el siglo XXI elabora una respuesta y un sentido que permanece. Y aunque esto tampoco sea lo verdaderamente crucial, es esta una invitación fascinante que trasciende la caducidad cotidiana y la desesperanza que tan a menudo impregnan el arte contemporáneo.

Un salto adelante importante en mi crecimiento como escritor y pintor se produjo hace varios años cuando me encontré con un pasaje de Santo Tomás de Aquino en la Summa Theologica, en una sección sobre los santos ángeles. Estoy parafraseando, pero en esencia, decía que si una obra de arte tiene como fin glorificar a Dios y avanzar en el Reino, Dios envía un ángel para ayudar con la creación de la obra. Tenemos que pedirle esto a Dios. Él no nos obligará a nada.

Cuando concebí la idea de mi primera novela publicada, El padre Elías, fui a la iglesia parroquial local y consagré el sueño “imposible, no publicable ” a la voluntad de Dios. Recé ante el Santísimo Sacramento todos los días durante los ocho meses que lo escribí. Pregunté a diario al Espíritu Santo y a los ángeles. Por extraño que parezca (aunque no tan extraño en realidad) escribir el libro me resultó sumamente fácil. Por lo general, la escritura es un trabajo duro para mí. La pintura también, aunque no es tan complicado como un medio escrito.

También estoy convencido de que no hay que prestar mucha atención a las actuales normas sociales, tanto en la pintura y la escritura. Las normas culturales modernas están dominadas por una revolución filosófica que tiene la intención de separar lo sagrado de lo humano (quiero decir toda la verdad sobre la humanidad).

Vaya a la fuente misma. Vaya a Cristo y pida todo lo que necesita, pida por el crecimiento en la habilidad, por el espíritu de perseverancia, la fe y el coraje y el amor. Pregunte por un espíritu de discernimiento para encontrar su camino a través de la niebla de nuestros tiempos. Pregunte por la humildad y fidelidad, y por su capacidad para encarnar la verdad en formas hermosas. Ser un siervo de Aquel que es la fuente de toda belleza.

Su tarea será responder a la gracia y crear obras de arte que enriquezcan. Él se encargará del resto, según su santa voluntad.

No se inclinen ante el espíritu de este mundo, no importa cuán benevolente y razonablemente se presente. A través de los años he visto a tantos jóvenes talentosos perder sus dones cuando sucumbieron al escenario del falso éxito. Sus intenciones eran buenas, pero no entendían la naturaleza de esta lucha. Para estudiar son mejores los viejos maestros de todas las artes. Aprende de ellos, humildemente, obediente, sumiso (sub – missio , dentro de la misión). Dostoievski y Bloy y Flannery O’Connor; Rachmaninov y Gorecki y Bach y Eric Genuis; las películas de Andrei Tarkovski y Ermanno Olmi; los iconos de Andrei Rublev y las epifanías post – renacentistas de pintores como Rembrandt y Rouault. La lista es inagotable. Adelante, ¡a explorar!

A un sacerdote amigo mío le gusta decir ‘El Señor es una lámpara a mis pies, no es un reflector iluminando hasta una milla por delante’.

Como la verdad pero no

Temple Run

Dos chicos iban trepando una cuesta empinada. Tenían los pantalones embarrados y las caras rojas por el sol. Caminaban hacía ya más de dos horas, y comenzaban a pisar en falso por el cansancio. No llevaban consigo ningún dispositivo. En esos momentos sus tablets cargaban batería a kilómetros de distancia. Cuando superaron una roca que terminaba en un barranco, uno se detuvo con las manos en la cintura, y le dijo al otro: “Esto es como el Temple Run, ¿viste?”

 El Temple Run es un juego electrónico para dispositivos móviles, y los protagonistas de la anterior anécdota son mis sobrinos. “La fotografía es verdad. Y el cine es una verdad 24 veces por segundo”, dijo, mucho tiempo antes, Jean Luc Godard, y el mundo palmoteó con entusiasmo. Para esta generación, algo que sucede en la pantalla es tan real como el sol que enrojece la piel y las rocas que ampollan las manos. En las pantallas se sufre también. En el futuro quizás hagamos obras de realidad y habitemos en el arte, y los curadores nos dispongan cada día en largas colecciones, por periodos o técnicas.

Las pantallas son como la verdad solo que a veces se les acaba la batería.

La torre de nieve

The tower of snow

Esta escultura de bronce se llama The tower of snow. Estuvo instalada en la plaza del Museo Hermitage, en San Petersburgo, Rusia. La realizó el cubano Enrique Martínez Celaya, físico, fotógrafo, escultor, escritor, pintor, etcétera.

Un discapacitado carga con – desde aquí no se ve- una casa. Como no puede tomarla con las manos la lleva contra el cuello, hecha un nudo en la garganta. Martínez Celaya se inspiró en el éxodo cubano. Él mismo se exilió de la isla cuando tenía ocho años.