T. S. Eliot, la verdad y la comunicación

(…) ¿Y debería entonces presumir?

¿Y cómo debería empezar?

 

¿Diré, que he ido en el crepúsculo a través de estrechas calles

Y observado el humo que se alza de las pipas

De hombres solitarios en mangas de camisa, asomándose por las ventanas?

 

Yo debí haber sido un par de garras rotas

Barrenando el suelo de mares silenciosos.

 

Y la tarde, la noche, ¡duerme tan apacible!

Suavizada por largos dedos,

Dormida… cansada… o finge,

Estirada en el suelo, aquí entre tú y yo.

¿Debería, después del té, los bizcochos y los helados,

Tener la fuerza de forzar el momento hasta su crisis?

Pero aunque he llorado y apresurado, llorado y orado,

Aunque he visto mi cabeza (haciéndose ligeramente calva) traída en una bandeja,

No soy profeta, y aquí no hay gran asunto;

He visto el momento de mi grandeza vacilar,

Y he visto el eterno Lacayo agarrar mi abrigo, y reír disimuladamente,

Y en pocas palabras, tuve miedo.

 

Y hubiese valido la pena, después de todo,

Después de las tasas, la mermelada, el té, entre porcelana,

Entre alguna conversación entre tú y yo,

Hubiese valido la pena,

haber penetrado el asunto con una sonrisa,

Haber comprimido el universo en una bola

Y hacerla rodar hacia alguna pregunta abrumadora,

y decir: “Soy Lázaro, vengo de los muertos,

Vengo a decírtelo todo, todo te lo diré”.

Si uno poniéndose una almohada en su cabeza,

Dijese: “Eso no es lo que quise decir del todo.

No es esto de ninguna manera.”

T. S. Eliot. en La canción de amor de Alfred Prufrock.

Eliot, T. S. (1989). Poesía completa. Traducción: Fernando Vargas. Santo Domingo, República Dominicana: Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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Apuntes sobre comunicación y literatura

P Pic

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