Un negocio de líderes 02/01/2011
Posted by Felicitas Casillo in Artículos, Naturaleza.add a comment
Por Felicitas Casillo, publicado en la revista ADN agua y medioambiente.
Crece el número de países que potabilizan agua marina. Sin embargo, a pesar de los exhaustivos controles, los especialistas de las grandes empresas del sector opinan que siempre existe riesgo ambiental. Son incesantes los esfuerzos por encontrar maneras alternativas de generar agua apta para consumo humano con el mínimo impacto posible.
Las proporciones son contundentes. El 70% de la superficie del planeta está cubierto por agua. De ese total, el 97% es agua salada y se encuentra en los océanos. Del resto, un 3% es agua dulce, un 2%, hielo, y sólo un 1% se encuentra disponible para consumo humano.
Ante este panorama, la posibilidad de desalinizar el agua de mar resulta, al menos, una alternativa interesante. Sin embargo, el proceso no es sencillo, y presenta ciertas dificultades, entre ellas, el daño ambiental y el costo económico.
Durante el último siglo, y en particular durante la última década, el mundo ha sufrido una serie de procesos geográficos y demográficos que tuvieron un impacto dramático en el mundo del agua. Según Ran Kedem, Vicepresidente de la Israel Water Technology Initiative (IWTI), estos cambios fueron provocados por el rápido crecimiento de la población, el traslado a las ciudades, el aumento de consumo de agua per cápita, el calentamiento global, las sequías, la contaminación de las reservas acuíferas y el agotamiento de las reservas, entre otras causas. “Esta situación ha creado la necesidad de que existan grandes inversiones para financiar y gestionar la creciente demanda, pero al mismo tiempo se ha descuidado el mantenimiento de los actuales sistemas”, sostiene Kedem.
El desafío de la sal
Daniel Cohen es el Business Development Manager de Nitron, una compañía radicada en Israel, dedicada desde hace más de quince años al tratamiento del agua y de aguas residuales, al reciclaje y tratamiento de materiales orgánicos y desechos de construcción, y a la producción y suministro de energía y que cuenta entre sus clientes a la empresa nacional de agua de ese país. Según Cohen, “el arte de la desalinización consiste en determinar y combinar las tecnologías disponibles, para optimizar los costos y la calidad de la producción de agua”.
Este tipo de potabilización se convirtió en una solución accesible en aquellos casos en los que no hay disponibilidad de fuentes confiables de agua fresca. Cohen considera que los costos de inversión están lejos de ser la consideración más importante. De hecho, reitera que son los consumos químicos y eléctricos los costos operativos principales.
La principal ventaja de la desalinización consiste en proveer de agua potable a aquellos países que poseen costa marina y que tienen escaso acceso al agua dulce. A pesar de que hoy en día la prioridad en política sobre agua fue darle mayor importancia a las reservas subterráneas, en Estados Unidos, España, Australia, Chipre, los Emiratos Árabes e Israel, ya existen plantas desalinizadoras de agua marina.
Una de las empresas que de forma más exitosa ha implementado la desalinización es Mekorot, la compañía nacional de agua de Israel. Allí existen 31 plantas, principalmente en el sur, y más de tres mil instalaciones diversas a lo largo de todo el territorio del país. La compañía tuvo una primera etapa con respecto a estos tratamientos, desde 1965 a 1978. Durante este período fue construida la primera gran planta desalinizadora, para proveer a la ciudad de Eilat.
Lior Frumkes, VP Business Development de Mekorot, explica que la empresa se desempeña en dos ámbitos, el nacional y el internacional. “Esta compañía es la única en Israel que tiene una experiencia enorme en diferentes ámbitos relacionados con el agua: desalinización, extracción, tratamiento de aguas residuales, entre otros. No sólo nos abocamos a la desalinización, purificamos un 75% de las aguas residuales, y en los próximos tres años, esperamos poder tratar el 90% de las aguas residuales”. Frumkes considera que la desalinización representa un continuo desafío para la compañía, una exigencia de “24 horas” sobre los controles de calidad. “La desalinización puede provenir de aguas marinas o de aguas salobres de extracción; sobre este último campo, Mekorot también tiene vasta experiencia”.
La política de perfeccionamiento que emprendió Mekorot con respecto a los procesos de desalinización la han llevado, desde su creación, a cooperar en diversos proyectos internacionales. En este sentido, la compañía sostiene, incluso a través de su lema, que el negocio del agua es para líderes, por las muchas responsabilidades que implica. Conocimiento, experiencia operacional y soluciones prácticas son algunas de las principales virtudes con las que se define Mekorot. La empresa israelí cuenta con varios proyectos en la Argentina, entre ellos, una planta desalinizadora en la provincia de Río Negro y una planta de filtración en La Plata.
El proceso
El centro del proceso de desalinización está basado en la tecnología de “membrana de ósmosis inversa”. Por medio de esta tecnología se eliminan los llamados sólidos disueltos totales. Si se reducen aproximadamente en un 95% las sales presentes en el agua marina, se obtiene un resultado similar al agua potable común. La ósmosis inversa es un proceso por medio del cual el agua pasa a través de una membrana semipermeable, que retiene las sales. Una forma rápida de conocer la densidad de sales presentes en el agua consiste en medir su conductividad eléctrica.
El pretratamiento es determinante, por ejemplo, para maximizar la limpieza química y el reemplazo de membranas, por lo tanto tiene un impacto directo en el desempeño de la planta.
Existen tantos tipos de membranas como aplicaciones. Varían desde “alto rechazo” hasta “energía ultra baja” o “alto rechazo de boro”. El proceso de ósmosis inversa también puede ser construido con uno o dos pasos, dependiendo de los requerimientos del agua producida y de la temperatura y salinidad del agua marina. En la mayoría de los casos, un paso es suficiente para alcanzar los estándares de agua potable de la Unión Europea, especialmente en cuanto al contenido de boro (1 mg/L). Para alcanzar los rangos de boro de la Organización Mundial de la Salud (0.5mg/L), puede ser necesario un segundo paso, el proceso de remoción de boro.
El dispositivo de recupero de energía es el factor clave que determina los costos eléctricos de la planta. Debe ser cuidadosamente elegido sobre la base de los costos locales de energía y las políticas ambientales. Sobre este punto, Ran Kedem considera que el factor energético es una de las claves del proceso y sostiene que en la actualidad “las empresas del sector deben afrontar un creciente costo de los precios de la energía y la disminución de las fuentes de agua disponibles”.
Los pasos de post tratamiento o de pulido son requeridos para acondicionar el agua luego del proceso de membrana de ósmosis inversa. “La eliminación de salmuera puede ser un problema económico y ambiental en algunas áreas donde la flora y la fauna son sensibles al aumento de la salinidad del agua marina local”, explica Cohen, y agrega: “El proceso de eliminación de salmuera debe ser estudiado, diseñado y construido caso por caso”.
Impacto ambiental
Con respecto al riesgo de contaminación, Frumkes, de Mekorot, reconoce que trabajan continuamente con el Ministerio de Medio Ambiente, por medio del monitoreo digital, entre otras técnicas, para poder prevenir posibles casos contaminantes.
Por su parte, Daniel Cohen admite que si bien la tecnología y perfeccionamiento en la cadena de producción han minimizado el impacto, siempre existen riesgos: “La tasa de consumo de energía es muy alta. Por otro lado, las tasas de recuperación son muy bajas y esto ocasiona la eliminación de grandes cantidades de salmuera, que debe ser ubicada en sitios especiales, donde no vayan a impactar en los recursos medioambientales, ni en la flora y la fauna. Además, por lo general las plantas desalinizadoras toman tierras y playas valiosas”.
Como remate, Ran Kedem considera que la conservación del agua “es una actividad gratuita que resulta importante para disminuir la demanda nociva”, y sostiene que los Gobiernos y las comunidades “pueden y deben desarrollar estrategias de conservación de agua programadas.” Según Kedem, “la capacitación asegura las mejores prácticas profesionales en las empresas, además transmitir y asegurar el know how para el cuidado ambiental”.
Puré de abejas 17/07/2010
Posted by Felicitas Casillo in Literatura.add a comment
Acabo de publicar un pequeño libro de poesías que se llama Puré de abejas. Así se llama una de las poesías incluídas y así se llama el libro. En la página de este blog que se llama “Te tiro letra”, podrás ver la tapa. Se consigue en las librerías que cito abajo. Si sos mi amigo, me lo pedís y te lo regalo.
- Antígona: Corrientes 1555
- Antígona: Las Heras 2597
- Cúspide
- Crack Up: Costa Rica 4767
- Capítulo Dos: Galerías Pacífico
- Hernández: Corrientes 1436
- La cita: Charcas 3315
- Rodríguez: Cabildo 1849 local 4 y 6
- Yenny – El Ateneo
Un quilombo antes era otra cosa 17/12/2009
Posted by Felicitas Casillo in Artículos, Arte, Historia.add a comment
Por Felicitas Casillo, publicado en Revista Quilombo.
La canción del pueblo, por Emilio Pettoruti.
Aunque siga siendo una verdad que se mira de costado, el tango funda su origen en lo afro. Y esto puede verse en la muestra “La historia negra del tango” donde exponen una amplia variedad de documentos que dan cuenta del contexto social en el que se gestó este género musical. La exposición es en el Museo Casa Carlos Gardel (Jean Jaurés 735) y continúa hasta el 21 de mayo.
Esta muestra, a cargo del curador Norberto Pablo Cirio, rescata la relación que tuvo la población negra con el ritmo arrabalero. A través de una selección de instrumentos, artículos, fotos, partituras y demás objetos significativos, el visitante puede apreciar la síntesis que existió entre la cultura local y la afroamericana, especialmente, hacia finales del siglo XIX y principios del XX.
La música esclava
Los historiadores consideran que durante la colonia, los negros representaban un 30 % de la población. La mayoría de ellos trabajaba para las grandes casas de la aristocracia porteña y vivía en los barrios sureños de Monserrat, San Telmo y San Cristóbal. Con el tiempo, este grupo étnico se dispersó e instaló en diferentes puntos de la ciudad y de la provincia. Sin embargo, la última vez que se censó a la población africana en la Argentina fue en 1887, por lo tanto, hoy en día cualquier porcentaje al respecto es incierto. Algunos aventuran que significaría un 3 % de los habitantes del país, pero se espera que el censo 2010 sea el que arroje cifras exactas sobre el tema.
Desde la época colonial, entonces, los negros hicieron música. La mayoría de las veces, esos ritmos eran europeos y los aprendían durante las lecciones que se dictaban a los niños aristócratas. Las casonas del siglo XIX eran amplias pero conectadas, por lo tanto, los acordes que resonaba en los salones llegaban hasta los patios y la cocina, donde los negros fregaban y cocinaban. Después, en los recreos o festejos, reproducían esas melodías, agregándole el tambor y el tono del candombe. Es la forma sonora de entender la vida lo que llevaba a esos pobladores a cantar sus tristezas y alegrías. Extrañamente, ese rasgo expresivo también estuvo en los orígenes del tango.
El empuje del carnaval
El curador Norberto Pablo Cirio, quien trabaja en el Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega”, sostiene a través de los textos que se exhiben en la muestra, que fue hacia 1870 cuando los afroporteños comenzaron a participar en los carnavales. Existían en ese momento dos tipos de comparsas: las que tenían influencias europeas y las de influencia africana. Ya en ese entonces, la cultura europeizante, que terminaría de afianzarse al principio del siglo XX, comenzaba a marcar tendencias. La mayoría se volcaba a los carnavales de tipo europeo, de coloridos arlequines, con máscaras, antifaces y calzas. Se considera que fueron estas comparsas el origen incierto del tango, un nacimiento paulatino y trabajoso, quizás porque aunó poblaciones de diferente procedencia y culturas casi antagónicas. Esta realidad, puede observarse en las excelentes pinturas de arlequines músicos que pintó el artista argentino Emilio Pettoruti (1892-1971).
A pesar de que los géneros musicales hoy en día están diferenciados y se distinguen claramente, en ese entonces y en el contexto invertido del carnaval no era tan así. Los ritmos se fusionaban; instrumentos africanos interpretaban música tradicional europea; voces con acentos extraños cantaban el español, despertándole sonidos a madera, a agua y a selva. Lo mismo ocurrió con la mazurca, el vals y la polca, géneros estos de la música criolla, que al mezclarse generaron una mixtura novedosa y “sui generis”.
Piringundines y quilombos
Los estudiosos del tango fijan el inicio del memorable periodo conocido como “Guardia Vieja” hacia 1897, con la creación del tango “El entrerriano”, compuesto por Rosendo Mendizábal, un afroporteño. A partir de entonces, esta música urbana, llorosa pero fiestera al mismo tiempo, sonó sin descanso en “las casas de baile”, eufemismo decente con el que se denominaba a los piringundines o prostíbulos. Además del baile y de la melodía, eran estos, ámbitos para cultivar amistades emparentadas con el prestigio del compadrito, hecho a base de reyerta y reto. No por nada, a estos locales pronto se los denominó “quilombos”, nombre con el que se denominaba a los prostíbulos por las ruidosas peleas que allí ocurrían.
Entre los más conocidos intérpretes y compositores locales de origen africano se destacaron Alejandro Vilela, “el negro cototo” Almeida, Eusebio Aspiazu, “El mulato” Sinforoso, Dafne Zenon Rolón y Ruperto Leopoldo “el africano” Thompson, entre muchos otros. Dos nombres merecen especial mención: Guillermo Barbieri y José “el negro” Ricardo, quienes además de compositores, fueron guitarristas de Carlos Gardel, incluso Barbieri murió con “el zorzal porteño” en el desafortunado accidente aéreo de Medellín.
Olvido, memoria ingrata
Importantes personalidades tangueras, ya en el siglo XX, han recordado y tratado el tema de las raíces africanas. Sebastián Piana, Cátulo Castillo, Francisco Canaro, Hugo del Carril, Osvaldo Sosa Cordero, León Benarós y Homero Manzi. Sin embargo, la muestra que se exhibe en el Museo Casa Carlos Gardel documenta que existe en la Argentina cierto prejuicio social para contar la historia de la comunidad africana rioplatense. Quizás por ser un ámbito doliente, de personajes relegados, la mayoría de las veces infelices o despechados, el tango sea una de las pocas actividades que perpetuó los aportes de este grupo étnico.
En el caminito 18/11/2009
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¿No ves esa angosta vereda
cubierta de espinos y zarzas?
Esa es la vereda del Bien,
aunque pocos vengan por ella.
¿Y no ves ese ancho camino
que cruza los campos de lirios?
Por él se camina hacia el Vicio,
aunque algunos digan que al Paraíso.
¿Y aquel hermoso sendero,
el que serpentea entre los helechos?
Va al hermoso país de los Elfos,
donde tú y yo esta noche iremos.
“Nuestra capacidad asimilativa no ha tenido par en el mundo” 04/11/2009
Posted by Felicitas Casillo in Artículos, Entrevistas, Literatura.add a comment
Por Felicitas Casillo, publicado en La Prensa Digital

Detrás de su escritorio, Luis Pedro Barcia tipea con dedicación. De vez en vez, vuelve los ojos y comenta sobre los correos electrónicos que le llegan.
“Quieren que dé una conferencia en la Puna”, sonríe y sigue dando detalles de un viaje que realizará dentro de poco al norte argentino.
“El marco es importante”, asegura, justo antes de tomar aire y de lanzarse a explicar la evolución del idioma local con su ineludible tono catedrático. Tono con el que el presidente de la Academia Argentina de Letras enumerará regionalismos, extranjerismos y diferentes dichos de la lengua.
“Ahí se imponen los usos y modalidades”, dice, refiriéndose a los medios de comunicación. Quizás por ese afán de cooperar cada día y con pequeños detalles, Barcia sea uno de esos intelectuales atípicos que saltan, sin ningún remordimiento, desde los clásicos, hasta el idioma que surge día a día de la boca de 36 millones de hablantes.
-¿La independencia política de la Argentina acompañó la independencia idiomática?
-Está muy bien notar eso. Curiosamente el gobierno español primero impuso, a través de un decreto de Carlos V, que debía barrerse con los idiomas indígenas e imponerse el español como la lengua de comercio y contacto cultural. Después, Felipe II sacó dos decretos en contra de ésto, sosteniendo que debían respetarse las lenguas aborígenes. De manera que los franciscanos, los jesuitas los dominicos debían aprender las lenguas originales. Cuando venían los inspectores españoles a las misiones se encontraban con una dificultad, porque no podían hablar con los indios de forma directa. De esa manera dependían de un traductor. Cuando se declara la independencia, para mantener cierta coherencia hispanoamericana, debido a que estaban los proyectos de Miranda, de Bolívar, sobre una patria grande, sobre una gran América, se impone el español como lengua dominante. A partir de entonces, todos los documentos salen en español. De manera que, curiosamente, los movimientos independentistas universalizan el uso del español. Con el movimiento independentista no comenzó una ruptura con la lengua de España.
- Y a partir de la Independencia el idioma local evolucionó.
- Claro, a partir de la Independencia de España, la lengua de La Pampa, por ejemplo, comienza a volverse arcaica, se generan ruralismos que en realidad eran palabras viejas de España, expresiones que quizás se usaban en la península en el siglo VI. Después, a partir de 1860, con la incorporación de la inmigración, el idioma local se mixtura con nuevos aportes. Hemos llegado a tener la mitad de los habitantes de la república extranjeros. Ésto demuestra una capacidad asimilativa de la Nación Argentina que no ha tenido par en el mundo. Hay que tener en cuenta que los dos factores para incorporar a los extranjeros fueron el servicio militar obligatorio y la escuela primaria para los hijos de los inmigrantes, que de esa manera aprendían el idioma.
- ¿Nunca hubo rebeldías en el uso del idioma?
-El siglo XIX comienza con una afirmación de la lengua española como común, pero hubo intentos de separatismo leve. Por ejemplo, un decreto de 1815 prohíbe el uso de la palabra pejerrey, porque en el final contiene la palabra “rey”, que evocaba el gobierno de España. Pero ese decreto no tuvo ningún efecto. Las imposiciones de los gobiernos en el uso de la lengua no tienen demasiada viabilidad. En este caso, seguimos comiendo pejerrey.
- A principio de siglo XIX, ¿ya existían las marcadas diferencias de tonada y dialecto que figuran hoy día en las distintas regiones del país?
- Las tonadas se dieron por el mismo aislamiento de las diferentes regiones del país. Es un tema que se ha estudiado poco, para el bicentenario publicaremos un estudio de tonadas argentinas, porque con la influencia de la televisión y de la radio tienden a unificar la fonética y se van perdiendo las modalidades regionales. Yo creo que con el tiempo ésto lamentablemente se va a ir perdiendo. Las tonadas son partes de la diferencia dentro de la unidad del país. Estas tonadas se fueron generando a través del siglo XIX. Las tres zonas más marcadas con respecto a las tonadas son la Guaranítica, la de Santiago del Estero, por el quichua, y la del Noroeste, sobre todo Salta y Jujuy.
-¿Cuál era el ámbito del que provenía mayor vocabulario?
-Cuando uno va a las Canarias se encuentra con que hay mucho vocabulario que coincide con el argentino, porque antes de llegar a la península los barcos mercantes pasaban por las islas. Las palabras que aparecen en las bitácoras, en los libros de viaje y en las cartas van influyendo de a poco y se afirman. La palabra rancho, por ejemplo, se refiere a la vivienda, pero también rancho se le llamaba al guiso que comían a bordo. Un guiso frío y muy nutritivo. Por eso “rancho a parte” se llamaba cuando alguien se iba a comer sólo. Esa frase, de origen marítimo, se trasladó a la vida cotidiana. Otra es carajo. De ahí viene la costumbre nuestra de “mandar al carajo”, que es el receptáculo del mástil mayor. Ahí mandaban a los marineros a observar, y era un lugar inhóspito. También la palabra travesía, que originalmente es un término marinero.
- ¿En qué medida las lenguas nativas ya habían influido en el español? ¿Hubo en la Argentina un aporte lingüístico de la población negra?
- Los aportes de los aborígenes son muchos. Las lenguas de mayor influenza son el quichua y el guaraní. Del primero tenemos el mate, acococho, que significa llevar a los niños a babucha, y otras. El guaraní dejó muchas palabras de especies de flora y fauna, como yagureté, por ejemplo. La tercera lengua, aunque menos importante, es la mapuche. Pero el mapuche no es de origen argentino, sino chileno: entra en el siglo XIX con Calfulcurá. En realidad los mapuches sometieron a los indios locales, que eran los tehuelches, y tomaron sus tierras. De esta influencia quedaron varias, como choique, laucha. Y la lengua negra claro que hizo su aporte. Dejó por ejemplo la palabra quilombo. Los negros se reunían en barracas y hacer quilombo significaba hacer mucho ruido. Después pasó a llamarse así a los prostíbulos, porque generalmente allí se armaban reyertas. Tamango, batucada, catinga, que era el olor que había en los barcos donde defecaban y orinaba los esclavos, son también de origen africano.
- ¿Siempre hubo una concepción elitista del idioma? ¿Cómo hablaba alguien de clase alta y cómo otro de posición social inferior?
-Siempre las sociedades han marcado distinciones a través de la lengua, que es un factor de diferenciador como el vestido, las comidas, como los lugares de diversión y de playas. Originalmente, en el Río de la Plata, la elite se focalizaba en el Barrio Norte, aunque después fue diluyéndose. Al principio se relacionaba con un nivel letrado y otro iletrado, pero aclaro que ambos son formas de cultura. Esta diferenciación se daba por medio de la invención de palabras y de fonética. Por ejemplo, hablar rápido y con voz nasal era propio del Barrio Norte, donde también surgían términos como petitero o paquete. Y junto a este nivel, está las distintas capas populares, porque no se puede unificar diciendo que hay dos polos. El lenguaje popular se divide en campos. El lunfardo es un tipo de lenguaje, es un léxico popular. Otro campo por ejemplo es el lenguaje de los deportes: el del fútbol, el turf. Otro es el lenguaje de la droga. De modo que no se debe igualar el lenguaje popular con el lunfardo, porque el lunfardo es sólo un tipo.
- En el siglo XX en el país hubo un choque idiomático. Por una lado, la aristocracia y por el otro, los inmigrantes europeos que huían de las guerras. ¿Cómo fue ese encuentro?
- Desde el punto de vista social, hubo distintas posturas. Por ejemplo, la de Miguel Cané que sostenía que debíamos protegernos de la invasión bárbara. En algunos casos, se llega a la xenofobia hacia el inmigrante que era iletrado y que a veces incluso no tenía oficio. Muchos se quedaron en Buenos Aires y la ciudad se transformó en una Babel. Esta imagen, la de una ciudad donde se hablaban todas las lenguas, aparece mucho en los años 30. También había una postura nostálgica, como la de Martiniano Leguizamón, que tiene una especie de añoranza de las antiguas costumbres. Pero otros sí buscaron registrar ese cambio, como Fray Mocho, que realizó un agudo e inteligente trabajo sobre el habla de los inmigrantes. El transcribía las fonéticas y tiene una actitud de simpatía articuladora. La expresión popular “M´hijo el dotor”, que Florencio Sánchez tomó como título para una obra de teatro, refleja la rápida escalada social que hacían los inmigrantes.
- Pero las lenguas extranjeras tuvieron diferentes aportes y cada uno de ellos de distinta importancia.
-Claro, pero sin duda que el aporte más significativo provino del italiano. Hay una anécdota interesante de José Ingenieros: durante un viaje a Italia le cuenta en una carta a Lugones cómo era Nápoles y le dice que era igual a la Boca pero con menos italianos. El idioma italiano se proyectó muchísimo en el español. Sobretodo los dialectos: el genovés, el napolitano. Los franceses también hicieron su aporte, sobre todo en aspectos como la trata de blancas, la moda y las costumbres. Pero los italianos tuvieron una influencia enorme en las comidas, el raviol, la lazaña, la pizza.
- Actualmente existen otras influencias como la oriental, que viene de la mano del campo gastronómico por ejemplo.
- Son pocas las palabras de ese origen que finalmente permanecerán, porque el pueblo no tiene acceso a éso. Sólo repercute en una clase más o menos acomodada. Nunca tendrá la competencia de los italianismos, como pizza o pecheto. – ¿Cuál fue la relación del italiano con el lunfardo? – El lunfardo nace del habla del conventillo, que es un habla mixturada entre el castellano y el italiano. Hay un conjunto enorme de palabras como fachatosta, mina, chau, pibe, que tienen origen italiano. Después, ésas palabras, no sólo permanecieron como lunfardo, sino que pasaron al uso argentino.
- Con respecto a la literatura, ¿cuáles serían los autores argentinos que reflejan el cambio idiomático local a lo largo de la historia argentina?
- En primer lugar, Esteban Echeverría con El Matadero. Casi describe como si fuera una filmación. Otro es un autor desconocido, Luis Pérez, un poeta de corte rosista, que recogió la lengua de los negros, la llamada “bemba”. Que era muy importante porque Rosas había hecho de los negros un sistema de información. Después, Lucio Mansilla, sobre todo en Entre Nos, donde registra la oralidad argentina. Además, Mansilla dictaba, no escribía. Aparece también Fray Mocho, con sus figuras populares, vendedores de escobas, etc. Y por fin Roberto Arlt, que reflejó la oralidad porteña, ciudadana. Pero con respecto a la influencia, hay pocos autores que influyen. El que más influyó en la literatura universal fue Borges. Y de él quedaron algunas palabras con sello borgiano, como laberinto o espejo, pero claro que no eran sus invenciones. Los medios influyen mucho más en el habla que nuestros escritores. Se lee menos de lo que se ve tevé o de lo que se escucha la radio. Ahí se imponen los usos y modalidades.
- ¿Vamos hacia un español neutro?
- Sí, la lengua española avanza hacia una uniformidad, para evitar diferencias comerciales que no permiten vender las telenovelas, por ejemplo. El negocio de los libros, las telenovelas, los diarios en línea. Todo ésto lleva a que la lengua se uniforme y se generen grandes comunidades. Según estudios que se han realizado en México, actualmente, un gran porcentaje es general y hay pequeños toques locales.
- Muchas veces se ha dicho que la Argentina es el más europeo de los países hispanoamericanos. Esa afirmación genera oposición y adhesiones, ¿cómo se relaciona con el idioma?
- Bueno, no hemos tenido grandes culturas locales, como los Mayas en Centroamérica o la cultura Azteca, en México. No hubo construcciones de plazas y ciudades; la producción cultural local era menor. Los Tehuelches, los Pampas fueron desapareciendo, no sólo por la matanza que se practicó, sino por mestizaje. Ésto nos hace diferentes a Perú o Ecuador. Además, nosotros tuvimos más contacto con el Atlántico. Estábamos abiertos a la llegada y al comercio. El trajín del puerto fue permanente. Por eso, esa afirmación es en parte cierta, pero también es verdad que hemos asimilado la cultura extranjera. Una frase de Paul Valéry lo resume: “El león está hecho de cordero digerido”. Se refiere a la capacidad asimilativa. Como el león que asimila al cordero, nuestra cultura ha hecho propios los aportes. Por último, la segunda oleada de inmigración española y de italianos, casi todos latinos, nos volvió a europeizar. Además, nuestros intelectuales viajaron temprano a Europa. Después de conocer el viejo continente, lograron ver con más claridad los rasgos locales. Pero sin duda que hemos asimilado mucho y ésto ha sido en beneficio nuestro.
Cuentos chinos 23/10/2009
Posted by Felicitas Casillo in Bueyes perdidos.add a comment

Volante chino en Buenos Aires. Entiendo sólo la alegría. Y en el extremo inferior, por la zurda, el A4. Vayaunoasaberqué.
El arte como mojón 06/08/2009
Posted by Felicitas Casillo in Arte.add a comment

Sandrogeo Gianferrari nació en Bellinzona, Suiza, hace 60 años. Su obra es un continuo diálogo con la naturaleza: esculpe desde hongos, hasta animales de todo tipo. También es interesante la serie de esculturas en las que refleja la intervención del hombre en el medio. En este caso, Gianferrari dedicó una colección de obras a las señalizaciones alpinas.
Cualquiera que haya recorrido laderas o montes sabrá que el mojón es una forma de agrupar las rocas, una sobre otra, para indicar un camino. Tipo alpino, Sandrogeo reflejó esas pequeñas obras que no se jactan de poseer valor artístico y que realizan pastores, caminantes o guías. Volver arte lo cotidiano, lo útil, el utensilio, domesticar a la bestia.

Arriba, la obra de Sandrogeo. Abajo, en Craveggia, al norte de Italia, mojón que señala antiguos baños, actualmente, usados por una comunidad hippie.
El otro mapa de la gripe 31/07/2009
Posted by Felicitas Casillo in Literatura.add a comment
Ya se sabe: suspendieron las clases y casi, casi que también suspenden el trabajo. Porque aunque el diario no cerró – si los medios cerraban, se entiende: terminaba la gripe-, sí que corrió el rumor. Pero al final, no.
Sólamente pusieron en el baño de la redacción un aspersor con alcohol diluido. “Baño de damas”, escribió alguna sobre el frasco, como para que a ninguno se le ocurriera llevárselo para el baño de al lado. “Lávese las manos antes de escribir” no hubiera estado mal. Más allá de eso: sobreviví.
Y saldé alguna que otra deuda que tenía con la lectura. Viendo ahora las portadas, me pregunto qué ideas podrán germinar de todo esto. Digo, libros + libros + gripe, no sé qué puede dar de resultado. Lo de que el orden de los factores no altera, no sé. Quizás al producto no lo altere. Al lector, calculo que sí. 



El hombre que ríe bajo el puente 10/07/2009
Posted by Felicitas Casillo in Arte.add a comment

Apareció bajo el puente ferroviario de Elcano y Crámer, contra uno de los muros repletos de publicidades despellejadas. Lo firma un tal Carajo, creo. La letra es extraña y el nombre no se lee muy bien. Arriba, a la derecha: Rey Manta, una banda de rock y blues.
Me llamó la atención la irregularidad del rostro. Generalmente, los stencil presentan los colores en planos lisos, porque la textura la aporta el material del muro y visualmente resulta más efectiva la mancha de color.
En este caso, primero se cubrió la pared con pintura verde lima y después se aplicó un molde texturado de gran tamaño. Funcionó: el rostro de este hombre es difícil de no ver. Mientras no lo cubran los afiches publicitarios, seguirá riéndose bajo el puente de Elcano.
Las luces del gringo 07/07/2009
Posted by Felicitas Casillo in Artículos, Arte.1 comment so far



Georg Miciu nació en Bludenz, Austria, en 1946. Tres años después, por la actividad diplomática del padre de Georg, la familia se radicó en la Argentina.
Su primer contacto con el arte estuvo ligado a la música, sin embargo, a los 18 años abandonó los estudios en el conservatorio de La Plata para dedicarse a la pintura. Entonces, comenzó a realizar sus prácticas en el parque Pereyra Iraola.
Después de viajar por los países limítrofes y por la Patagonia, Miciu comenzó a retratar nuetros paisajes y cultura. Hoy vive junto a su familia en San Martín de los Andes, donde también tiene su taller.
Sus pinturas son muchas veces extrañas, aunque de enorme belleza. Se podría decir que Miciu relata nuestros paisajes con acento extrajero. Asombrado por la luz y las atmósferas, nos muestra de otra manera lo que ya conocemos.
“Tenemos un arte del primer mundo” 14/05/2009
Posted by Felicitas Casillo in Artículos, Arte, Entrevistas.add a comment
Ignacio Gutiérrez Zaldívar creó la Galería Zurbarán hace más de treinta años. Se define como coleccionista y promotor de arte. Sostiene que en la Argentina no hay una identidad artística y que las exposiciones locales son un privilegio.
Corpulento, rozagante, de palabras que le acuden a la boca con sonido suave pero ritmo generoso. Fuma con la parsimonia de un monje, y no se limita, interroga, remata, curiosea. Confiesa que para él es una obligación espiritual desarrollar los talentos, y asegura que sus padres le dieron una buena educación, pero que no eran ricos.
En uno de los pasillos de la Galería Zurbarán, Ignacio Gutiérrez Zaldívar tiene sobre su escritorio todo lo necesario. Pilas de investigaciones, varias libros y revistas, una computadora modesta, y ahí nomás, en las paredes, las pinturas de arlequines, de gauchos y de malones, de bucólicos paisajes cordobeses y de puertos cargados de sombras y reflejos.
─ ¿Cómo se relaciona la historia del arte argentino con la historia social y política del país?
─ Se parece, sin duda. En todas partes pasa lo mismo. No puede ser que los artistas anden por un camino y por otro lado ande el arte. La única ventaja que tienen nuestros artistas es que al no tener las presiones de venta y de éxito que pueden tener los del primer mundo, la creación es más serena, no tan presionada. Por eso tenemos un arte del primer mundo y desagraciadamente nuestro país cada vez está más cerca del tercer mundo.
─ Pero también por la distancia, a los artistas argentinos les resulta difícil llegar al gran circuito de galerías como las de Londres o Nueva York.
─ Sí, pero eso es totalmente diferente. Hay que diferenciar lo que es el valor de la creación con el precio de la creación. Vos podés tener una obra de gran valor y de bajo precio o al revés. Todas esas son las armas del mercado, de la promoción. Pero si hay algo en lo que se destaca la Argentina es en cuanto al nivel de sus artistas.
─ Para que sean realmente reconocidos, ¿tienen que trabajar afuera?
─ Sí, sí, para el reconocimiento internacional, sí. El mejor ejemplo es el artista más importante que ha dado la Argentina. Se llama Lucio Fontana, nacido en Rosario, considerado uno de los cincuenta artistas más importantes del siglo XX. Los argentinos no lo conocen ni de nombre. Algunas de sus obras se vendieron en veinte millones de dólares, y no hay ningún otro artista local que se haya vendido en un millón, salvo algún Pettorutti. (Se ríe entre dientes.) Pero exponer en Londres o en New York no te va a hacer mejor, nadie te lo puede garantizar. Si sos bueno, lo sos a pesar de ser o no conocido.
─ Con respecto al arte, ¿también somos los más europeos de América Latina?
─ Sin ninguna duda. Hasta 1900 o 1910 eran más los españoles e italianos que los que eran argentinos. Por eso se dice que no tenemos raíces, sino que todos bajamos de un barco. Y es la realidad: hasta el día de hoy, dos siglos después de haber nacido, todavía estamos buscando la identidad. Los peruanos, los mexicanos: otro asunto. Tienen cincuenta siglos de historia.
─ ¿Cuál sería, entonces, un artista genuinamente argentino?
─ Bueno, no. Yo siempre hablo del arte de los argentinos, porque sostengo que no tenemos una identidad artística. ¿Por qué este artista es argentino? Porque yo te lo digo. Porque no hay nada que te lo señale además de eso.
─ ¿Tampoco la temática?
─ Tampoco. Porque entonces cualquier obra de tango o de gauchos tiene que ser argentina, y no es así. Los gauchos de Quirós, por ejemplo, podrían haber sido pintados por un francés o un italiano. Es muy difícil afirmar que un pintor tiene identidad argentina. Prefiero decir que hay un arte de los argentinos. Pero así como nosotros no nos diferenciamos étnicamente de los europeos, no hay que exigirle eso al arte. Tener un bagaje amplio, hace que te juzguen por la calidad de tu obra y no por dónde naciste.
─ ¿Qué opina del arte contemporáneo de la Argentina?
─ Es muy bueno pero han cambiado mucho las circunstancias. Hace un siglo, nuestros artistas tenían que viajar a Europa, era la signatura permanente. Hoy tenés Internet, nada es novedoso. Información on line, las 24 horas. Cuando yo veo en las revistas algún artista que presuntamente es original, casi siempre hay alguno que hace años viene haciendo eso. Intentar ser original en arte es una actitud que puede ser positiva, pero que en el fondo es inútil. Porque el artista tiene que crear lo que siente: el arte es la exteriorización del sentimiento de una persona. Está más allá de si te parecés a alguien o no. Por eso declararte autodidacta es una gran mentira. Podés decir que no tuviste profesores, pero has visto tanto, tenés tanta información…
─ ¿El artista nace o se hace?
─ Es genético. Es como que lo llevás en el gen. Lo digo con dolor. A mí, que me gusta el esfuerzo, la excelencia, decir una cosa así, pero si no tenés el gen de artista… Se manifiesta desde que son chiquitos, mientras otros jugaban con muñecas y soldaditos de plomo, ellos estaban dibujando, copiando de las revistas, de los cuadros.
─ Usted fundó la Academia Argentina de Gastronomía. En la actualidad, ¿la estética y el arte también se asientan en diversos terrenos como la gastronomía o la enología?
─ En realidad, la cocina siempre ha sido artística. Ocurre que ahora tiene una difusión que antes no tenía. Leonardo Da Vinci tenía un restaurante con Botticelli en Florencia. Como empresario era malo, se fundió. Porque prefería decorar los platos antes que ofrecer cantidad de comida, que era lo que querían los florentinos. Hoy hay una tremenda difusión. Antes no se te ocurría que iba a existir un ranking de los mejores cocineros y una guía Michelin. No era lógico.
─ ¿Se puede unir el concepto de negocio con el de arte?
─ (Se ríe.) La gente me dice que cómo puedo convivir con un cuadro de campo y una escultura de vanguardia, y a mí lo que me interesa es el arte. Por sobre todo. No diferencio si el arte es joven, si es moderno, si es vanguardia. Simplemente aquello que a mí me emociona es aquello que yo expongo o promociono. Por que soy… bueno promocionando lo que me gusta. Y sería pésimo promocionando lo que no me gusta.
─ Más allá de su trabajo, ¿qué opina de la gestión del arte en la Argentina?
─ Es maravillosa. En primer lugar, este es un país donde el concepto de disfrutar del arte es gratuito. Hoy en Buenos Aires podés ver cien exposiciones y no pagar un centavo, y en el cincuenta por ciento de los casos te regalan el catálogo. Eso no pasa en ningún lugar del mundo. Pasarte una mañana en Florencia viendo museos te sale cien euros para empezar a charlar. Dos: ¿en qué país del mundo va medio millón de personas a ver una exposición como fueron a las de Quinquela o la de Soldi en el Palais de Glace?
─ ¿Por qué es tan indispensable el arte para los argentinos, qué significa?
─ Bueno, creo que eso también depende de la promoción. No es que seamos especiales: evidentemente ha habido una buena promoción y una buena aceptación. Se trata de ir cautivando a las personas para que visiten los museos. Siempre les digo a los empleados que la galería es como el living de sus casas, y tiene que estar más linda que el living de sus casas. De eso se trata, de darle a los demás lo mejor.
─ ¿El arte es de todos o de los que lo aprecian?
─ Es de todos. ¿Qué es apreciar? Yo no miro ni ópera ni ballet, tampoco me gustan los autos, pero no quiere decir que no reconozca sus cualidades y su estética. El arte es hecho por todos y es parte de todos.
La risa del vampiro 16/12/2008
Posted by Felicitas Casillo in Artículos, Arte, Entrevistas.1 comment so far
Tiene tan sólo 32 años y en el diario La Nación publica todos los días “Tutelandia”, “Batu”, y una página en la revista de los domingos. Confiesa que el humor lo lleva en las entrañas y que odia las moralejas. Es fanático del fútbol y dice que Borges fue “el tipo fundamental” a la hora de inspirarse y descubrir nuevos mundos.

Tute se viste de negro o el negro se viste de Tute. Y no sorprenden sus ojeras cuando dice: “me gusta mucho la noche, así que… Soy noctámbulo y disfruto del silencio que durante el día no hay”.
Afuera los rugidos de colectivos retumban en los vidrios y en las paredes viejas. Él cruza las manos sobre las rodillas. La voz suave. La mirada renegrida y calma.
Para Matias Loiseau, como se llama realmente el humorista, trabajar siempre significó empuñar los lápices: su papá es el reconocido Caloi, y la mamá tenía un taller artístico en el fondo de la casa. Nació en José Mármol, un barrio del gran Buenos Aires, donde en las calles tranquilas y en los potreritos siempre había tiempo para un fulbito.
Una de sus grandes pasiones: el fútbol. Reconoce que es la única manera de que le den ganas de correr. La cita es los martes, con amigos. No puede faltar un partidito por semana. Se sabe gallina, pero ya hace mucho que no va a la cancha. “Es algo que… que… es sagrado, el fútbol”. Quizá sea ese amor por la gambeta y el tiro al arco, lo que lo llevó a admirar a Fontanarrosa, quien escribió el prólogo de su reciente primer libro.
Pero Tute no es fácil de embanderar. Él mismo se reconoce un ecléctico sin remedio. Y así como gusta de patear pelotas, reconoce que Borges fue “el tipo más fundamental” en la búsqueda de mundos e inspiración. “Me hizo tomar conciencia de la cantidad de puertas que existían y que yo no había abierto.” Por lo bajo, confiesa que todavía muchas de esas puertas siguen sin abrir.

Le pregunto si hay algún tema sobre el que nunca haría humor. Se ríe: no le interesan los políticos de turno porque son pasajeros. Prefiere el humor universal y atemporal, ese que se puede leer durante años porque no envejece. Se da el lujo de ser profundo y de cotidianizar temas como la soledad o el paso del tiempo.
Algo le sacude la mirada cuando habla de ella. El nombre de su hija le llena la boca: Dorotea. Me cuenta que está durmiendo la siesta y, bajando la voz, confiesa: “a mi primer corto le puse ‘El Ángel de Dorotea’… Curiosamente, el personaje que se llama Dorotea es una abuelita… y mi hija estaba naciendo”. Pero no se reconoce como un familiero. Casero, sí. Y en su casa y durante el silencio de la noche trabaja sobre el enorme escritorio de madera, donde descansan sus personajes, entintados, a medio gestar.
Hace ya quince años que vive en San Telmo: “me gustan las veredas, la arquitectura, la perspectiva de las calles y me gusta también el… no sé… el tufito a nostalgia”. No es difícil imaginar a los protagonistas de sus tiras deambulando por aquellas veredas como si fueran otras viñetas. “No dudaré un segundo en vacilar toda la vida”, decía uno de ellos, estampado en blanco y negro, sobre un papel de diario que llegaría miles de personas. Apenas unos segundos de fama y ya habría muerto.
El flash de la cámara de fotos ni lo sobresalta, apenas una sonrisita que le crece las comisuras de los labios. “Hay una mirada que tengo, fatalmente es así”, justifica después de contarme que admira profundamente las ironías. “Es un humor que disfruto mucho”, pero agrega rápidamente que adora la variedad: el humor poético, el tierno, el humor contradictorio y por supuesto, el humor negro.
Tute ante todo es un gran admirador, y el aire se llena de nombres: “Quino, el Negro Fontanarrosa, Copy, Rec… mi viejo, también. Es tan larga la lista”. Mientras tanto, en un rincón del escritorio hay una pila de bocetos donde yacen criaturas, que las imprentas todavía no dieron a luz. Hay algunas con un aire mafaldesco; otras lucen la nariz alargada de Clemente, el famoso personaje que creo el papá de Tute.

En el prólogo de su libro, escrito por Fonatanarrosa, el Negro se preguntaba: “¿hasta dónde piensa llegar este miserable?” Cuando escucha aquellas palabras, Tute larga una carcajada ronca. Enseguida me dice: “voy detrás de mis deseos”, y enumera los muchos proyectos que tiene. “Hay uno que lo tengo reservado para la vejez: pintar cuadros”, murmura bajito, con cara de no poder esperar hasta que le lleguen las canas: “me encanta, pero requiere de otro ritmo”, y prefiere esperar.
Afuera los edificios altos se tragan la luz de la tarde; Tute parece poder subsistir perfectamente en la oscuridad. Inclinado sobre el escritorio, con una lámpara amarillenta a su lado, pasará la noche boceteando vidas, que correrán por los periódicos durante los días siguientes y entre las manos de desprevenidos lectores, sembraran una duda y escaparán.
Más dibujos, más humor en la página web de Tute:





