El papel, protagonista en el Malba 24/08/2011
Posted by Felicitas Casillo in Artículos, Arte, Historia.trackback
Por Felicitas Casillo, publicado en Diario Tiempo de otros Tiempos.
El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires cumple sus primeros diez años. Los festejos incluyeron la muestra Papeles modernos. De Toulouse-Lautrec a Picasso, que pudo disfrutarse en los meses de marzo, abril y mayo. Una exhibición para detener la mirada en los trazos y detalles.
Líneas que conforman rostros, cuerpos, expresiones: labios, narices y ojos. Lo realmente maravilloso de la muestra con la que el Malba abrió el año es que la mayoría de los dibujos y bocetos están incompletos. Muestran el proceso creativo anterior a la obra de arte: el ensayo, la prueba y el error que sustentan la genialidad. Aunque no todas las piezas sirvieron de pre experiemento, si un concepto se evidencia en la muestra del Malba es esta exploración sobre papel de los detalles, líneas y proporciones de los cuerpos.
El nombre de la exposición es Papeles modernos. De Toulouse-Lautrec a Picasso, y además de las obras de los dos artistas que dan nombre a la muestra, se exhiben dibujos y grabados de Honoré Daumier, Carlo Carrà, José Gutiérrez Solana, Federico García Lorca y Giorgio de Chirico, Amedeo Modigliani, Marc Chagall, André Lhote, James Ensor, Georges Rouault, Henri Matisse, Pablo Picasso, Käthe Kollwitz, Georges Braque y Paul Klee, entre otros. Papeles modernos incluye una selección de 85 obras sobre papel, pertenecientes a la Colección del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA).
Sobre papel
Organizada como parte de los festejos por los primeros diez años de Malba, el objetivo de la exposición es poner en valor una parte de las obras sobre papel de la escuela europea del MNBA —que no han sido exhibidas en conjunto por más de tres décadas— y destacar la importancia del papel como soporte de la producción de los artistas modernos de los siglos XIX y XX.
“Desde tiempos lejanos, el papel ha sido el gran compañero de los artistas. De él se valen tanto para esbozar la primera idea de una obra como para presentarlo, muchas veces, como elemento fundamental de una pieza definitiva, convirtiéndolo en protagonista”, explicó Ángel Navarro, curador de la exposición.
La muestra se organiza en siete núcleos temáticos: los estudios (bocetos y esbozos), los desnudos, la figura individual y los grupos, los retratos, la elocuencia de la imagen (emblemas y alegorías), los paisajes urbanos y el papel como medio de difusión.
Se trata de dibujos realizados con grafito, acuarela, aguada, témpera, tiza, carbonilla y otros materiales, y grabados en técnicas tan variadas como la xilografía, el aguafuerte, aguatinta, la punta seca o la litografía. Igual de diversos resultan los tipos de papel —tanto artesanal como industrial— y soportes utilizados, entre los que se encuentran el cartón, el papel entelado, la madera y la tela.
Los artistas utilizan el dibujo de diversas maneras: como boceto, por ejemplo, o en estudios parciales en los que observan cómo resolver un detalle complicado, una pose difícil o los problemas que pueden presentar una o varias figuras de esa nueva obra. Sin embargo, también existen dibujos independientes que los artistas hacen libremente, dedicados a diferentes temas o géneros que no están relacionados con obras en proceso de realización. “Son trabajos que surgen como exploración, experimentación o búsqueda de determinados temas, estudios libres que eventualmente podrían ser usados en una obra futura. También pueden ser dibujos que documentan la pieza que un artista produce, y que éste guarda en su taller”, explica Navarro.
Además de los dibujos, los artistas modernos contaron con el grabado, una técnica que se usó para reproducir la obra con fines de divulgación, pero que también fue utilizada para producir obras independientes. “Muchas de las piezas que aquí se exponen tienen que ver con esta situación, aunque en algunos casos provienen de series que se realizaron como obra independiente y de gran importancia”, sostiene Navarro. Tal es el caso de los grabados de Georges Rouault (1871-1858) presentes en la exposición, que pertenecen a la serie monumental que publicó en 1948 bajo el título Miserere, en la que contempla las trágicas consecuencias de la guerra y la miseria. Son éstas imágenes oscuras, de anchos contornos negros, que comunican la tristeza de esa etapa.
De esta manera, el papel se convirtió en el soporte fundamental de los dibujos y grabados de los artistas modernos, al que recurrieron libremente según sus necesidades expresivas.
La pelirroja de Toulouse
Con Henri de Toulouse-Lautrec (1864–1901), se acrecienta el rol del papel como material expresivo. Entre 1891 y 1901, el artista francés confeccionó una treintena de afiches en los que se anunciaban los artistas de los clubes nocturnos parisinos, que se destacan por su resolución de color, su composición y la representación cálida, humana y sensual de los personajes.
Algunos de estos afiches pueden verse en esta muestra. Este es el caso de Divan Japonais, donde se observa a una elegante parisina con cabellos anaranjados, sombrero emplumado y un vestido negro que resalta su estilizada figura. Detrás de ella, un caballero de barba rubia la observa o escucha con atención la música. Más allá de estas dos figuras centrales, aparecen los instrumentos: chelos y violas. La fiesta está a pocos pasos de la elegante parisina que se interpone ante el espectador. Ella sin embargo, pierde la mirada en el extremo izquierdo de la imagen y descansa el abanico sobre la mesa en la que dejó su copa. Esto es Divan Japonais.
Observar el grabado desde lejos, en una de las paredes del Malba, y acercarse paso a paso es casi una ceremonia. Ya más cerca del papel, podrán verse las texturas de la tinta, la modulación efectiva del negro y el dinamismo de las manchas que difuminan el fondo. El visitante imagina entonces y reconstruye la imagen de una ciudad perdida, una París de cabaret y suburbios, en cuyas paredes lucieron alguna vez los avisos de Toulouse- Lautrec.
La inocencia de Matisse
A su vez, en los dibujos de Henri Matisse (1869-1954), la línea protagoniza la imagen y apela a la valoración del fondo, donde el papel aparece sin ningún tratamiento. Este es el caso uno de los dibujos exhibidos: el rostro de una niña de parpados rasgados, ojos claros, con marcadas pupilas, nariz larga y recta, boca tenue y cabellos sobre la frente. Con una media sonrisa, la niña del dibujo observa hacia el extremo superior derecho. ¿Quién será?, ¿habrá existido alguna vez?, ¿cuál será su nombre?, son estas preguntas perfectas, porque nunca conoceremos respuestas certeras. La única pista, que no dice más de lo que ya vemos, es el título del dibujo, “Fillette”, que significa “chica”.
Tres mujeres para Picasso
Para Pablo Picasso (1881-1973), el dibujo también fue una práctica cotidiana, utilizada no sólo como apoyo para la preparación de sus obras. Pero además del dibujo, Picasso también hizo del grabado otro medio de expresión de gran importancia, como puede verse en Tres desnudos de pie y estudios de cabezas, de 1927, presente en la exposición.
En esta pieza se aprecian tres figuras de pie, dos enfrentadas y una central que observa hacia el punto donde está el espectador. Las tres son mujeres, y parecen conversar sobre algún asunto de cierta seriedad. La figura central asume un rol conciliador y apoya sus brazos en los hombros de las otras dos figuras.
Un halo de sombra las rodea, sin embargo, partes de sus cuerpos aparecen despojadas de cualquier línea: son aquellas zonas a las que llega la luz. Picasso realizó las siluetas intercalando una serie de rayas finas, entrecruzadas de tal manera que conforman un cuadriculado. En la otra mitad del papel, el artista español ensayó rostros jóvenes, exceptuando uno solo: un hombre barbudo y desalineado. Los otros nueve rostros son casi aniñados y rozagantes.
La España eterna de García Lorca
En el caso de Federico García Lorca (1898-1936), el papel fue un soporte fundamental para mostrar otra faceta de su personalidad artística, tal como lo demuestra su pequeño Paisaje, realizado en la hoja de un cuaderno de notas, presente en la exposición.
“La tarde equivocada se vistió de frío. Detrás de los cristales, turbios, todos los niños, ven convertirse en pájaros un árbol amarillo”, escribió Federico García Lorca en uno de sus poemas, también llamado Paisaje.
La muestra del Malba incluye un dibujo del poeta, en tinta marrón. Los trazos de Federico no se ven como las experimentadas líneas de Daumier o de Picasso. Sin embargo, este dibujo se identifica plenamente con el acento hispánico de todas sus poesías. “La tarde está tendida a lo largo del río.
Y un rubor de manzana tiembla en los tejadillos”, seguía el poeta. Sin dudas, su España natal, la obsesión por calles empedradas, fuentes, aljibes, tejados y amores, se reflejan no solo en su poesía, sino que también están presentes en sus dibujos.
El terror, según Ensor
Al belga James Ensor se lo identifica usualmente con el expresionismo y el surrealismo. Sus dibujos, grabados y pinturas recuerdan por sus atmósferas misteriosas y tenebrosas a los cuentos de Edgar Allan Poe. De hecho, el grabado realizado por medio de aguafuerte con punta seca, de 1904, Les péchés capitaux dominés par la Mort, que significaría Los pecados capitales dominados por la muerte, grafica lo espeluznante, el terror y el infierno. En este caso Madame la Mort, ícono de representación clásico a lo largo de la historia del arte, no es una bella mujer, sino un esqueleto alado, cuya calavera desdentada rige sobre los siete rostros que representan cada uno de los siete pecados capitales: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia. El observador se pregunta qué pecado representará cada uno de esos perturbados rostros.
Los aficionados de Daumier
Les amateurs d’estampes realizado por medio de tinta y aguada sobre papel muestra a dos coleccionistas de estampillas que miran con atención algunos de los ejemplares que atesoran en un gran álbum. La luz entra por el lado izquierdo de la imagen, aunque las sombras ocupan más del cuarto superior izquierdo. Este efecto de claridad superficial y oscuridad de fondo confiere una acabada sensación de profundidad. En el frente, los dos coleccionistas. Ancianos con bigotes y calvicies, en la oscuridad del cuarto, evalúan el valor de tal o cual estampilla. Aunque no se observa ni pipas ni cigarros, los dos cuerpos están rodeados de líneas ascendentes que se asemejan a lentas volutas de humo.
Esta pieza del caricaturista, pintor, dibujante y escultor francés Honoré Daumier atrapa las tranquilas horas de estos dos personajes, que nos provocan similares preguntas a la Fillete de Matisse.
El origen de la colección
En Argentina, entre fines del siglo XIX y la primera mitad del XX, un gran número de coleccionistas se interesó por las obras sobre papel. “La preferencia por la obra sobre papel visible en el coleccionismo activo durante la primera mitad del siglo XX no marcaba simplemente la elección de un soporte físico, sino la predilección por un modelo visual singular. Buenos Aires mostraba una cultura del papel que en el campo artístico se manifestaba a través del gusto por los grabados y dibujos”, escribe Marcelo Pacheco, curador en jefe de Malba, en el ensayo Papeles europeos modernos, colecciones y coleccionistas porteños, incluido en el catálogo de la exposición.
Sin embargo, aclara que es difícil arriesgar una hipótesis acerca de sus preferencias. “En algunos podría pensarse en el factor económico como determinante. La obra sobre papel tenía un valor de mercado mucho más accesible que la pintura. Sin embargo, no es un argumento válido para todos los conjuntos;
es más, se muestra aplicable sólo a una minoría. (…) Las colecciones no se presentaban como el resultado de la falta de medios, sino como gestos de valoración del papel en sus más diversas manifestaciones. Sus decisiones destacaban el privilegio expresivo y conceptual del dibujo como huellas de ideas que traza el hacer artístico”, afirma Pacheco.
El curador destaca que “resulta interesante comprobar cómo en Italia, país donde se generaron movimientos vanguardistas en la primera mitad del siglo XX, las formas tradicionales del dibujo siguen siendo utilizadas por los artistas”. Esto puede observarse en varios de los trabajos que se incluyen en esta exposición: Estudio para una adoración de los pastores, de Felice Carena (1879-1966); Pareja (1943), de Carlo Carrà (1881-1966) –uno de los fundadores del movimiento futurista y mentor, junto con Giorgio de Chirico, de la pintura metafísica–, y Pensativa, de Felice Casorati (1883-1963).
“En el heterogéneo conjunto proveniente de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes, compuesto con artistas extranjeros, debe señalarse que muchos fueron los que abrieron caminos en los planteos plásticos y técnicos, facilitando la multiplicidad de expresiones que el arte de nuestros días nos brinda. Si exceptuamos el inmenso campo que hoy presenta el arte virtual, en la mayoría de sus expresiones el papel sigue desempeñando un lugar muy importante”, concluye Navarro.






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