En el caminito 18/11/2009
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¿No ves esa angosta vereda
cubierta de espinos y zarzas?
Esa es la vereda del Bien,
aunque pocos vengan por ella.
¿Y no ves ese ancho camino
que cruza los campos de lirios?
Por él se camina hacia el Vicio,
aunque algunos digan que al Paraíso.
¿Y aquel hermoso sendero,
el que serpentea entre los helechos?
Va al hermoso país de los Elfos,
donde tú y yo esta noche iremos.
“Nuestra capacidad asimilativa no ha tenido par en el mundo” 04/11/2009
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Por Felicitas Casillo, publicado en La Prensa Digital

Detrás de su escritorio, Luis Pedro Barcia tipea con dedicación. De vez en vez, vuelve los ojos y comenta sobre los correos electrónicos que le llegan.
“Quieren que dé una conferencia en la Puna”, sonríe y sigue dando detalles de un viaje que realizará dentro de poco al norte argentino.
“El marco es importante”, asegura, justo antes de tomar aire y de lanzarse a explicar la evolución del idioma local con su ineludible tono catedrático. Tono con el que el presidente de la Academia Argentina de Letras enumerará regionalismos, extranjerismos y diferentes dichos de la lengua.
“Ahí se imponen los usos y modalidades”, dice, refiriéndose a los medios de comunicación. Quizás por ese afán de cooperar cada día y con pequeños detalles, Barcia sea uno de esos intelectuales atípicos que saltan, sin ningún remordimiento, desde los clásicos, hasta el idioma que surge día a día de la boca de 36 millones de hablantes.
-¿La independencia política de la Argentina acompañó la independencia idiomática?
-Está muy bien notar eso. Curiosamente el gobierno español primero impuso, a través de un decreto de Carlos V, que debía barrerse con los idiomas indígenas e imponerse el español como la lengua de comercio y contacto cultural. Después, Felipe II sacó dos decretos en contra de ésto, sosteniendo que debían respetarse las lenguas aborígenes. De manera que los franciscanos, los jesuitas los dominicos debían aprender las lenguas originales. Cuando venían los inspectores españoles a las misiones se encontraban con una dificultad, porque no podían hablar con los indios de forma directa. De esa manera dependían de un traductor. Cuando se declara la independencia, para mantener cierta coherencia hispanoamericana, debido a que estaban los proyectos de Miranda, de Bolívar, sobre una patria grande, sobre una gran América, se impone el español como lengua dominante. A partir de entonces, todos los documentos salen en español. De manera que, curiosamente, los movimientos independentistas universalizan el uso del español. Con el movimiento independentista no comenzó una ruptura con la lengua de España.
- Y a partir de la Independencia el idioma local evolucionó.
- Claro, a partir de la Independencia de España, la lengua de La Pampa, por ejemplo, comienza a volverse arcaica, se generan ruralismos que en realidad eran palabras viejas de España, expresiones que quizás se usaban en la península en el siglo VI. Después, a partir de 1860, con la incorporación de la inmigración, el idioma local se mixtura con nuevos aportes. Hemos llegado a tener la mitad de los habitantes de la república extranjeros. Ésto demuestra una capacidad asimilativa de la Nación Argentina que no ha tenido par en el mundo. Hay que tener en cuenta que los dos factores para incorporar a los extranjeros fueron el servicio militar obligatorio y la escuela primaria para los hijos de los inmigrantes, que de esa manera aprendían el idioma.
- ¿Nunca hubo rebeldías en el uso del idioma?
-El siglo XIX comienza con una afirmación de la lengua española como común, pero hubo intentos de separatismo leve. Por ejemplo, un decreto de 1815 prohíbe el uso de la palabra pejerrey, porque en el final contiene la palabra “rey”, que evocaba el gobierno de España. Pero ese decreto no tuvo ningún efecto. Las imposiciones de los gobiernos en el uso de la lengua no tienen demasiada viabilidad. En este caso, seguimos comiendo pejerrey.
- A principio de siglo XIX, ¿ya existían las marcadas diferencias de tonada y dialecto que figuran hoy día en las distintas regiones del país?
- Las tonadas se dieron por el mismo aislamiento de las diferentes regiones del país. Es un tema que se ha estudiado poco, para el bicentenario publicaremos un estudio de tonadas argentinas, porque con la influencia de la televisión y de la radio tienden a unificar la fonética y se van perdiendo las modalidades regionales. Yo creo que con el tiempo ésto lamentablemente se va a ir perdiendo. Las tonadas son partes de la diferencia dentro de la unidad del país. Estas tonadas se fueron generando a través del siglo XIX. Las tres zonas más marcadas con respecto a las tonadas son la Guaranítica, la de Santiago del Estero, por el quichua, y la del Noroeste, sobre todo Salta y Jujuy.
-¿Cuál era el ámbito del que provenía mayor vocabulario?
-Cuando uno va a las Canarias se encuentra con que hay mucho vocabulario que coincide con el argentino, porque antes de llegar a la península los barcos mercantes pasaban por las islas. Las palabras que aparecen en las bitácoras, en los libros de viaje y en las cartas van influyendo de a poco y se afirman. La palabra rancho, por ejemplo, se refiere a la vivienda, pero también rancho se le llamaba al guiso que comían a bordo. Un guiso frío y muy nutritivo. Por eso “rancho a parte” se llamaba cuando alguien se iba a comer sólo. Esa frase, de origen marítimo, se trasladó a la vida cotidiana. Otra es carajo. De ahí viene la costumbre nuestra de “mandar al carajo”, que es el receptáculo del mástil mayor. Ahí mandaban a los marineros a observar, y era un lugar inhóspito. También la palabra travesía, que originalmente es un término marinero.
- ¿En qué medida las lenguas nativas ya habían influido en el español? ¿Hubo en la Argentina un aporte lingüístico de la población negra?
- Los aportes de los aborígenes son muchos. Las lenguas de mayor influenza son el quichua y el guaraní. Del primero tenemos el mate, acococho, que significa llevar a los niños a babucha, y otras. El guaraní dejó muchas palabras de especies de flora y fauna, como yagureté, por ejemplo. La tercera lengua, aunque menos importante, es la mapuche. Pero el mapuche no es de origen argentino, sino chileno: entra en el siglo XIX con Calfulcurá. En realidad los mapuches sometieron a los indios locales, que eran los tehuelches, y tomaron sus tierras. De esta influencia quedaron varias, como choique, laucha. Y la lengua negra claro que hizo su aporte. Dejó por ejemplo la palabra quilombo. Los negros se reunían en barracas y hacer quilombo significaba hacer mucho ruido. Después pasó a llamarse así a los prostíbulos, porque generalmente allí se armaban reyertas. Tamango, batucada, catinga, que era el olor que había en los barcos donde defecaban y orinaba los esclavos, son también de origen africano.
- ¿Siempre hubo una concepción elitista del idioma? ¿Cómo hablaba alguien de clase alta y cómo otro de posición social inferior?
-Siempre las sociedades han marcado distinciones a través de la lengua, que es un factor de diferenciador como el vestido, las comidas, como los lugares de diversión y de playas. Originalmente, en el Río de la Plata, la elite se focalizaba en el Barrio Norte, aunque después fue diluyéndose. Al principio se relacionaba con un nivel letrado y otro iletrado, pero aclaro que ambos son formas de cultura. Esta diferenciación se daba por medio de la invención de palabras y de fonética. Por ejemplo, hablar rápido y con voz nasal era propio del Barrio Norte, donde también surgían términos como petitero o paquete. Y junto a este nivel, está las distintas capas populares, porque no se puede unificar diciendo que hay dos polos. El lenguaje popular se divide en campos. El lunfardo es un tipo de lenguaje, es un léxico popular. Otro campo por ejemplo es el lenguaje de los deportes: el del fútbol, el turf. Otro es el lenguaje de la droga. De modo que no se debe igualar el lenguaje popular con el lunfardo, porque el lunfardo es sólo un tipo.
- En el siglo XX en el país hubo un choque idiomático. Por una lado, la aristocracia y por el otro, los inmigrantes europeos que huían de las guerras. ¿Cómo fue ese encuentro?
- Desde el punto de vista social, hubo distintas posturas. Por ejemplo, la de Miguel Cané que sostenía que debíamos protegernos de la invasión bárbara. En algunos casos, se llega a la xenofobia hacia el inmigrante que era iletrado y que a veces incluso no tenía oficio. Muchos se quedaron en Buenos Aires y la ciudad se transformó en una Babel. Esta imagen, la de una ciudad donde se hablaban todas las lenguas, aparece mucho en los años 30. También había una postura nostálgica, como la de Martiniano Leguizamón, que tiene una especie de añoranza de las antiguas costumbres. Pero otros sí buscaron registrar ese cambio, como Fray Mocho, que realizó un agudo e inteligente trabajo sobre el habla de los inmigrantes. El transcribía las fonéticas y tiene una actitud de simpatía articuladora. La expresión popular “M´hijo el dotor”, que Florencio Sánchez tomó como título para una obra de teatro, refleja la rápida escalada social que hacían los inmigrantes.
- Pero las lenguas extranjeras tuvieron diferentes aportes y cada uno de ellos de distinta importancia.
-Claro, pero sin duda que el aporte más significativo provino del italiano. Hay una anécdota interesante de José Ingenieros: durante un viaje a Italia le cuenta en una carta a Lugones cómo era Nápoles y le dice que era igual a la Boca pero con menos italianos. El idioma italiano se proyectó muchísimo en el español. Sobretodo los dialectos: el genovés, el napolitano. Los franceses también hicieron su aporte, sobre todo en aspectos como la trata de blancas, la moda y las costumbres. Pero los italianos tuvieron una influencia enorme en las comidas, el raviol, la lazaña, la pizza.
- Actualmente existen otras influencias como la oriental, que viene de la mano del campo gastronómico por ejemplo.
- Son pocas las palabras de ese origen que finalmente permanecerán, porque el pueblo no tiene acceso a éso. Sólo repercute en una clase más o menos acomodada. Nunca tendrá la competencia de los italianismos, como pizza o pecheto. – ¿Cuál fue la relación del italiano con el lunfardo? – El lunfardo nace del habla del conventillo, que es un habla mixturada entre el castellano y el italiano. Hay un conjunto enorme de palabras como fachatosta, mina, chau, pibe, que tienen origen italiano. Después, ésas palabras, no sólo permanecieron como lunfardo, sino que pasaron al uso argentino.
- Con respecto a la literatura, ¿cuáles serían los autores argentinos que reflejan el cambio idiomático local a lo largo de la historia argentina?
- En primer lugar, Esteban Echeverría con El Matadero. Casi describe como si fuera una filmación. Otro es un autor desconocido, Luis Pérez, un poeta de corte rosista, que recogió la lengua de los negros, la llamada “bemba”. Que era muy importante porque Rosas había hecho de los negros un sistema de información. Después, Lucio Mansilla, sobre todo en Entre Nos, donde registra la oralidad argentina. Además, Mansilla dictaba, no escribía. Aparece también Fray Mocho, con sus figuras populares, vendedores de escobas, etc. Y por fin Roberto Arlt, que reflejó la oralidad porteña, ciudadana. Pero con respecto a la influencia, hay pocos autores que influyen. El que más influyó en la literatura universal fue Borges. Y de él quedaron algunas palabras con sello borgiano, como laberinto o espejo, pero claro que no eran sus invenciones. Los medios influyen mucho más en el habla que nuestros escritores. Se lee menos de lo que se ve tevé o de lo que se escucha la radio. Ahí se imponen los usos y modalidades.
- ¿Vamos hacia un español neutro?
- Sí, la lengua española avanza hacia una uniformidad, para evitar diferencias comerciales que no permiten vender las telenovelas, por ejemplo. El negocio de los libros, las telenovelas, los diarios en línea. Todo ésto lleva a que la lengua se uniforme y se generen grandes comunidades. Según estudios que se han realizado en México, actualmente, un gran porcentaje es general y hay pequeños toques locales.
- Muchas veces se ha dicho que la Argentina es el más europeo de los países hispanoamericanos. Esa afirmación genera oposición y adhesiones, ¿cómo se relaciona con el idioma?
- Bueno, no hemos tenido grandes culturas locales, como los Mayas en Centroamérica o la cultura Azteca, en México. No hubo construcciones de plazas y ciudades; la producción cultural local era menor. Los Tehuelches, los Pampas fueron desapareciendo, no sólo por la matanza que se practicó, sino por mestizaje. Ésto nos hace diferentes a Perú o Ecuador. Además, nosotros tuvimos más contacto con el Atlántico. Estábamos abiertos a la llegada y al comercio. El trajín del puerto fue permanente. Por eso, esa afirmación es en parte cierta, pero también es verdad que hemos asimilado la cultura extranjera. Una frase de Paul Valéry lo resume: “El león está hecho de cordero digerido”. Se refiere a la capacidad asimilativa. Como el león que asimila al cordero, nuestra cultura ha hecho propios los aportes. Por último, la segunda oleada de inmigración española y de italianos, casi todos latinos, nos volvió a europeizar. Además, nuestros intelectuales viajaron temprano a Europa. Después de conocer el viejo continente, lograron ver con más claridad los rasgos locales. Pero sin duda que hemos asimilado mucho y ésto ha sido en beneficio nuestro.
